Elaica XXV. La destrucción de Kreon (I)

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Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

La destrucción de Kreon

 
Los engaños causaron la desidia de Kreon, su traición no se compara con cualquier otra jamás vista ideada por la peor mente maestra bajo la tutela de la demencia de Sadgón. Algunos habitantes de la ciudad se lanzaron al mar, sin importar que sus destinos culminaran allí, era mejor ser tragado por las fauces de las profundidades que morir bajo el filo de las espadas negras de aquellas huestes.

Después de la destrucción de Calirio y su terror singular, era obvio que la siguiente en caer iba a ser Kreon, pero a pesar de ser solo una ciudad de comerciantes, era muy difícil el poder atravesar sus muros.

La defensa de Kreon estaba sobrellevada por impetuosos capitanes de Cenontes, que alertados por la devastación que ocurrió en Calirio fueron a ofrecer su destreza militar. Aunque el corazón de los habitantes de la ciudad estaba hecho añicos, los soldados adquirieron todo conocimiento de batalla que les proveían estos grandes guerreros.

Las torres de vigilancia de la ciudad fueron armadas con ballestas colosales y cañones, catapultas y lanceros, la pericia de estos soldados es lo que ha mantenido al mal a raya fuera de aquellos muros.

Las tácticas de las huestes negras de Elam rodearon la ciudad, pero sin efecto para poder ingresar a su objetivo. Mientras Kreon mantenga su temeraria defensa para convertirla en una ofensiva positiva, saldría victoriosa de aquella premisa.

Las personas dentro de la ciudad esperaban con pánico que los bramidos de la guerra comenzasen hacer estallidos dentro de sus delicados oídos. Los padres abrazaban a sus hijos con fuerza y trémulos. Todas las puertas se cerraron y después de mucho tiempo, después de un periodo de comercio sagaz e ininterrumpido, el comercio en Kreon se paralizó completamente.

El cielo negro que venía con aquellas legiones infernales reemplazó a las nubes de la ciudad, trayendo consigo un olor a hierro y un aire frío y fatigante. Los almirantes estratégicos de Elam comenzaron a trazar planes para sitiar la ciudad con éxito, pero no veían debilidad en ningún punto que pudieran atacar.

Todo parecía inútil en ese momento, pensaban que necesitaban más tiempo, pero de la nada apareció el gran estratega Casibus, el astuto, quien fue enviado directamente de Elam para ayudar a sus colegas. Casibus era el único estratega apto para tal empresa, sin embargo, no la tenía nada fácil.

Después de hacer una rigurosa reflexión, llegó a la conclusión que la única forma de penetrar Kreon era de manera insidiosa, utilizando tácticas de engaño para desorientar a sus defensores y poder entrar en la ciudad.

Casibus entabló una audiencia diplomática con los altos mandatarios militares enemigos, pero ninguno de ellos aceptó de buena manera pues bien sabían que podía tratarse de una trampa. Sin embargo, al final, el general Sortir, comandante de las legiones del oeste de la ciudad y versátil combatiente con la espada, aceptó la audiencia con el mentiroso Casibus.

Aquel encuentro de ideas pudo sentenciar la destrucción definitiva de Kreon, ambos bandos sabían que no se encontraban en situaciones sencillas y desviarse al lado equivocado del filo de la navaja podría significar el levantamiento de la batalla, fue en ese momento, en ese encuentro determinante, en que se decidió el destino de Kreon.

Continuará…

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El Zángano XXI. Beatriz (continuación)

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El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)
XIII. Bianca
XIV. Epítome I
XV. Eva
XVI. Eva (continuación)
XVII. Sabrina I
XVIII. Sabrina II
XIX. Sabrina III
XX. Beatriz

Obras originales realizadas por mí

Beatriz (continuación)

 
Un saludo en la calle trasciende en las esquinas y llega hasta a mí de manera inesperada. El cielo se nubla de repente y el viento comienza a agitarse levemente. Un aire fresco con olor a húmedo empaña mi rostro dejando entrar a mi mente ideas equívocas de miedo. Y estas se incrementan al ver a la distancia… a Beatriz.

En ese momento quería acelerar mis pasos y perderme en los interiores de mi casa, pero algo me detuvo, sentí como una fuerza invisible contraía los músculos de mi cuerpo, me producía un sentimiento difícil de explicar, no causó pánico en mi interior, puesto que mis sentidos no respondían, tampoco me provocó calma, era como estar quieto en su totalidad.

Cuando Beatriz se me acercó para hablarme, yo no le respondía, simplemente la miraba, suplicando su ayuda con desesperación para sacarme de la terrible situación en la que me encontraba. No estaba seguro en aquel momento si lo que tenía era un problema médico, si era así, no es parecido a ninguno que yo conozca.

Ella solo me hablaba y hablaba, era claro que ignoraba mi estado. Por mi parte, me encontraba como sumergido en un mar de angustias, queriendo gritar y ser escuchado, mi desesperación rebasó los límites de mi razón, y solo interiormente, me desvanecía por causa del horror que me invadía.

Ese tipo de cosas solo me pasaban cuando Beatriz se me acercaba, o fijara su atención en mí. No quería pensar que aquello se trataba de una fuerza sobrenatural más allá de mi comprensión, pero los eventos últimamente experimentados me llevaban a pensar eso. Ratificaba en aquel momento que eran intenciones ocultas y diabólicas que ella poseía hacia mí.

No podía dejarme llevar por aseveraciones sin sentido, tenía que indagar primero que era aquello que me causaba tales episodios. Sin darme cuenta, porque estaba muy distraído en mi estado de contención sobrenatural, Beatriz ya se había ido y yo finalmente fui liberado de mi oscura prisión.

No sé qué habrá pasado, pero el miedo me impulsó a meterme a mi casa y no salí de allí hasta el otro día. A la mañana siguiente, salí para el hospital inmediatamente a cumplir mis horas laborales y para aprovechar de hacerme una revisión completa en todo mi organismo.

Comencé por radiografías, exámenes neurológicos, revisiones de encefalograma, pruebas químicas, plaquetas y hematologías. Empezaba a pensar que se trataba de signos de encefalopatía o apoplejía, sin embargo, no dejaba de reflexionar que mi distrofia muscular se manifestó en el momento en que Beatriz me vio y se acercó a hablar conmigo.

Me hice todos los exámenes posibles, y en el transcurso de mi espera no dejaba de pensar en ello. Al tener los resultados en mis manos, no atisbé en ninguno de ellos ninguna anomalía, como si esta solo fuese producto de mi imaginación. Quedé sorprendido al ver que mis revisiones no presentaban nada en particular que provocaran mi déficit.

Entonces ¿Qué causaba tal impacto y sensaciones incomodas en mi interior hasta llegar al punto de atrofiar mis sentidos? Volviendo en retrospectiva me oponía a la idea de que todo lo que me pasaba era por causa de Beatriz, y de que poseía, alguna facultad satánica e inquietante que me provocaba tales insólitos malos ratos.

Aunque no creía en brujerías y sortilegios, eludirla se convirtió en mi máxima prioridad, porque experimentar todo eso de nuevo me causaba un agudo temor. Hice bien los primeros días y mantuve la secuencia lo más que podía, pero no pude evitarla en el reino que siempre me acompañaba en mis noches somnolientas.

En mis sueños, o mejor dicho, en mis pesadillas Beatriz se manifestaba como ave de rapiña con característica humanas, acompañada de otra criatura con las mismas facciones. Ambos me observan en cada sueño al dormir, como pacientes esperando algo en particular de mí.

Sentí tanto miedo, que a veces no me provoca dormir. Sin embargo, no todas las pesadillas son iguales, en algunas de ellas apara Beatriz sentada en la silla frente al espejo de mi cuarto. Me observa sonriente sin emitir palabra alguna, lo que me asustaba con intensidad.

Mi inquietud radica en que ella se levante y se acerque para cometer un acto ilícito contra mi persona, esperé que a eso sucediera, además, mantuve presente de que todos aquellos eran solo sueños horribles provocados por mi aberración a esa mujer. Pero hubo una pregunta que no dejé de hacerme y me hizo desfallecer a veces. ¿Quién es esa criatura que se manifiesta junto a ella y por qué siempre aparece en mis pesadillas?

Quizás sea señal de algo, no estoy seguro de ello. Varias veces se me ha acercado pero nunca me habla, sin embargo, me transmite sentimientos de odio y repulsión en contra de Beatriz. Sentía por ella un desprecio tan magnánimo, que era capaz de arrebatarle la vida sin culpa alguna.

Con cada noche que pasaba esos pensamientos se volvían cada vez más imperantes y volátiles. Me dominó la necesidad de hacer algo al respecto, aunque aún tenía mis oposiciones manifiestas, no eran rivales para enfrentarse a mis designios oscuros, influenciados por aquella criatura decrepita de aspecto mitad humano y mitad ave carroñera gigante.

Me ungí de sed de sangre y salí de mi habitación hasta el portal principal de mi casa. Me dirigí directamente a la casa de Beatriz quien vivía sola con su hermano minusválido. El entrar no presentó ninguna dificultad, ya que era apoyado por aquella entidad que deseaba tomar el alma de su víctima.

Me deslicé hasta su habitación, como sombra indetectable de la noche, y como el aire sigiloso y sutil me paré junto a su cama y la observé con los ojos abiertos hasta el límite. Dormía plácidamente, como si nunca hubiera cometido mal alguno. Impaciente comencé lentamente a colocar mis manos sobre su cuello y apreté con todas las fuerzas de mis brazos.

¡Oh Dios mío! ¡Pero qué bien se sintió aquello! Fue como la más placentera carnalidad aglomerándose en mi cuerpo. Las sustancias de excitaciones combinadas con una poderosa adrenalina me convirtieron en una poderosa máquina inhumana. Beatriz agonizó hasta su último aliento y yo solo observaba satisfecho como moría.

Finalmente no se resistió más, y quedó allí en su cama tiesa como una piedra. La criatura que me acompañaba al ver que había culminado se desvaneció en las sombras y yo rápidamente hice lo mismo escapando por el mismo camino donde llegué.

Huí de mi casa, de mi ciudad y dejé mi trabajo, deambulé perdido de un lugar a otro. La policía me busca con agudeza puesto que mis huellas quedaron marcadas en el cuello de Beatriz, ¡pero que inmenso placer!

Me oculto entre alcantarillas y pasadizos subterráneos de ciudades y pueblos contiguos al de donde vivía, esperando pacientemente el poder regresar a mi hogar y al tierno calor de mi cama, pero tengo pavor, demasiado… no por ser aprehendido por las autoridades, eso es lo de menos para mí, sino de encontrarme de nuevo con aquél parásito que me obligó a asesinar a Beatriz de manera cruel, siento que en cualquier momento me pedirá que otra víctima pase por mis manos.

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Bandido [Poema]

Soy bandido de esperanzas,
robo designios y calmas,
me alimento de asperezas,
de austeridades y demencias.

Voy hacia los pueblos y villas,
atravesando bosques astrales,
caminos de cortes estigias
de naturaleza seculares.

Camino en portales profanos,
sobre alas de dioses desterrados
precursores y muy licenciosos,
con gustos muy rigurosos.

El miedo muy lisonjero,
acaricia su lengua en mi oído,
empañando el ardor conferido
por mi deseo fuerte y confiado.

¡Ay mi amor como has cambiado!
A mi corazón has atiborrado,
al escapar de mi intenso pillaje,
que profería un regalo salvaje.

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Nuestros sentidos

Quizás el tiempo ha adquirido la fuerza suficiente para convertir a los instantáneos segundos en eternos suspensos. Yo no puedo ver una diferencia definida, para mí todo pasa exactamente igual. Las personas quizás ignoren esta secuencia que pasa desapercibida para nuestra clarividencia, pero no pueden desconocer la línea y todo lo que acontece en ella.

Si disfrutas la duración de un beso, reconoces la línea.

Si comes un alimento que excita tu paladar, reconoces la línea.

Si te quedas dormido, sumergido (a) en el más grato sueño, reconoces la línea.

Si disfrutas cada segundo en una vocación que te permite ser más quien eres, reconoces la línea.

No importa qué momento o qué circunstancia te vuelva ajeno (a) para no hacer una evaluación respectiva, lo que importa, es que sabes exactamente cuáles son los factores que activan nuestra entelequia, y nos otorgan la capacidad de reconocer lo que nuestros sentidos no perciben.

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Mis Andanzas [Poema]

Mis andanzas espectrales
visten fuego
como lumbres en las noches
mis andanzas son petulantes
como de engañosos trovadores
me dirigen hacia países
de mentirosos y juglares
de pérfidos y maldicientes
de justicieros e inocentes
de santos y confesores
van gloriosas y serenas
con mi corazón en piezas
dentro de pequeñas talegas
sonoras y bastante inquietas
y yo como alma turbada
angustiosa y peticionaria
por aquella colina empírea
que mi anhelo presenta
voy aquí en mi despliegue
con los ojos dilatados
sin descanso y pendiente
a donde mis andanzas me lleven.

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Una crónica de la Demencia XXVII

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«…la espera hace que el final sea menos espantoso…»

Se sintió como el soplo de la más helada y cruel venganza, entrando por mi ventana con la guadaña de la parca. Aún espero pagar por mis pecados, los sentimientos de culpa taladraron mi pecho acelerando mi corazón con rudeza.

No puedo dejar de pensar en esa sangre, en esos cuerpos mutilados ¿Fui yo quien cometió tal barbaridad? ¿Por qué no poseo conocimiento de eso? Es como si una entidad que vino de la nada me despojara vilmente de mis recuerdos.

Intento en retrospectiva recorrer los caminos de mi reminiscencia, pero hay un vacío que no me muestra esos instantes, como si fuera un portal cerrado con la más complicada cerradura. Me estremezco, recorre mi cuerpo el más vivido miedo, ¡No creo que pueda soportarlo más!

¡Invoco a la lisonjera muerte y a su cadavérica presencia para que me lleve en este mismo instante! De verdad, no creo que pueda soportarlo mucho más. Me levanto de mi silla, interrumpo mi espera con movimientos ansiosos que van de un lado a otro.
Me miro en el espejo y soy espectro decrepito, con los cabellos plateados y brillantes como la materia de la luna, con los ojos hundidos y la quijada consumida. Ostento la piel gris, áspera y fluorescente, y con la columna agachada a punto de derribarse.

Al verme así me corroyó el espanto, y caí al suelo dándome un fuerte golpe en la cabeza con la silla, lo cual, me dejó un periodo de tiempo inconsciente. Al despertar, vi que era todavía de noche y al observar a mi alrededor, me di cuenta que todo era normal, como si el ambiente decadente que me atormentaba fuese solo un espejismo de mi angustia, y luego de todo aquello me quedé pensando ¿Esta noche volverán los susurros a mis oídos para acompañarme de nuevo en mi cruel espera? De mi muerte.

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Mitología de las palabras – Hermafrodita

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El hermafroditismo o hermafrodita, se refiere a todo organismo que posee órganos sexuales tanto femeninos como masculinos. En zoología, esta particularidad es bastante común en los animales que no necesitan de una pareja sexual para procrear, por lo que poseen la característica de “auto-fecundarse”. Sin embargo, existe el caso de otros animales hermafroditas como el caracol, que tiene la capacidad de cambiar sus órganos sexuales de masculinos a femeninos o viceversa, durante el periodo de apareamiento.

Etimología

Del latín hermaphroditus, y este del griego antiguo ἑρμάφρόδιτός (hermaphroditós), epónimo de la deidad Hermafrodito, hijo de Hermes y Afrodita que poseía los rasgos distintivos de ambos sexos. Su sinónimo es: “Andrógino”, palabra también de origen griego.

Mitología

Afrodita (Venus), diosa de la belleza y el amor, estaba casada con Hefesto (Vulcano en la mitología romana), pero ésta lo detestaba porque era un hombre tosco y horroroso con hediondo aroma a hierro de las forjas. Adonis, el hombre más bello del mundo y adoración de Afrodita conquistó el corazón de la diosa, por lo que ésta trazó un plan con el sensual joven y así poder consumar juntos sus noches pasionales. Hefesto al darse cuenta de las infidelidades de su esposa, utilizó sus cadenas para atraparlos a ambos en pleno acto impúdico y luego los llevó con el resto de los dioses, para mostrar su vergüenza. Los dioses anonadados observaron condenatoriamente a los pecadores amantes, pero solo uno de ellos dio la mano por Afrodita. Fue Hermes, quien enamorado de ésta, dio la cara por ella, y la diosa sintiéndose muy agradecida, fue con Hermes prometiéndole varias aventuras.

De la unión amorosa entre ambos dioses nació Hermafrodito, su nombre se debe a la combinación del nombre de sus padres. Era el joven más hermoso que ha pisado la faz de la tierra y su belleza no tenía comparación alguna. A los dieciséis años, Hermafrodito se dirigió a un lago cercano del lugar de donde vivía, para refrescarse del calor, y entonces fue allí donde la náyade Sálmacis lo vio y se enamoró locamente de él. La ninfa se le acercó y le profirió llanamente su amor, pero Hermafrodito lo rechazó violentamente y se sumergió en las aguas del lago. La náyade al ver que el joven había entrado en sus dominios, le dio un fuerte abrazo y no lo soltó, y mientras tanto, pidió a los dioses el poder estar unidos para siempre. Los dioses escucharon la petición de Sálmacis y concedieron su deseo fusionándolos en cuerpo y alma. Y fue así, como Hermafrodito se convirtió en Hermafrodita, un ser con características de ambos sexos.

Arte sobre el mito

Fuente

La metamorfosis de Hermafrodito y Salmacis, por Jan Gossaert (ca. 1517).

Fuente

Hermafrodita peleando con un sátiro. Oplontis.

Fuente

Hermafrodita durmiendo: vista de frente.

Fuente

Hermafrodito durmiente: copia romana del siglo II de un original griego, Museo del Louvre.


Referencias

* https://es.wikipedia.org/wiki/Hermafroditismo

* http://etimologias.dechile.net/?hermafrodita

* https://es.wiktionary.org/wiki/hermafrodita

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Elaica XXIV. Los bandidos de Catagun

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Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Los bandidos de Catagun

 
Después de la destrucción de Calirio y su terrible magnicidio que cobró la vida de casi toda la población de la ciudad, los que sobrevivieron huyeron a través de catacumbas secretas que se conectaban con las alcantarillas subterráneas, y fue así, como lograron escapar del mal que los acechaba.

Muchos de ellos se fueron hacia el norte, hacia las colinas olvidadas lejos de Sadmente, donde la vida fría impera y lo desconocido es un factor que infunde peligro. Otros, en cambio, huyeron hacia los bosques de Catagun, vigilados por silínides, guardianas de los cipreses de toda Elaica.

Para estas Antiguas, estos bosques representan a una jerarquía sagrada, porque fueron creados poco tiempo después de que todos los Antiguos arribaran a Elaica. Las silínides aparentaban una naturaleza dócil, pero en realidad eran despiadadas y crueles al momento de proteger a sus amadas arboledas.

Cuando los supervivientes de Calirio fueron hasta allí a refugiarse en sus interiores, las silínides los observaron y no se manifestaron hasta que estos humanos hicieran algo indebido. Construyeron pequeños campamentos con las ramas y hojas que recogían y se desbordaban en lágrimas al pensar en la tragedia que cayó en su antes bello hogar.

Las silínides no tenían conocimiento de lo acontecido en Calirio, ya que para ellas —y para el resto de los Antiguos que se quedaron en Elaica después de la desidia, para resguardar sus creaciones más preciadas— no tenía relevancia alguna, porque no les importaba lo que a los humanos les pasara.

Los supervivientes de Calirio en Catagun, buscaban sus alimentos en el bosque y los ríos cercanos; lo que proveía la naturaleza a su alrededor eran peces, frutas y algunas hortalizas que se conseguían de manera exigua. También se servían de la casa de pequeños y grandes mamíferos, como liebres, conejos y gacelas.

Todo esto poco importaba a las silínides, ya que su prioridad eran los árboles y temían que los humanos fuesen a lastimarles. Se quedaban en constante vigilancia con ellos, cerca pero invisibles, con imposibilidad para ser detectadas.

Después de varios días en el bosque de Catagun, los supervivientes de Calirio pensaron en las huestes negras de Elam y temieron que éstas fuesen a revisar el bosque a buscarlos. Así pues, decidieron construir sus refugios utilizando la madera de los árboles. A tal idea, las silínides se manifestaron y se opusieron con voz imperiosa ante los humanos.

Los supervivientes de Calirio quedaron pasmados y muchos de ellos al verlas con sus armas fantásticas se paralizaron del miedo. Otros, se fueron hacia otras direcciones del bosque, intentando refugiarse del peligro que les acechaba. Las madres abrazaban a sus hijos llorando, puesto que el trauma que habían pasado no se había superado.

Las silínides se quedaron inertes pero imponentes al ver a los inofensivos humanos y expusieron las inquietudes que habían activado su enojo.

—Humanos foráneos, no permitiremos que lastimen a nuestros árboles de Catagun, nuestros más preciados tesoros. Son sagrados para nosotros por su antigüedad. Podemos comprender que no lo sabían, pero ahora que ya están advertidos, si se atreven a talar alguno de ellos las consecuencias serán mortales.

Todos los supervivientes de Calirio escucharon con atención la voz brava de una de las silínides, la cual, portaba una espada con hoja verde y su cuerpo estaba cubierto de pétalos, retoños de flores y ramas, como el resto de sus hermanas. Muchos de los que se habían escondido abandonaron sus refugios lentamente al entender lo que había provocado la ira de estas Antiguas.

Las personas se quedaron en silencio, todavía un poco pasmadas por la fuerte impresión que estos seres les habían provocado. Hablaron entre ellos diciendo cosas como abandonar Catagun ya que el bosque estaba ocupado por ellas. Pero un hombre se opuso a tal idea, porque era peligrosa y durante el trayecto era posible que se encontraran soldados negros de Elam.

Los supervivientes ya no sabían que pensar, tenían miedo tanto de las silínides como de los soldados oscuros de Elam, sin embargo, el hombre que manifestó la idea, cuyo nombre era “Raykim”, habló con las silínides en nombre de todas las personas que estaban en el bosque.

—Mis señoras, dueñas de todo lo que nos rodea, por respeto a su antigüedad y a su misericordia apelo, no nos lancen hacia las afueras de este bosque que nos resguarda. Nuestra ciudad fue destruida por batallones malditos y oscuros de Elam, la primera, enviados por la locura de nuestro rey, que ahora se ha vuelto un gobernante perverso. Nos quedamos sin hogar, sin refugios y con pocos alimentos, no es nuestra intención incomodar o causar mal alguno, si no quieren que talemos sus árboles ¡Está bien! No lo haremos, pero permítannos quedarnos aquí, por favor… solo queremos sobrevivir.

Ante las súplicas de Raykim, las silínides se miraron entre ellas y la lástima comenzó poco a poco a arraigarse en su interior. Todos los Antiguos tenían conocimiento sobre el mal que surgía de Ururthur y que éste en cualquier momento saldría de su contención para corroer otros lugares de Elaica.

Los humanos son los que pagarían por estas graves desgracias, las cuales, arrasaron sus estilos de vida. Fueron los que, después del abandono de los Antiguos, quienes quedaron para defender lo que sus padres crearon.

Las silínides reconsideraron todo esto analizándolo con detenimiento. Unánimemente, decidieron ayudar a los supervivientes de Calirio pero con la condición, de que estos no lastimasen a sus preciados árboles.

Las personas alegremente aceptaron y buscaron en otros lugares cercanos materiales para poder construir fuertes refugios. El bosque de Catagun se encontraba entre los caminos que enlazaban a las ciudades más importantes en Elaica como; Elam, Calirio y Kreon. Las caravanas comerciales transitaban por sus límites y era común siempre para las silínides ver este tipo de transporte desde el bosque.

Al destruir Calirio, los ejércitos negros de Elam comenzaron a usar esta ruta para crear campamentos militares y de extracción de recursos. Esclavizaban a las personas de los diferentes poblados a sus alrededores para estos trabajos.

Ante tales injusticias, surgió el grupo de los bandidos dirigido por Raykim, quien fue un aprendiz de guardia azul en Calirio. Manejaba a la perfección el arco, la flecha, la espada y las dagas, y era muy versado en el arte de la lucha cuerpo a cuerpo. Fue él quien entrenó a sus compañeros para atracar las caravanas comerciales de los soldados oscuros de Elam y robar sus recursos.

A medida que pasaba el tiempo y gracias a su arduo entrenamiento, los bandidos de Catagun se volvieron expertos en el arte del hurto y el bandolerismo. Bajo la protección de las silínides, se refugiaban en el bosque y liquidaban a los enemigos que osaban perseguirlos.

Fue así como sobrevivieron después de huir de Calirio, el bosque se convirtió en un santuario impenetrable para ellos, y aunque tenían capacidades muy buenas para la lucha, no se sentían con el valor de enfrentar a los ejércitos de Sadgón. Solo podían quedarse a esperar el momento en que la libertad emerja de nuevo de las cenizas de Elaica.

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El Zángano XX. Beatriz

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)
XIII. Bianca
XIV. Epítome I
XV. Eva
XVI. Eva (continuación)
XVII. Sabrina I
XVIII. Sabrina II
XIX. Sabrina III

Obras originales realizadas por mí

Beatriz

 
Unos ojos hermosos, claros de color ámbar como el del alba. Un rostro ovalado de simetría perfecta. Una piel blanca de fluorescencia plateada bajo la luz de la luna. Un cabello rizado, castaño claro y brillante. Unos labios hermosos y finos pero a veces ofuscados por una risa retorcida. Un cuerpo regordete pero con signos de sensualidad, y más aún, con su andanza particular. Una manía te estrujarse las manos cuando le ataca la ansiedad, por sueño o por hambre.

Estas características, a nuestra singular apreciación, pueden ser las de un ángel o una musa que vaga por la tierra, o de una criatura olvidada, lanzada con desprecio hacia la realidad de los mundanos. Abstraída a un trance en donde el tiempo no rige con sus leyes. Vigilada por un agente oscuro que transita por nuestros reinos.

En toda mi carrera de médico jamás vi algo que me dejara con la sangre helada, era como haber entrado sin darme cuenta a la más espantosa dimensión. Les contaré mi experiencia desde un principio para no tener que hacer tan larga mi introducción.

Mi vecina era una mujer muy mayor, una viuda que disfrutaba de ratos perpetuos de soledad, sin embargo, era muy visitada por una mujer más joven que ella, con las características físicas que mencioné al principio.

Su nombre era Beatriz, hija menor de la mejor amiga de mi vecina, siempre las ha unido un particular lazo de amistad. Para Beatriz, mi vecina era como su segunda madre, la quería tanto, que sentía lástima que ella estuviese tan sola.

Yo la conocí en uno de mis ratos libres, saliendo de guardia del hospital, me las encontré a ambas muy amenas sonriendo en el frente de la casa de mi vecina. Me saludaron, cruzamos varias palabras después de un rato y fue así como conocía a Beatriz.

Ella se encantó por mi estatus de soltero, al parecer, yo le interesé mucho, pero lastimosamente el interés no fue recíproco, por lo que solo pude ofrecerle cierta sensación de agrado.

Mi vida se centraba en el trabajo más que todo, no me permitía a mí mismo dedicarle tiempo a otra cosa. Puede que por esa y otras razones algunos de los vecinos me ven con ojos de prejuicio y extrañeza. No tengo porque soportar ese tipo de cosas sin importancia.

No obstante, a veces, la soledad se vuelve cada vez más pesada. No me permite conciliar el sueño con abrumantes pensamientos. Los ojos del aislamiento, me han condenado hasta desfallecer lentamente a estos mundos foráneos, sin una mano con que apoyarme.

Muchas veces he pensado en la necesidad de tener una compañera a mi lado, pero no me sentía o no me daba la idea de que esa mujer debía ser Beatriz. Había algo que me rechazaba o me advertía que aquello estaba fuera de las jurisdicciones del control, tal sensación, era parecida al miedo, que se activa cuando presiente el peligro.

Tal estremecimiento, tal pensamiento, no pasó desapercibido al encontrarme a Beatriz de nuevo en las afuera del hospital, su interés hacia mí la había llevado a mi encuentro ese día. Desayunamos juntos en la cafetería, hablamos de varios temas en un periodo de tiempo de treinta y cinco minutos. Durante todo ese espacio, yo no dejaba de sentirme pusilánime.

Miraba a Beatriz con cierto cuidado, con mis ojos casi queriendo salirse de sus orbitas, al igual que mi cuerpo que quería salir huyendo de allí. Me di cuenta que ella desconocía completamente mi estado y las sensaciones que dañinamente me atiborraban, ya que se encontraba ignorante contándome sobre distintos temas de la cotidianidad.

Ante ella podía percibir como el espacio cambiaba, y no a modo de buen gusto, sino de una forma bastante atroz. El viento comenzaba a agitarse a mis espaldas como si estuviese comprimido. Los aromas a mi alrededor se volvieron fétidos, como si una pila de cadáveres se encontrara a nuestro alrededor.

El entorno era como si el día se encontrara nublado o arropado por la noche temprana. Puedo jurar en ese momento, y es lo que más me impresionó, que detrás de Beatriz pude vislumbrar a una criatura alada con características humanas, como brazos y piernas emplumadas.

Su rostro parecía una máscara o un cráneo de ave carroñera, el tipo de ave no me importaba, lo que me tenía sin cuidado era ¡Que no tenía ojos! Sentí un pasmo en mi pecho pero en ese momento ¡Mis músculos estaban completamente paralizados!

No respondían a mis inquietudes, por lo que dejaron que mis ojos se quedaran contemplando con horror a aquella criatura aberrante y oscura de dos metros de altura. ¡Dios mío! ¡Fue tan horrible! Intenté gritarle a Beatriz pero esta no reaccionaba ante mis alaridos.

Ella seguía conversando, como si nada pasara, era como estar atrapado en una dimensión en la que sólo yo era participe. En un instante, cuando vi que aquella criatura se me acercaba para tomarme con sus horribles y nudosos dedos decrépitos, todo desapareció, y la normalidad volvió a imperar a mi alrededor, pero no el miedo que sentía.

Me encontraba parado frente a Beatriz, en ese momento tan singular. Se despedía de mí y yo respondí intentando guardar la calma, y nos prometimos un nuevo encuentro póstumo.

Regresé hacia los interiores del hospital, un poco más tranquilo pero pensativo por mi imaginación tan volátil. Creía en ese momento que tenía que hacerme una revisión neurológica o encefalográfica, ya que aquello no fue normal.

Al andar por el pasillo frente al departamento de radiología algo tomó mi atención fuertemente. Miré al suelo e impresionado encontré, una pluma muy grande de cuervo o de cóndor. Era parecida a aquellas que adornaban a la criatura; enorme y manchada de suciedad.

No soy creyente en misticismos, brujerías o en cosas cabalísticas, pero estos estados lóbregos empañados de terror al que soy empujado no vienen de una naturaleza normal. Cada vez que pienso en Beatriz, mi mente se llena de pánico ¿Qué clase de espantosa entidad lleva consigo en su esencia a todas partes? Por todo lo que es sagrado en el mundo, he de evitar descubrirlo.

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¿Confiarías en alguien ajeno a ti en una sociedad sin leyes y regímenes?

Los regímenes espaciales están conformados por ciertos factores fundamentales que componen la sociedad, si hablamos de alguna zona o aglomeraciones de entes en particular, encontraremos una serie de mundos y vidas que guiadas por la entelequia, soportan la cosmogonía imbuidas por la máxima autoridad. Si el hombre se dejara llevar por sus propios designios, se manifestarían hendiduras dentro los organismos de la vida social. La existencia sin reglamentos quedaría excluida a la barbarie y lo que llamamos “maldad”, sería la verdadera naturaleza del hombre. A tal análisis reflexionamos ante la siguiente premisa:

¿Confiarías en alguien ajeno a ti en una sociedad sin leyes y regímenes?

Ilustración

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