Arcontes (Microrrelato de ciencia ficción)

Ilustración

El siguiente relato lo he ideado pensando en un mundo ficticio donde la humanidad fue empujada a vivir en un entorno artificial de paisajes falsos y simulaciones oníricas, como mecanismo de nostalgia a ese antaño.

Arcontes

 
El cielo metalizado refleja figuras fuera del entorno de este valle sintético. La luna simulada se alza despierta nadando en un mar célico de estrellas. Los programas que recrean el entorno activaron todos los sistemas de reproducción filmográfica de paisajes que ya no existen entre nosotros. Lagos artificiales de indecibles colores se levantan bravíos bañando las falsas costas de diamantina y argenta. Los arcontes atraviesan los cielos como alaridos en el pecho, durante su vigilia filtran los procesos residuales de las cúpulas de protección, que nos mantienen protegidos de asteroides de planetas barridos por la gran Supernova.

Un Armagedón venido del propio espacio, aniquiló a gran paso parte de nuestro sistema solar y el contiguo. Creamos esta plataforma del tamaño de un asteroide mecánico para mantener a los supervivientes seguros hasta hallar un nuevo planeta al que habitar. Los arcontes mantienen las calles seguras de insurrecciones o desacatos que se generan en nuestra sociedad, a modo de protegernos de estas terribles inseguridades. Autómatas recorren las calles, receptores de las órdenes que los arcontes les transmiten. Miran hacia el cielo artificial como si tuvieran voluntad propia, mientras desfilan sus marchas militares pisando con fuerza el asfalto de mármol sintético.

Yo soy de los que prefieren soñar y pensar, atrapado en mi cabina soporífera, perdido en mundos extraños y por descubrir. Despierto, admiro los lagos ficticios frente a mí, y los colores que generan la fusión de la luz de la falsa luna azul con el del agua. También escucho extasiado el sonido que emana de los arcontes al pasar, como melodías de una cajita de música. Menudencias disfruto al estar despierto, pero la mayor parte del tiempo, prefiero estar dormido.

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El deseo de Ganimedes / The wish of Ganymede

Ilustración

Versión en español

El ocaso de un reino olvidado, bajo el crepúsculo de una vida de antaño. Unos pasos inciertos cruzan los caminos de Égida, los mismos que cayeron bajo los engaños de palabras inmortales. Las ninfas en los bosques susurran su desgracia, contando historias sobre el desenfreno de su ambrosía. Sólo en los espacios de dimensiones mundanas, Ganimedes espera los designios de una vida dócil de consumir. De belleza incauta de entre todos los hombres, cautivadora de los deseos pasionales del padre de los dioses.

Ganimedes y su amante celestial consumaron el pacto carnal. Testigos astrales observaron cómo se unían aquellos dos seres, que bajo las bendiciones de Afrodita olvidaron por un tiempo la ternura de la carne de las féminas. Zeus con pesar pensaba en la vida mortal de su amante masculino, y le otorgó la vida eterna que tanto los hombres envidiaban, para evitar que la belleza de Ganimedes se mancillase con el tiempo.

Las décadas pasaron después de aquel divino suceso, y Ganimedes seguía tan hermoso como las maravillas empíreas del cielo, la tierra y el mar. Sin embargo, aquel hombre eterno no veía su bendición como un regalo, sino más bien, como una maldición. Los destellos de la muerte atravesaban a sus queridos. Lumbreras extinguidas abandonando a un entorno de oscuridad. Caminos ignotos de soledad entre lo célico y lo tangible, atestiguando la catástrofe de batallas que despiden pestilencia, cíclicamente bajo la vida inmortal.

Un llamado del más allá compadeció el agobio de aquel que alguna vez fue amado por el cielo; para navegar en los mares estigios del Hades por siempre.

English version

The twilight of a forgotten kingdom, under the twilight of a life of yesteryear. Some uncertain steps cross the ways of Aegidus, the same ones who fell under the deceptions of immortal words. The nymphs in the woods whisper their misfortune, telling stories about the debauchery of their ambrosia. Only in spaces of mundane dimensions, Ganymede awaits the designs of a docile life to consume. Of beauty seized of all men, captivating the passionate desires of the father of the gods.

Ganymede and his heavenly lover consummated the carnal covenant. Astral witnesses observed how those two beings united, that under the blessings of Aphrodite they forgot for a time the tenderness of the flesh of the women. Zeus with sorrow thought about the mortal life of his male lover, and gave him the eternal life that both men envied, to keep the beauty of Ganymede from sulling with time.

The decades passed after that divine event, and Ganymede remained as beautiful as the empyrean wonders of heaven, earth and sea. However, that eternal man did not see his blessing as a gift, but rather, as a curse. The flashes of death passed through their loved ones. Extinguished luminaries abandoning an environment of darkness. Unknown paths of solitude between the celibate and the tangible, witnessing the catastrophe of battles that dismiss pestilence, cyclically under the immortal life.

A call from the beyond compassed the oppression of the one who was once loved by heaven; to sail in the Stygian seas of Hades forever.

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Una crónica de la Demencia XIV

Ilustración

«…Es tan desesperante Amanda, ¡están por todas partes!, solo tengo tranquilidad bajo los sopores de mundos oníricos…»

Un solo rostro, multiplicado varias veces, rostros iguales que se fusionaban y se transformaban en la misma persona, luego se separaban y proliferaban en los distintos sectores, calles y avenidas de la lluviosa ciudad. Los rostros sonríen maliciosos, con una afabilidad maligna dispuesta a lastimar. Roberto caminó intentando eludir el peligro que le acechaba, conservando una calma febril, a punto de quebrantarse.

Los rostros se posicionaban rápidamente en distintos puntos de la calle en la que él transitaba. En un instante, se encontraban adelante, mirándolo con una sonrisa que infundía pánico. A veces también, los veía encima de los edificios de la calle por donde transitaba, para luego desaparecer en un instante y sin dejarle nada más que una idea agobiante.

Intentó resistirse al impulso de querer gritar, soltar un sonido más fuerte que la lluvia que golpeaba el suelo con fuerza y bañaba su cuerpo despavorido envuelto en una situación lamentable. Sólo podía imaginar estar de nuevo en su casa recostado en su cama, con los ojos puestos frente al televisor y los pies encima de dos almohadones. Caminó cada vez más rápido evitando mirar los otros rostros que aparecían de repente a su alrededor, sin embargo, era inevitable que percatara sus presencias.

Se evaporaban y luego se integraban de nuevo en los callejones y distintas salidas del lugar, cada vez más sonrientes, se veía con angustiante notoriedad que poseían un plan siniestro para su atormentada víctima. Comenzaban poco a poco a acercarse y a susurrar palabras indecibles cerca de los oídos de Roberto, pero éste continuaba cada vez más rápido sobre su trayecto dantesco. Algunas de estas palabras eran entendibles para Roberto, y eso lo asustó más pero se negó a reaccionar ante ellas, solo quería llegar pronto a su hogar.

Los rostros ya no eran rostros, comenzaban a generar bajo sus cabezas figuras humanas, todas iguales y sombrías. Sus aspectos eran el de un hombre, con el rostro arrugado portando un sombrero de fieltro de alguna vieja época. Tenían los ojos cafés y saltones, y la piel morena, cada vez que se acercaban Roberto sentía con dolor un agudo estupor en su pecho. En un instante y sin darse cuenta quedó acorralado, un susto impactante hizo que se resbalara y la lluvia cayó con furia sobre su rostro.

Ellos se aproximaron hacia él, despacio, no dejaban de sonreír. La lluvia no los tocaba, eran incorpóreos. Sus cuerpos estaban hechos de vaporea negrura; penumbras andantes. El corazón de Roberto casi no resistió, pero una luz blanca y cegadora acudió a la situación como un rayo de tormenta, y todo desapareció. Los rostros ya no estaban, solo quedó el fuerte chisporroteo de la lluvia. Roberto se levantó, con el cuerpo ya más bajo de impresión e intensidad, y continuó su camino, corriendo a pasos agigantados hacia su casa.

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El templo de la vileza / The temple of vileness

Ilustración/Illustration

Versión en español

En mis ensayos de trabajos rigurosos y aun rudimentarios, conocí a un hombre de gustos excéntricos. El refinado sujeto me habló de conocimientos extraños, bastante inescrutables para mí inteligencia. Habló de mis talentos tan necesarios para su expedición, y que siempre han sido desperdiciados en empleos vagos y menudentes.

Me habló de abundancia y tesoros inimaginables y la codicia se instaló sin pensarlo. Nos embarcamos a un punto de las islas del pacífico, supervivientes de arrolladoras tormentas y abrasadores soles. Soportamos los ataques de una naturaleza hostil de inhóspitos terrenos. Sus habitantes bestiales y micro orgánicos cobraron la vida de varios acompañantes infortunados.

Los ojos malévolos de la noche planificaban perversos obstáculos pérfidos y mordaces, hasta dejar su reino en completa desidia, extirpando la plaga de su intocable vientre.

Muchas veces he deseado abandonar, dejando todo descubrimiento de este trabajo tan contingente, pero las palabras de mi empleador resonaban soberbias en mis oídos, colocándose imperiosas en mi mente, mostrándome un futuro opulento y empíreo.

Llegamos a nuestro destino, el punto más alto de una montaña escabrosa, con puntas penumbrosas limitadoras para la luz. Incursionamos por una cueva rocosa, y ascendimos sorprendentemente por el corazón de la montaña. El hombre sabía a lo que se atenía, como si él hubiera estado allí antes.

Oteamos el lugar con asombro, y yo, antes de ponerme a trabajar, escuché a mí alrededor gritos despavoridos de huidas. Todos los acompañantes de la expedición abandonaron el lugar, pero yo me quedé y eché un vistazo hacia su portal.

Vi unos dientes enormes y ensangrentados y unos ojos blancos sin pupila dirigiéndose hacia mí.

English version

In my essays of rigorous and even rudimentary work, I met a man with eccentric tastes. The refined subject told me of strange knowledge, quite inscrutable to me intelligence. He spoke of my talents so necessary for his expedition, and that they have always been wasted in vague and small jobs.

He told me about abundance and unimaginable treasures and the greed was installed without thinking. We embark to a point on the Pacific islands, survivors of overwhelming storms and scorching suns. We endure the attacks of a hostile nature of inhospitable terrain. Its bestial and micro organic inhabitants took the lives of several unfortunate companions.

The malevolent eyes of the night planned perverse, treacherous and biting obstacles, until he left his kingdom in complete neglect, extirpating the plague of his untouchable belly.

Many times I have wanted to leave, leaving all discovery of this work so contingent, but the words of my employer resounded superb in my ears, placing imperious in my mind, showing me an opulent and empyrean future.

We reached our destination, the highest point of a rugged mountain, with twilight limiting points for light. We entered a rocky cave, and we ascended surprisingly through the heart of the mountain. The man knew what was going on, as if he had been there before.

We sniffed the place with astonishment, and before I started working, I heard shouting cries of fleeing around me. All the companions of the expedition left the place, but I stayed and looked at their portal.

I saw huge, bloody teeth and white eyes without a pupil going towards me.

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Elaica VIII. Las ocho tribus

Ilustración

Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

I. El comienzo
II. Atalayas de la guerra
III. Tristán
IV. De los primeros Antiguos
V. De sus talentos y características
VI. EL sol y la luna
VII. Los Primigenios

Obras literarias originales realizadas por mí.

Las ocho tribus

 

Cuando los hombres se establecieron en el epicentro de Elaica, comenzaron a definirse paulatinamente y en sociedad. Surgieron nueve líderes de entre los primigenios; y éstos fueron seguidos por ocho grupos de personas. Caldior y Arthac, dirigieron la primera tribu, la que llevaba menos personas, eran soberbios y orgullosos, y siempre contradecían las decisiones de los otros líderes con braveza, hasta que al final llegaban a un punto en que no les quedaba otra opción que estar de acuerdo.

La segunda y tercera tribu, fue dirigida por Luxor y su mujer, Aivy, quienes desde un principio, se habían convertido en los aprendices de los Antiguos de la tierra, y dominaron el arte de la construcción. Eran más sedentarios que semi nómadas y ocupaban su tiempo y el del resto de las personas de la tribu a quienes tenían bajo mando, a idear nuevas formas de refugio y supervivencia cuando el sol daba su paseo somnoliento.

La cuarta tribu estaba al mando de Taitus, el valiente, hombre instruido en las artes de la batalla, y ávido cazador. Su destreza con el arco no tenía igual, puesto que su pericia era inigualable y jamás fallaba un blanco. Muchos de los escritos que se hablaron sobre él y su liderazgo decían que era un hombre muy solitario, y que gozaba ver como se retorcían las extrañas criaturas salidas de Ururthur, al tratar de cruzar los muros de protección creados por los Antiguos del viento.

La quinta y sexta tribu se encontraba liderada por Fénile y Hexdragon, los líderes sabios. Bajo la instrucción de los Antiguos del agua, especialmente de los Oilon, —los duendes de los ríos—, conocieron las ciencias del pensamiento y así poder estudiar el entorno que les rodeaba de una manera filosófica. Los más ancianos eran los preferidos por estos Antiguos, ya que notaban con más tranquilidad, los sucesos y cambios que ocurrían a su alrededor mientras el tiempo transcurría y ellos observaban con detenimiento.

Y por último, la séptima y octava tribu, estaba dirigida por Flaivux y Emika, el de las manos toscas y la de dorados cabellos. Eran agricultores maestros discípulos de Siria, la señora de los huertos sagrados de la que sería posteriormente la prospera Kreon. Bajo el comercio y el trabajo, las dos últimas tribus con el tiempo fueron creciendo en abundancia, hasta su inevitable división, disminuyendo su población increíblemente, puesto que gran parte de la séptima tribu decidió abandonar el continente para atravesar el mar Ofco, y establecerse en las islas exteriores e inhóspitas.

La humanidad aun no pensaba en guerras, ya que apenas crecía en conocimiento y práctica pero con mucha prontitud. Los verdaderos conflictos vendrían con la división, la cual, causaría contingencias infortunadas para los designios de los Antiguos que aún continuaban en Elaica.

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El Zángano IV

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

 

I. Judith

II.Judith (continuación)

III. María

 

Obras originales realizadas por mí.

 

 

Alicia

 

La injusticia también posee sus armas decadentes alimentadas por la desgracia, ecuánime con la beldad, su antagonista de historias donde participes siempre se disputan por las almas incautas de los seres comunes. Me pregunté por años como sería mi vida en este momento si hubiera tomado otras decisiones, y si tras ese destino el mundo se alzaría en brazos afables hacia mí. ¿Qué tipo de situaciones vislumbrarían mis ojos de acuerdo a aquellos designios que tomé, y no a aquello, que me ha arrastrado estupefacto a permanecer voluntario en la ignorancia?

 

Nunca lo sabré, y sin embargo, bajo este enigma me quedé. Alicia nunca fue la más integra de nuestra familia, pero era la único que me quedaba en la vida. Si la lucha entre el bien y el mal de verdad existiese se encontrarían en una batalla con ella como protagonista. Como si las abrasadoras llamas del cielo anduvieran moviendo sus ejércitos de arcángeles airosos y castigadores contra el injurioso mal de sanguinarios demonios.

 

14 de septiembre del 20…

 

Era una madrugada penumbrosa, el sol no había salido a otorgar la magnificencia de su esplendor. Salí temprano ese día hacia mi ciudad de nacimiento, Aisit, a cuidar de mi hermana Alicia que recientemente ha sido torturada por la demencia. Yo había enviudado hace poco y la soledad me tenía bastante cansado. Mis hijos e hijas estaban dispersos en el mundo bajo sus propias preocupaciones y yo, para no perturbar la tranquilidad de sus vidas, decidí volver a la casa de mis padres por Alicia.

 

Mi hermana nunca fue muy social con nosotros después de los diecinueve años, sin embargo, poseía una inteligencia y un nivel de entendimiento cultural indiscutible. No era de las mujeres más atractivas de la ciudad, pero si una de las personas con el léxico más pulcro y educado que jamás haya oído en mi vida.

 

En aquel entonces, Aisit gozaba de belleza, y de sus calles, —Ahora ruinosas— prosperaban el comercio y la amistad, producto de una sociedad alcista desde lo social hasta lo académico. Pero aquello no duró para siempre y con tristeza atestigüé como fue descendiendo a su declive. Al volver, ese sentimiento de agobio atravesó de nuevo mi corazón, y más aún, al ver de nuevo mi casa donde pasé mi niñez y juventud.

 

Me preparé mentalmente luego de tantos años sin ver a Alicia, estaba trémulo y entusiasmado al mismo tiempo. Me paré frente al portal y vislumbré las paredes y el porche. La decadencia también había hecho su trabajo en mi hogar natal dejando que una acumulación de maleza tomara su fachada de manera imperiosa.

 

Me abrió la puerta una mujer de mediana edad, regordeta y de rostro severo, quien trabajaba para el psiquiátrico como enfermera encargada del cuidado de Alicia. Me dirigió hacia mi hermana otorgándome indicaciones estrictas antes de estar en su presencia. Evitar estar alterada o pronunciar palabras confusas ante ella era fundamental para su salud mental.

 

Entré en la sala donde ella se encontraba y por fin la vi, después de tantos años. Sentí un poco de pena al ver su rostro ofuscado por el miedo y la melancolía, pero, después de verme, se alzó refulgente y me abrazó con briosa alegría y yo le respondí con la misma energía. La abracé con fuerza y olí sus castaños cabellos con intensidad como era de costumbre de niños. La dicha me arropó al saber que ella me reconocía a pesar de sus fuertes delirios insuperables.

 

Hablé un rato con ella, pero antes, hablé con la enfermera. Le dije que me instruyera sobre el completo cuidado de Alicia, a lo cual, ella estuvo de acuerdo, ya que mi hermana necesitaba a alguien con una conexión afectiva para desenvolverse en un entorno más agradable. La enfermera me dio las últimas indicaciones prioritarias y que estaría pasando dos veces por semana para evaluar la situación.

 

Luego de que hubo marchado, me senté con Alicia en la vieja sala de estar y hablamos inicialmente con entusiasmo. Le hablé de que recientemente había enviudado y sobre los últimos acontecimientos de mi vida, que no poseía mucha novedad. Ella sintió con pesadumbre mi perdida y apretó mis manos con consuelo. Pude notar terriblemente como nuestro momento de alegría rápidamente se extinguía, al hablarme ella del problema que la acongojaba. Estaba paranoica y asustadiza, miraba hacia los lados con pánico, como si algo acechante la vigilara desde las sombras.

 

Las dopaminas y sedantes que el médico le recetaba no le hacían efecto alguno según ella, a veces abusaba e ingería mucho más de la dosis prescrita para así conseguir aunque sea un poco de tranquilidad, pero sin efecto alguno. Me contó que muchas noches era perseguida por una figura negra de cara blanca. Llevaba como una especie de sotana echa de plumas oscuras y grisáceas. Sus ojos eran tan vacíos como la «Nada» misma, y la forma de su rostro era igual a la de un buitre o zamuro.

 

La descripción que me dio en aquel entonces mi pobre hermana era aparentemente un mecanismo que empleaba su trastornada realidad. Veía con dolor como era devorada poco a poco por ese miedo. Su apariencia física estaba tan deteriorada como los muros y edificios de aquella decadente ciudad, y sus ojos, al describir aquel mal, se desbordaban en lágrimas afectados por la ignominia.

 

Después de conversar con ella preparé la cena sin mucha novedad, cuidé de ella esa noche como me lo indició la enfermera. Ella apretó mi mano antes de quedarse dormida, haciéndome saber lo alegre que estaba por verme de nuevo, y yo sonreí, como un niño de nuevo.

 

15 de septiembre del 20…

 

Parte de la mañana transcurrió normal. Yo me levanté muy temprano, a preparar el café como de costumbre y luego me dispuse con el desayuno. Al terminar, fui a la habitación de Alicia para ver si estaba despierta, y al estar a unos pasos de su puerta escuché unos gritos estremecedores. Alicia se agitaba y exhalaba con fuerza chillidos agudos, como tratando de alejar a alguien que la acosaba, en aquella horrible pesadilla.

 

Yo me abalancé hacia ella y la agité intentando hacer que despertara, según las indicaciones de la enfermera sobre estos casos. Por un rato le grité con fuerza, bajo el mismo plan, hasta que ella abrió los ojos y me miró con el rostro alarmantemente pálido y me abrazó.

 

Me habló de su sueño y mencionando a la misma entidad perniciosa que la persigue, y que esta vez, estuvo en un ambiente distinto.

 

Soñó que estaba atrapada en un féretro sin cubierta, y que aquel ser oscuro se acercó mirándola fijamente con sus ojos perpetradores de horror. Ella intentaba moverse de aquel ataúd para escapar, pero no podía, estaba completamente paralizada mientras que el exceso de adrenalina causada por el miedo hizo que se le nublara la mente por un largo momento.

 

Aquella entidad, al verla desprotegida, sacó sus manos larguiruchas y nudosas y, extendidas con malicia, comenzó a lanzar tierra sobre el rostro de Alicia, sobrepasando ésta los límites de la desesperación.

 

Rápidamente, intenté darle sus medicamentos, pero ella los rechazó. Solo quería un abrazo mío, uno intenso y arropador. Yo no pude negarme y la abracé con fuerza, con deseos infinitos de ayudar a mi desdichada hermana. Durante la tarde, otra cosa pasó. Yo había llegado del supermercado y dejé los víveres en la cocina, pensando en que Alicia estaba recostada en su cuarto, me dispuse a sentarme en la sala un rato para leer, hasta que la vi a ella posada sobre la ventana, mirando fijamente hacia un punto de la calle.

 

Le pregunté qué hacía y por qué miraba tanto hacia afuera, a lo que me respondió que aquella criatura, —la de sus pesadillas—, se encontraba parada frente al portal de la reja, mirando detenidamente la puerta de la casa. La alejé de la ventana y la senté en una silla, le preparé un té caliente y ella se lo tomó sin cuidado, pero no dejaba de posar esa expresión en su rostro, llena de horror y paranoia.

 

Ya no sabía que pensar, estaba cada vez más preocupado. Intenté llamar al doctor ese día pero la contestadora de su celular siempre me caía. La enfermera no me dejó su número de teléfono y Alicia no sabe nada sobre eso, ni siquiera sabía la dirección del psiquiátrico. No tuve otra opción que esperar un poco más.

 

16 septiembre del 20…

 

Ya había intentado muchas veces y el doctor seguía sin contestarme, Nunca supe lo que pasó, ni la enfermera había aparecido. No escribí mucho sobre este día puesto que ha sido una serie de acontecimientos tanto terroríficos como angustiantes y agotadores.  Alicia estaba cada vez peor, la veía más delirante e inquieta. Esa mañana me di cuenta que se había levantado temprano e intentó lanzarse de la ventana del cuarto de arriba. La tomé de su bata para dormir y la jalé con fuerza, conteniéndola, y luego la obligué a tomarse las dopaminas que le hicieron efecto después de unos minutos.

 

Tal parece que Alicia me había mentido, puesto que los calmantes si la tranquilizaban, pero solo por cierto tiempo. Estaba cada vez más asustado y temblaba al pensar lo que podía hacer más adelante. Sus pensamientos acariciaban los muros del suicidio, puesto que decía, que era la única forma de escapar de las garras de aquel demonio siniestro que supuestamente quería su alma. La revisé varias veces ese día y no me separé de ella. Pedía clemencia, a que la enfermera llegara pronto, no sabía cuánto más podía soportar.

 

Continuará…

 

 

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Delirios de identificación II. Síndrome de Frégoli

Ilustración

Los casos por parte de los delirios de identificación son bastante llamativos. Las personas que los padecen parecen estar sumergidas en una realidad incompleta en la que no tienen escapatoria alguna, y en la que también, se encuentran acechadas en todo momento por sus antagonistas.

En mi anterior post hablé sobre el síndrome de Capgras, uno de los síndromes más extraños de falla de identificación cognitiva, lo dejaré a continuación para el conocimiento de las personas.

Delirios de identificación. Síndrome de Capgras

¿Hacia dónde iremos? [Reflexión]

Ilustración

 

A través del aire llegan muchos mensajes que son difíciles de identificar. Se habla de luchas y de cambios, un control total a la inhumana miseria que vemos cada día los venezolanos. Quien sabe cómo terminará todo esto, eso lo dejaremos a los acontecimientos que van fluyendo y que al final nos dejarán un resultado culminante.

Debemos ser fuertes ante toda sorpresa (buena o mala) que se nos presente a modo de chasquido. Las esperanzas levitan, pero, ¿qué tan lejos irán?

Si vamos en retrospectiva a los últimos acontecimientos recientes, siempre vemos que el descaro del gobierno siempre termina triunfante. Dentro de este limitado espacio los argumentos inválidos son de aquellos que no poseen ni la mínima parte del poder, o no se les toma en cuenta.

Todos terminamos arrastrados a estas decisiones y continuamos nuestras vidas normalmente (por cierto tiempo) y luego volvemos con lo mismo. ¿Por qué somos así? ¿Por qué continuamos con esta pesadumbre? Nadie sabe con sinceridad hasta donde puede soportar el corazón humano, pero se ciega, la mente no coordina con la razón y cometemos actos equívocos de naturaleza muchas veces maliciosa.

Quisiera saber si de verdad surgiremos como un fénix que renace de sus cenizas y aprenderemos de todo esto, para que, en un futuro, no volvamos a caer en lo mismo. Pero la historia nos dice que eso en la mayoría de los casos no sucede, puesto que el tiempo es cíclico, un uróboros que se consume hasta que otro nuevo aparece.

Hay que reflexionar sobre a donde queremos, no dejemos que otros lo hagan por nosotros.

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Este no es el fin / This is not the end

Ilustración/Illustration

Versión en español

Abandonado. Simplemente sepultado en las injurias de palabras culposas, rememorando con necedad un evento que nunca debió haber pasado. Descanso, con las manos en el pecho, con hojas secas en mi sien, negando mi terrible verdad.

Una secuencia de cielos intangibles pasan ante en mí como una película sin final. Una materia de siderales y burlones me señalan recalcando mi vergüenza, deteniendo la vibra de mi dignidad, resolviendo un camino reptante al llegar a mí, solo, para acabar con los últimos vestigios de mi confianza.

Desde mi féretro de zarzas negras como el carbón, muchas ideas atravesaron sin dificultad mis ganas y se incrustaron en mis memorias. Demostré una respuesta insulsa al mover mis dedos contando los últimos días de mi vida. No quedó nada en esas cajas de situaciones inefables, yo las revisé con agobio, y con arrepentimiento sustraje las últimas palabras que me arrastraron a este lugar y las mezclé inocuo con mis últimos designios y colisioné.

Perdido. En una fantasía manchada por la desesperanza, era mejor el beso de la muerte bajo este cielo veloz y constante, con su belleza ilusoria calmante a la ansiedad, y este suelo de vida perniciosa que sorbe mi vitalidad poco a poco.

Tan terribles palabras recordé, con demasía, sepultado en aquella tumba banal e infernal. Luego, me sumía en un sueño preparado por la decadencia, hasta que, de improvisto, escuché una voz más angelical que el mismo coro celestial. Una figura emergió de la nada, alejando a las sombras que temían su presencia. Fue allí que mis ojos rendidos despertaron, y vieron aquella lumbre con exaltado asombro.

Y fue allí cuando me dije a mí mismo: ¡Este no es el fin!

Moví con ímpetu mis brazos y solté sagaz la negrura que me pesaba, miré de nuevo al inquieto sol y este parecía que mi ignoraba, pero no me importó. Destruí el ataúd que la malévola naturaleza había preparado para mi partida, soñé de nuevo con mundos buenos que convivían con los malsanos, aquellos que deseaban mi rendición.

Abrí de nuevo mis abrazos a la esperanza y di mis primeros pasos a una vida resurgida. Fui a la cueste de aquella figura empírea que me salvó de ese reino abisal, pero ya no la hallaba. No caí de nuevo en la desgracia, me sentí fuerte y vívido, azotando a los vientos con brío y autoridad, gritándole a los mares estrepitosos pidiéndoles que calmen la furia de su tempestad.

Sentado en poyos de rocas hermosas, me vacié pensativo, y aún lo estoy… esperando que venga de nuevo algún día aquella salvadora representante de la beldad.

English version

Abandoned. Simply buried in the insults of guilty words, remembering with foolishness an event that should never have happened. I rest, with my hands on my chest, with dry leaves on my temple, denying my terrible truth.

A sequence of intangible skies pass before me like an endless movie. A matter of sidereal and mocking point to me emphasizing my shame, stopping the vibration of my dignity, solving a crawling path to reach me, alone, to end the last vestiges of my confidence.

From my bier of charcoal black brambles, many ideas went through my desire without difficulty and became embedded in my memories. I showed a bland response by moving my fingers counting the last days of my life. Nothing remained in those boxes of ineffable situations, I reviewed them with oppression, and with regret I stole the last words that dragged me to this place and mixed them innocuously with my last designs and collided.

Lost. In a fantasy stained by despair, the kiss of death was better under this swift and constant sky, with its illusory beauty soothing anxiety, and this pernicious soil of life that sips my vitality little by little.

So terrible words I remembered, too much, buried in that banal and hellish grave. Then, I plunged into a dream prepared by decadence, until, suddenly, I heard a voice more angelic than the same celestial choir. A figure emerged from nowhere, pushing away the shadows that feared his presence. It was there that my surrendered eyes woke up, and they saw that fire with exalted amazement.

And it was there when I said to myself: This is not the end!

I moved my arms with enthusiasm and I shrewdly let go of the blackness that weighed me, I looked again at the restless sun and it seemed that I did not know, but I did not care. I destroyed the coffin that the evil nature had prepared for my departure, I dreamed again with good worlds that coexisted with the unhealthy, those who wanted my surrender.

I opened my embraces to hope again and took my first steps to a resurgent life. I went to the cost of that empyrean figure who saved me from that abyssal kingdom, but I could no longer find it. I did not fall into disgrace again, I felt strong and vivid, lashing the winds with brio and authority, shouting at the crashing seas asking them to calm the fury of their storm.

Sitting on beautiful rocks, I emptied myself thoughtfully, and I still am… waiting for that savior representative of the beauty to come again one day.

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Una crónica de la Demencia XIII

Ilustración

«…pudiste verme a través de un cristal, iba desapercibido y aun así notabas mi presencia. Todo eso se perdió después de aquel destello y ya no te reconocí…»

Los espejos consumen nuestra razón, alejan nuestro avance de la lucidez.

Las apariencias de la realidad son tan diversas y caemos en ellas imbuidos por nuestras percepciones. Detectamos paranoicamente el cambio, y lo sellamos hostilmente hacia el otro lado del abismo de la conciencia. Creemos que todo estará normal a partir de allí, pero sin darnos cuenta, dentro del lago de nuestra mente, regresa vengativo a consumir el alimento que emana nuestra razón.

Aciagas ilusiones que antes eran anhelos de amor, se han convertido en pasajes desconocidos de episodios insólitos. Ella se consumía ante la penumbra y se alejaba de su esposo por una desconfianza vil. Bajo el entorno de la vigilia transcribía en un carcomido diario, hablando sobre él y de que era un impostor. Una entidad insidiosa parecida al hombre al que amó, un ser salido de la nada que tomó su lugar y actuó su papel, con ocultas intenciones.

Él estaba agobiado por la angustia, dolido por la agresiva y repentina personalidad que adoptó su esposa. Ella se ocultaba dentro del cuarto más recóndito de la casa, mirando las paredes con detenida frialdad, escribiendo historias fantásticas, teorías conspirativas sobre el supuesto reemplazo de su esposo. La confianza hacia él se había extinguido y él, buscaba con desesperación un vestigio de su cordura.

Ella perdida estaba levitando en las arcas de la demencia. Un fin póstumo acechaba sobre los bordes del techo listo para entrar y llevarse a su pobre víctima. Él ya no podía salvarla de las garras de la locura, pero un último intento accionó, sin saber, que sería la culminación terrible del tormento.

Ella al verlo maquinó en espanto, se posó en su ventana a modo de querer saltar. Él gritó en pánico y usó sus palabras como último recurso, tratando de acercarse poco a poco y con prudencia.

Ella lo miraba con horror, intentando lanzarse a la muerte, pero no podía, el suicidio no manipulaba como designio. Un momento en la mirada de ambos se manifestó como una chispa y parecía que ella lo reconocía. Esbozó una sonrisa, muy leve, y luego se lanzó de la ventana, golpeando su cuerpo con las ramas de los árboles cándidos junto a la casa.

Una llama incipiente resurgida recientemente se extinguió, tomando por capricho un amor interrumpido.

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