Los niños de Lilith (Parte XII)


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—No debimos haber vuelto a este lugar maldito. —Es lo que dijo Jonathan al estar frente a los límites de Caricao. El horror y la incertidumbre imperaban su mente. La revelación de un supuesto libro que los ayudaría a frenar toda esa locura lo puso dudoso y más discrepante a continuar.

—Hermana Agatha yo confío mucho en usted, y quiero ayudarla, pero hacer esto no tiene sentido. No sé a dónde quiere llegar, la noche parece eterna, el frío no se va y, el aroma a muerte en el aire sigue latente, estoy empezando a pensar que nuestro destino es morir aquí, ya me siento resignado.

La monja miró al agente con tristeza y puso su mano en el hombro del afligido hombre, abatido por agudos y negativos pensamientos. Trató de calmarlo con energías altivas de seguir adelante, pero parecía que no funcionaba.

—Quiero irme a casa Hermana, estoy cansado. Quiero ver a mi esposa, a mi hija, quiero estar con ellas compartiendo, pasando la noche juntos viendo una película en la habitación los tres. Ya no aguanto más esto, siento que no hay salida, no hay… ¡nada!, solo hay oscuridad.

Jonathan se puso de rodillas y apretó su cabeza con las manos ahogado por la desesperanza. La Hermana Agatha se abalanzó a él, angustiada, sentía que perdía al único hombre que podía ayudarla a terminar con todo ese infierno y librarla de la maldición que pesaba sobre ella.

Sintió pena por el pobre hombre, y trató de darle su optimismo de seguir, pero su negatividad era más contagiosa y empezó a considerar una tranquila muerte que detenga el dolor. No sabía en realidad como iba a sacarlos de esa situación, ni dónde empezar a buscar el dichoso libro.

Pero una voz que parecía venir de la nada tomó la atención de los infortunados protagonistas, cambiando la situación y el ánimo de ambos.

—No entren a Caricao, los estarán esperando a ambos…

Era un niño, piel morena y ojos hundidos y negros. Vestía de rojo usando una capucha de edredón grueso, y por su aspecto, parecía que hubiera pasado mucho tiempo en un lugar aislado y sucio.

—Hermana Agatha sé que me conoce, soy Damián, el hijo del Jaime Fuentes, aunque no pueda hablar, sé que sus ojos muestran sorpresa al verme.

El niño era muy extraño, hablaba de una manera particular, como un adulto. La Hermana Agatha lo miraba sorprendida y Jonathan no se quedaba atrás. El agente se puso firme y lo enfrentó, apartó a la monja hacia atrás puesto que no confiaba en él. Luego comenzó a hablarle haciéndole preguntas sobre las cosas que les depararían.

—¿Qué va a pasarnos si nos adentramos a Caricao? ¡Habla niño! —Vociferó Jonathan furioso contra aquél niño cómplice de aquella hecatombe.

—Solo me dirigiré a la Hermana Agatha, puesto que ella le afecta más está situación. Hermana, sé lo que busca y sé porque ha perdido el habla. El ritual aún no ha culminado y hasta que eso no suceda usted no volverá a ser la misma.

—¿De qué estás hablando? —Dijo Jonathan sorprendido, con un poco menos de ira y asustado.

—Hablo de que, la Hermana Agatha fue elegida para cumplir el destino que nosotros hemos estado esperando desde que tenemos memoria.

—¿Qué destino es ese? ¿Quién los dirige a ustedes? —Gritaba Jonathan, dando pequeños pasos hacia adelante.

—Los Lilims… —Dijo el niño con voz serena, refiriéndose a aquella palabra como la más terrible de todas. —Ellos son los hijos de nuestra señora, susurran en nuestros oídos y nos han estado preparando para este día, el día en que el hijo del padre de la perdición será traído a este mundo este mundo, el Anticristo…

Tanto Jonathan como la Hermana Agatha revelaron ojos desorbitados por la sorpresa y el pánico, se miraron las caras por un rato corto, hasta que Jonathan miró de nuevo al niño y le hizo otra pregunta.

—¿Por qué quieren a la Hermana Agatha? —Esta vez Jonathan preguntó con la voz un poco baja pero trémula ante aquella circunstancia.

—Ella y nuestra señora serán una sola, y engendrarán junto con el príncipe de las tinieblas al Anticristo, se hará todo de manera natural… pero yo no quiero más esto, vine a ayudarlos, a advertirles y también, a entregarles esto.

El niño metió su mano dentro de su sucia capucha de edredón y sacó un libro, lo dejó al descubierto a la vista de ambos y tanto Jonathan como la Hermana Agatha vieron el símbolo en él.

—Este libro contiene todo lo que deben saber sobre nuestro culto, los Lilims y Lilith, no les dirá como detener el fatídico destino que se aproxima, pero al menos les dará una idea sobre a lo que se enfrentarán. Sé que la Hermana Agatha buscaba este libro porque lo había visto en el convento de aquí de Caricao, y si lo buscaba, significa que algún uso quería darle.

El niño colocó el libro en el suelo, miró a la desdichada pareja y luego se alejó, perdiéndose de la vista de ambos dentro de la espesa niebla de Caricao. Jonathan caminó hacia el libro y lo tomó. La Hermana Agatha se dirigió hacia él y ambos se miraron. El siguiente paso a proseguir requeriría de inteligencia y valentía por parte de ambos.

Continuará…

 


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Relato y prosa poética [Reflexión]

Muchos usamos estilos que nos caractericen y que nos hagan sentir cómodos al momento de escribir, desde un lenguaje prosaico tecnicista, hasta el embellecimiento de un lenguaje romántico como base de nuestros trabajos. Creamos toda una red de pasadizos a mundos paralelos sacados de nuestra imaginación.

Esta vez, voy a hablar sobre el relato y la prosa poética, puntualizaré porque la gente piensa que son diferentes y porque debe haber una etiqueta en cuanto a su clasificación, para mí, es algo que no tiene sentido, así que vamos a ir desenvolviendo esta reflexión hasta llegar a una conclusión.

 

El relato

 
El relato es la expresión que se utiliza para narrar historias, se emplea de manera escrita u oral. En el encontramos dos maneras de expresar el lenguaje, como lo son: La prosa y el verso. La selección de cualquiera de estas dos manifestaciones literarias depende de las influencias externas del escritor, se puede usar el verso para escribir un relato, al igual que se puede utilizar la prosa para escribir un poema.

¿Cuál es la característica principal de un relato?

 

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Los relatos narran hechos, situaciones, personas que viven esos hechos, entre otras cosas. Ya sea en modo ficticio o real, los relatos o cuentos tienen un fin, ya sea dejar una reflexión moral o ética, o simplemente deleitar a los lectores con historias maravillosas que hacen volar la imaginación.

La literatura en sí aún sigue siendo un estandarte para el entretenimiento, pese a que vivimos en un mundo cada vez más visual (cine, tv, documentales, etc.), en donde leer se ha convertido en una actividad cada vez más escasa, pero no diría que es la dirección hacia un final, sino más bien, a un resurgimiento y reincorporación, puesto que la literatura vuelve a tener una posición privilegiada en otros aspectos.

 

¿Cuál es la finalidad de un relato?

 
Eso depende, los autores pueden utilizar esta forma de expresión con muchos fines. Los escritores de fábulas o cuentos por ejemplo, los utilizan para enseñar una moraleja, ya sea en terreno escabroso o trágico, como maravilloso, para así poder alimentar el buen juicio del lector.

La finalidad en sí (en mi humilde opinión) es la de entretener y aprender, ya que los seres humanos necesitamos apartarnos de la rutina que nos mantiene distraídos y adentrarnos en mundos maravillosos que hagan volar nuestra imaginación.

 

¿Y entonces la prosa poética que finalidad tiene?

 
Vamos para allá…

La prosa poética no tiene mucha diferencia de un relato, pueden trabajar juntos sin ninguna inconveniencia, aunque la prosa poética (como toda poesía con todos sus elementos), se centra en los sentimientos transmitidos en la escritura. Esto significa que, si el relato se centra en hechos, situaciones y personajes, la poesía se centra en los sentimientos que emanan estos personajes o el propio narrador que ha escrito el poema.

 

¿Entonces la prosa poética es ejemplar para escribir relatos?

 

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¡Por supuesto que sí!

Quizás haya personas que sean subliminales ante esto y crean que la prosa poética no es ideal para el relato, ya que, el relato debería ser simple y entendible al momento de leer, y la prosa poética es bastante ruda, al emplear un uso extremo de adjetivos y metáforas que hacen pesada la lectura.

Este argumento es completamente falso, puesto que, existen relatos o cuentos realizados en prosa poética y son muy ricos en lectura (claro que aquellos que apenas estén incursionando ese tipo de lecturas es recomendable mantener un diccionario al lado)

 

Cualquier forma de expresión o género literario es hermoso

 
Concluyo de esta manera que no hay que enredarnos tratando de etiquetar las cosas, ya que nuestra forma de ver el mundo y de expresarnos es libre. Lo hacemos a nuestra manera y cuando vemos que todo es un desastre, o no van las cosas como queremos, tenemos el don del análisis y el de la reflexión, que nos ayudarán a aprender y a corregir nuestros errores.

Hay que dejar que la imaginación vuele, no hay que permitir que nuestras críticas hacia las cosas o hacia nosotros mismos nos detengan. Si eres poeta y amas los relatos, y utilizas ese toque en ambas formas de expresión literaria, ¡felicitaciones, has creado un estilo único y mágico!

Con estas últimas palabras me despido y dejaré a tu reflexión y análisis si has leído hasta el final de este post, les deseo un feliz día y mis mejores vibras para todos.

La canción de Mandylion


«Amar es sufrir amablemente; es gozar de una ansiedad perenne, de un sobresalto siempre renovado.»

— José Ingenieros

 

 

En un sueño me encontraba tratando de buscar aquél sabor que le dio deleite a mi alma. Oscilaba bajo un árbol mecido por el viento. Me encontraba frustrado sin poder mover mis brazos y piernas, hasta que un batir de alas cortó el aire y en un instante me encontraba de nuevo en el suelo.

 
Aquellas alas, doradas y enormes, no podían pertenecer a otro ser sino a mi amigo Mandylion, el prófugo. De nuevo me encontraba frente a su imponente y fugaz presencia, y esta vez, no huyó de mí, sino al contrario, se quedó a mi lado observando al mar. Esta vez no emitió palabras comunes de su boca, en vez de ello, entonó una canción, la misma que buscaba al caer atrapado colgado bajo aquél árbol.

 
Los albatros en el mar, se abalanzaban a su superficie para atrapar a los más jugosos peces saltarines. Mandylion se maravillaba y cantaba al ver aquél acto ambientado por la mañana onírica. Yo mientras, me deleitaba por el fulgor de la fantástica melodía y le pregunté, ¿Cuál era esa canción que entonaba?

 
Y no recibí respuesta, él solo cantaba y se elevaba aún más y más, perdiéndose entre las nubes amarillas del extenso cielo de mi sueño. Y desperté, exaltado y más activo que nunca, busqué lápiz y papel antes de que se perdiera de mi memoria todo recuerdo de aquella hermosa canción. Realicé partituras tratando de seguir un compás simétrico, pero no me hallaba.

 
Luego me di cuenta que la melodía de Mandylion era irregular en toda su composición, es decir, la melodía, la armonía y el ritmo no se conjugaban entre sí, pero esto no era impedimento ni falla, puesto que aun sin estar fusionadas creaban una música sin igual. No puedo explicar cómo era posible, pero exhaustivamente intenté buscar la fórmula perfecta para doblegar aquella mística revelación de sonidos, pero no la encontraba.

 

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Me sentía un idiota tratando de seguir una música sin sentido, manifestada en un episodio creado por mi consciencia. Sabía que Mandylion no era real, y que su aparición en mis sueños es solo para embellecer mis ya trastornados delirios, pero, al intentar tocar por última vez sin optimismo aquella música producto de mi imaginación, sentí que fui transportado de nuevo frente a ese mar, en el mismo ambiente matinal, donde los albatros y los peces saltarines jugaban al ciclo de la vida, y Mandylion, frente aquél paisaje, cantaba con altiva y hermosa voz la canción fantástica. Mi búsqueda no está culminada, y tampoco apresurada por acabar.

 


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Una crónica de la demencia IV


«El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona.»

— Sándor Márai

 

 

Cada día que pasaba era un infierno terrenal. Julián perdía poco a poco los indicios de su sentido común. Médicos especialistas, preparados en las disciplinas más complejas de la salud. Hombres de ciencia versados en las distintas áreas de la medicina, y ninguno ha sido capaz de dar un diagnóstico decente, que explicara aquella contrariedad.

 
Patricia sucumbía cada vez más a la enfermedad. Julián por la impaciencia, perdía la cordura. Mónica jugaba sola en la habitación, se ocultaba entre las sombras con sus muñecas. Creó un universo tangible y engorroso, que la distrajeran de la desgracia de sus padres.

 
Julián constantemente bebía y bebía, y las añoranzas por ver a su esposa sana morían y morían. Patricia se deterioraba aún más por la preocupación, intentaba superar las limitaciones de su endeble aspecto, causándose más daño. Julián llegaba casa, y recorría los pasillos, como alma que anda penando. Se sentaba por las noches en el sofá de la sala, solo y pensando.

 
Mónica se quedaba observando a su agobiado padre, después de dejar el mundo donde por mucho tiempo residía. Él no notaba la presencia de su hija, porque se perdía en insólitas y horribles ideas, en las que creía que sería el salvador de su esposa. Una equivoca orientación, una ilusión confundida, un dolor que se incrementará por causa de una obsesión malsana que dirige al pobre Julián.

 
Una locura convertida en entidad, se manifiesta a quienes la invocan. Ni bienhechora ni consciente, como un parasito se arraiga, hasta culminar su objetivo drenando la vida de su infortunado acompañante. Julián creía que podía curar a su esposa él mismo. La idea tocó la puerta de la habitación de Mónica porque su padre la evocaba a gritos.

 
Julián preparó sus herramientas y fue hacia su esposa. Patricia en pánico gritaba tratando de entender lo que pasaba, hasta que su esposo la calmó con fuertes sedantes. Mónica escondida detrás de la puerta, ignota observaba. Julián hizo incisiones en el cuerpo de su esposa, y al ser guiado por su insistente locura la mató.

 
Mónica se quedó hasta al final, y nunca gritó. Era muy pequeña para entender lo que su padre le hacía a su madre. Y también, para entender por qué su padre se ahogaba en desgarrante llanto por aquella terrible equivocación. Mónica al final, volvió a su cuarto, como si nada pasara, y jugó con sus muñecas dentro de su vasto universo.

 



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Desafiando a la Tempestad (Poema #27)


En un antaño no muy lejano, soñé con un impacto que reviva las volátiles pulsaciones de mi corazón. Batí con fuerza los últimos vestigios de mis añejos sentimientos. Contraje deseos perdidos y ciegos en una realidad alterna y sofocante. Comprendí que el pasado, es solo una metáfora infraterrena, llena de mecánicas controladas por el olvido. Interpreté tu mirada por centurias, y siempre, fallaba majadero cual insensible desalmado.

 
Me he embarcado solemne en el más duradero viaje. Soportando las gélidas ventiscas de un mar inhóspito y salvaje. Liberé los restos de un amor hecho corpúsculos, desatados para hallar el placer, fuera de las indómitas alas de los serafines. He querido escudriñar en las fuentes mágicas y míticas de lo divino. Disipan el dolor sin tacto, retrasando el efecto de las imperiosas memorias que entorpecen mi ya decidida huida.

 
Los mandatos ya no gobiernan este infausto cuerpo, insensata manía de encontrar lo olvidable. Una naciente idea se revela en un palpar, tratando de desviarme de mi audaz camino. Un paraíso infernal, ornamentado de ilusiones. Hechizo traicionero que con insidia me castiga por mi osadía. Intento calmar los vapores de vesania exhalados por mi piel. Resido en mi ensimismamiento, buscando la fuerza de la paz. Con cautela me arraigo al mismo camino, y temeroso excluyo la valentía de mi insolencia.




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El descendiente


«No hay cristales de más aumento que los propios ojos del hombre cuando miran su propia persona.»

— Alexander Pope

 

 

Hay una leyenda oscura, plagada de terrible e inmensa tragedia; sobre una familia de la cual, ya en estos barrios no se menciona. Las personas inventan falacias por las calles y estas llegan a los oídos de los niños. Pasan sin mirar aquel lugar maldito que emana un aura de lobregura y terror. Ignorantes hemos quedado ante aquel hecho, tapamos nuestros oídos y ahogamos cualquier recuerdo referente a ello.

No queremos que nuestros hijos repitan el horror o que ese horror se quede arraigado aquí. Pero yo si permito que esos recuerdos se vuelvan vívidos en mi mente, cada vez, que observo aquél lugar. Al fondo de la calle Resalías queda mi casa, y a tres casas de la otra esquina está el sitio que nadie nombra.

Allí vivía una familia, como cualquier otra de este lugar; eran buenos vecinos, jóvenes y con aspiraciones. Silvia era una mujer tranquila, y muy hogareña, recién había contraído matrimonio con Víctor, un buen hombre que quería salir adelante con ella. Ninguno de los dos pasaba de los treinta años, cuando compraron aquella casa, en la que dejaron todo su toque de amor y dulzura.

Unos meses después, Silvia quedó embarazada, y aquella noticia incrementó la felicidad en ambos. Silvia entusiasmada comenzó a hacer las compras, los preparativos para la llegada del bebé. Aunque aún no sabía si era niño o niña, pensaba que podía empezar con ropa unisex.

Meses después conforme el embarazo avanzaba, recibieron la noticia de que tendrían gemelos. Una noticia impactante pero a la vez gratificante, puesto que la joven pareja solo pensaban tener dos hijos. Al ya saber el género de los bebés, Silvia y Víctor comenzaron a comprar ropa para niño, y prepararon dos cunas en su habitación, los arreglos, la pintura eran cosas que llenaban de gracia a la pareja.

Más meses pasaron hasta el día del parto, hubo complicaciones, pero triviales como en todo nacimiento. Pero algo que no estaba bien pasaba, los médicos no sabían con exactitud que era. El embarazo parecía normal en todo su periodo de gestación, pero al sacar a uno de los bebés los médicos vieron con pena de que había salido atrofiado. Su cuerpo estaba tieso, enrollado en sus extremidades y sin rasgo de vida.

Silvia al verlo soltó pequeños alaridos de horror, pero el parto aún no había culminado. El segundo bebé, en cambio, nació sano, de peso promedio y sin marca de anormalidad. Aquél hermoso niño agravó un poco el dolor de Silvia por la pérdida de su otro hijo.

La joven pareja volvió a casa con Adrián, así fue como llamaron al niño. De rasgos serios eran sus expresiones y fue algo que no cambió al pasar los años. A sus seis años, Adrián era un niño muy inteligente, pero que no se relacionaba con los otros niños de la cuadra, sus padres sentían una extraña preocupación por él. Su mirada infundía miedo, como la de un depredador que ataca al instante de paralizar.

Las personas no se le acercaban y los niños se apartaban al verlo. Algunas personas de la cuadra aseguraban haber visto espantosas y desfiguradas apariciones a su alrededor, otras, decían tener terribles horrores nocturnos después de haberse cruzado por la calle con Adrián. Yo jamás experimenté tales aberrantes aseveraciones a primeras, pero la gente murmuraba cada vez más por todo el barrio, hasta que esas palabras se convirtieron en horribles verdades.

Veía a Silvia y ya no era la misma, en tan pocos años su belleza se marchitó rápidamente. Ya no era alegre, sino una sombra extenuante de la alegría. Ya no veía la vida con anhelo, sino con febril futilidad. Ya no era un ser de cadencia, sino un ser abstraído por la más desmesurada angustia.

A Víctor casi no lo veía, su auto casi nunca estaba en la casa. No tenía ni idea a donde iba o porque repentinamente permanecía demasiado tiempo fuera de su casa. A veces por días, Silvia y Adrián se quedaban solos y sin nadie que los visitara. Los vecinos de las casas contiguas aseguraban escuchar agudos gritos por las noches que parecían provenir de aquél lugar. Policías, médicos, hasta sacerdotes han pasado el portal de la casa de Silvia pero sin ningún cambio aparente.

Me enteré por un vecino amigo mío que al parecer, el lugar estaba dominado por alguna entidad demoniaca que tenía atrapada a aquella familia en su poder, y que al parecer, Adrián era el vehículo que conectaba con aquél mal. No era difícil de suponer, el niño tenía algo malo, todos lo aseguraban, algo despiadado que ataca las entrañas de la cordura.

Con el pasar de los días las cosas decaían. Aquél siniestro poder empezó a esparcirse por todo el lugar, incluso yo me vi afectado al atestiguar terribles alucinaciones en mi mente. Criaturas informes que recorrían los pasillos de mi casa, algunas, se arreguindaban en las esquinas de los techos. Otras, estaban sentadas en las sillas de la sala, la cocina, el patio, el frente, a cualquier maldito lugar a donde fuera las podía encontrar.

Más terror inundaba mi corazón cuando llegaba la noche, cuando aquellas criaturas parecían cobrar forma material. Los objetos se movían, los sonidos eran tenebrosos, como de horribles lamentos. En el aire comenzaba a percibirse un olor fétido, como de algo pudriéndose. Muchas veces encontré en los suelos de mi casa un material viscoso y esparcido. Negro y espeso, como la brea, pero más aceitoso y menos pegajoso.

Muchos de mis amigos vecinos se fueron de sus casas. No pudieron soportar el terrible infierno, yo sin embargo, me quedé, aguantando todas las penurias y el horror que carcomía mi alma. Mantenía mi Biblia y mis cruces junto a mí todo el tiempo, mientras que el pánico se apoderaba cada noche de mi cordura, al ver, aquellas siluetas sin ojos moviéndose entre las espesas tinieblas.

Pensaba temeroso que sucumbiría a la locura en cualquier momento, y que el suicidio sería una solución rápida y eficaz para detener el horrible tormento. No quería abandonar mi casa, estaba discrepante de dejar mi habitación. Mi esposa y mis hijos fueron como muchos y abandonaron la casa por su bien, pero yo no compartía ese sentimiento.

Todo parecía que aquellas agudas ideas me arrastrarían a un final apresurado para mí zozobra, hasta que una mañana, todo dio un cambio inesperado, la ominosa oscuridad que habitaba mi casa ya no se atisbaba por ningún sitio. Las entidades que poco a poco se alimentaban de mi vitalidad ya no estaban, y empecé a sentir, una energía más airosa a mi alrededor.

Miré hacia fuera y todo estaba silencioso. Las calles se veían normales y ofrecían una sensación de bienvenida. Dejé que pasaran unas cuantas horas más para estar seguro que el mal que había asolado el barrio estaba por completo disipado, y así fue. Las personas regresaban al esparcirse la noticia de que las cosas habían vuelto a la normalidad, y entre ellas, mi familia.

Todo el tiempo me encontraba curioso de saber que había pasado, como es que las cosas volvieron a su sitio de repente. Como siempre los rumores comenzaron a manifestarse. Las personas de la cuadra decían que algo pasó en la casa de Silvia, algo horrible; lo más fatídico. Se dice que Silvia en un momento de cólera y miedo, asesinó a su propio hijo terminando con la horrible pesadilla viviente, y que al ver lo que había hecho se suicidó.

Tal parece que ese rumor es cierto porque ninguno de ellos volvió a salir de la casa. Y de Víctor, no se supo más de él. Desde entonces, nosotros, los habitantes de la calle Resalías comentamos aquél infierno solo por un tiempo, después, decidimos suprimirlo de nuestras voces y recuerdos. Jamás sabremos si el hecho ocurrió como dicen que ocurrió, pero podemos decir que estamos a salvo ahora.

 



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Los niños de Lilith (Parte XI)


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Parte IParte IIParte IIIParte IVParte VParte VIParte VIIParte VIIIParte IXParte X

 

 

Jonathan estaba abatido por el horror, no sabía que esperar después. La hermana Agatha temblaba y colocaba sus manos alrededor de su cuello. Aterrada completamente, miró hacia un sendero oscuro y quiso huir, pero se quedó, puesto que pensaba que era lo único que le quedaba.

—Hermana míreme, por favor, no se preocupe, buscaremos alguna solución, no se exaspere y no se deje dominar por el miedo. Vamos devolver todo a la normalidad.

Las palabras de Jonathan calmaron un poco a la atormentada alma de la monja, mientras estaba sentada y temblaba porque pensaba que no volvería a recuperar el habla.

Jonathan no creía para nada sus mentiras, las que usó para tranquilizar a la Hermana Agatha. Pensaba, que era un caso demasiado grande para resolver, pero sabía, que debían continuar, no podía dejar a la pobre monja a merced de aquellos diabólicos niños.

La levantó y continuaron su camino. La monja no dejaba de temblar y sollozaba. Jonathan para calmarla comenzó a hablarle para detener aunque sea un poco el angustiante lamento.

—Me han dicho que por esta región crecen unas plantas muy hermosas; parecidas a las rosas y con un color amarillo muy bonito, supongo que usted las debe conocer.

La monja estaba con la mirada baja, todo el tiempo, durante todo el camino. Ni siquiera hacía un esfuerzo por alzar la cabeza y mirar a Jonathan a los ojos.

—Dicen que sus pétalos machacados emanan una sustancia que cicatriza rápido las heridas, también es buena para desprender la piel muerta del cuerpo, si se le prepara como es debido.

La Hermana comenzaba poco a poco a reaccionar, sus pasos eran poco más enérgicos y Jonathan casi no hacía mucho esfuerzo por ayudarla a caminar. Sus sollozos descendían lentamente y sus manos comenzaban a dejar de temblar. Jonathan pensaba que sus palabras la calmaban, y continuó hablando.

—Si… estoy seguro que todo mejorará y buscaremos un poco de esa planta para poder llevármela a casa, no soy mucho de remedios naturales y mucho menos caseros, pero sé que usted si y me dirá como prepararla para obtener buenos resultados en caso de una cortada.

Y fue en ese momento, cuando Jonathan terminaba su oración, que la Hermana Agatha usó sus pies para detener el paso de ambos. Se puso firme y comenzaba a hacer señas como si hubiera descubierto algo muy importante. Jonathan no entendía del todo, y miraba impresionado como la monja se exasperaba tratando de dar a entender lo que quería transmitir.

—Hermana, ¿qué sucede?, de verdad me está poniendo un poco histérico no saber lo que quiere decirme, deberíamos idear un sistema para poder comunicarnos.

La monja después se dio cuenta que era inútil utilizar las señas para poder dar entender su mensaje. Era de noche y sus vidas todavía podían encontrarse en terrible riesgo, así que tuvo que tomar por el brazo al agente Semprún para guiarlo hasta el motivo de su idea.

Corrieron por un sendero lleno de arena y piedras directamente hasta Caricao. La euforia dominaba a la monja, no podían detenerse. Jonathan pensaba durante el trayecto sobre qué era lo que había alterado a la Hermana, pero no daba con ninguna idea coherente.

—Más despacio Hermana, hay poca luminosidad y podríamos caernos, y en lo menos que podemos pensar ahora es rompernos una pierna o un abrazo.

La monja no hacía caso a las palabras del agente, y continuó con la misma intensidad de llegar lo más rápido posible a su destino. Finalmente llegaron a Caricao y Jonathan comenzó a entender lo que la Hermana Agatha quería. Para estar segura, la religiosa dibujó un libro en el suelo con una pequeña piedra y fue allí cuando Jonathan comprendió mejor.

—Ya veo, usted busca un libro, pero ¿qué clase de libro?

La monja dibujó un símbolo, algo que era mucho más que familiar para Jonathan.

—Espere un momento. ¿Está queriendo decirme que ese libro va a poder ayudarnos y que usted apenas se está acordando de el?

 



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Mi opinión sobre Suspiria (2018)

Muy pocos saben que soy un gran fan del cine, en especial del cine de horror. Soy de las personas que prefieren descargar las películas y verlas en reuniones pequeñas, que verlas en un cine donde hay un montón de gente que no saben apreciarlas. Hoy, (como todos los viernes hago un post diferente a los habituales) hablaré sobre una de las obras maestras cinematográficas del cine de horror más grandes de nuestros tiempos.

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Suspiria (1977)

 
Es una película de horror italiana dirigida por Darío Argento y coescrita por Argento y Daria Nicolodi, y coproducida por Claudio y Salvatore Argento. La película es la primera de la trilogía de Argento, la que él denomina como «las Tres Madres» siendo las siguientes Inferno (1980) y The Mothers of Tears (2007). Suspiria se ha convertido en uno de los largometrajes más exitosos de Argento, clasificándose por la crítica como una de las obras más grandes y representativas del cine de horror.

El uso de la estilística, los colores vibrantes, el excelente uso del arte bizarre, el fondo de la música, el cual es interpretada por la banda de rock progresivo Goblin, han hecho que recibiera aclamaciones de distintos medios.

Tuvo dos nominaciones en los Saturn Awards, Mejor actriz de reparto para Bennett en 1978, y Mejor lanzamiento en DVD de una película clásica, en 2002. Se ha convertido en un clásico de culto, y se reconoce como una película influyente en el género de terror

Póster 2

 

Sinopsis

 
La película está ambientada en Berlín, Alemania, y trata sobre una chica estadounidense que es seleccionada para estudiar danza en una de las academias más prestigiosas del mundo, pero, durante su estadía en dicho lugar, suceden una serie de cosas espantosas que la hacen dar cuenta que el sitio es la sede de un aquelarre.

 

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Suspiria (2018)

 
Ahora que he hablado brevemente sobre la película y de que trata, hablemos sobre su remake, el cual fue dirigido por el director Luca Guadagnino (conocido por ser el director de Call me by your name) y escrita por David Kajganich, basándose en la película de 1977 de Darío Argento. Está protagonizada por Dakota Johnson, Tilda Swinton, Mia Goth, Angela Winkler, Ingrid Caven, Elena Fokina, Sylvie Testud, Renée Soutendijk, Christine LeBoutte, Fabrizia Sacchi, Małgosia Bela, Jessica Harper, y Chloë Grace Moretz.

La película te deja ya una sensación de curiosidad desde el principio, por supuesto, el remake tiene muchas diferencias con la original, y aun así es perfecto en todo su esplendor. Yo he quedado fascinado de principio a fin y he quedado satisfecho de cómo quedó. Definitivamente Guadagnino supo colocar muy bien su toque convirtiéndola en uno de las mejores películas de horror del año pasado.

 

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La parte artística

 
Realmente considero que lo que dio más impacto, fue el arte que se introdujo y que se puede ver matizado en toda la película. El estilo de la danza, el maquillaje, la percepción onírica que traspasa la imaginación de la protagonista principal, y la hace sucumbir ante los deseos de realizar su destino. El concepto que se usó y todo aquello que podemos encontrar en esta excelente producción cinematográfica nos impactará, tanto de magnificencia de admiración como de pánico.

Me abstengo a dar spoilers solo hablaré de la película de forma superficial, no daré adelantos a quienes no la hayan visto.

Fuente

 

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La doble interpretación de Tilda Swinton

 
Creo que esto es lo que me ha encantado más, Tilda Swinton (Actriz y Modelo) es una de las actrices más versátiles que conozco, interpretando papeles de cine experimental, o cine de culto, en el caso de Suspiria (2018), en el que se destacó haciendo no solo el papel de Madame Blanc, la coreógrafa de la academia, sino también hizo el papel de un hombre anciano que había pasado por los horrores de la segunda guerra mundial, ¿habrá algún papel extraño que no pueda hacer esta mujer?

 

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La reaparición de Jessica Harper en la película

 
Jessica Harper fue la protagonista principal de Suspiria (1977), que ahora aparece de nuevo en el remake pero con un papel diferente. Me pareció increíble que la Harper haya hecho allí su aparición especial, ¡bravo por todos los que realizaron esta producción y que le dieron honor a los que pertenecieron a esta obra!

 

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En resumen

 
En resumen me encantó, todo un trabajo bien realizado por el personal y excelente elenco. El arte cinematográfico que se usó, que a pesar de ser actual infería ese toque retro que quedó más que perfecto. La música, misteriosa y hechizante, los guiones muy buenos y bien escritos. La expresión artística, ilusoria que te deja ver un mundo mitológico. En fin, toda la película ha quedado excelente y los invito a todos a ver tanto la original como el remake.

Sin más que decir mis amigos, les deseo un buen día y que Las Tres Madres (La madre Tenebrosa, La Madre de las lágrimas y la Madre de los suspiros) estén con ustedes.

 

Mi primer viaje astral


«Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.»

— Gustave Flaubert

 

 

Las experiencias paranormales, solo las podemos percibir al gozar de un completo dominio de las actividades psíquicas de nuestro cerebro. Estas actividades nos permiten un acceso a las habilidades parapsíquicas que se encuentran más allá del porcentaje límite que poseemos sobre nuestro cuerpo.

 
Tal porcentaje, es solo el diez por ciento, pero si traspasáramos esa barrera, y domináramos por decir, el sesenta por ciento, entraríamos a una realidad alterna pero completamente acertada para poder explorar. Ese mundo ignoto y temible siempre ha tocado las puertas de mi ansiosa curiosidad, desde que estudiaba psicología en la Universidad, y más aún, después de haber leído el libro de William Buhlman, «Aventuras fuera del cuerpo».

 
Este libro ha marcado mi vida de poderosa manera, al darme las bases exactas para poder adentrarme a los terrenos de la dimensión astral. Realicé varias prácticas sumiéndome en extensos letargos, tal y como decía en el libro, hasta conseguir el resultado exitoso de la experiencia fuera de mi cuerpo. Los dos primeros intentos solo causaron un agotamiento extenuante en mí, pero el tercer intento me dio el efecto más que esperado.

 
Me vi dormido; plácido y tranquilo, mientras que con impresión daba mis primeros pasos fuera de mi cuerpo. Miré mis manos astrales con excitada euforia. Pensé en elevarme por los aires, pero no floté. Grité, para probar si podía escucharme, pero no me oía. Constantemente escuchaba un ruido, como ondas de radio, mientras avanzaba por aquél plano. Pensé en volar de nuevo, y me elevé a veinte centímetros del suelo. Fui hacia la pared y la atravesé, ya no andaba caminando, sino flotando.

 
Llegué a la sala, desplazándome por el pasillo. Fui hacia el espejo y me observé. Mi cuerpo estaba desnudo y emanaba destellos. Miré por la ventana de la sala y mi asombro se incrementó aún más. Vi luceros que se elevaban de la Tierra al Cielo, como atraídos a una galaxia imposible de describir.

 
Cuando pensaba que mis ojos no podían saturarse más de fascinación, todo comenzó a nublarse y de nuevo me encontré en mi cama con sobresalto, con una sensación de hormigueo en todo mi cuerpo, y pensando, en lo real que había sido todo lo que había vivido. Anoté todo en una libreta, posteriormente seguí teniendo experiencias casi sin esfuerzo, pero ninguna ha sido tan diáfana como la primera.

 



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