Una crónica de la Demencia XX

Ilustración

«…tenía miedo, interrumpir la vida de mis seres queridos ha sido lo más noble que he hecho en vida. No podía soportar la idea, de que aquellas crueles palabras se cumplieran…»

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El palacio de las pesadillas provenía de un pasado glorioso y tranquilo, que con el tiempo, se mancilló por la locura de su señor atiborrado por la desesperación; cuenta la leyenda que anteriormente era un hombre firme, jamás enfrentó calamidad alguna puesto que su personalidad atraía pasividad de las diferentes estaciones del mundo. Pero un día, la envidia tocó su puerta, sostenida por un hombre que había perdido todo vestigio de su humanidad. Exhaló palabras malsanas de muerte y traición, y se dirigió hacia la nada, dejándose consumir por la oquedad del vacío. Los sirvientes del palacio permitieron tal insulto, ya que para ellos solo se trataba de las palabras de un anciano demente, pero tales palabras taladraron con rigor en la mente de aquél hombre, convirtiendo su paranoia en enajenación. Tal era su preocupación, que esperaba con ansiedad la llegada de aquél martirio, y tal era su desconfianza, que su familia y sirvientes pagaron la desgracia que el pobre hombre les había llevado. Provocando la muerte de sus allegados, pensó que no era suficiente, puesto que creía que la maldición de aquel anciano, iba a llegar a él a través de un desconocido. No soportó a la incierta espera y a la soledad maléfica, así que decidió ingerir la causa de la muerte de sus seres queridos. Un veneno que provenía del ardiente desierto, el cual, detuvo su corazón en un instante, y antes de su última partida de este mundo, vio a una figura inhumana que los esperaba con esmero.

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Mitología de las palabras – Cereal

Ilustración

El cereal es el alimento base de la dieta humana y animal, debido a sus altos componentes nutricionales. Se caracteriza porque el fruto y la semilla son una misma cosa. A diferencia de otros alimentos, los cereales pertenecen a un grupo de plantas de las familias gramíneas, presentes en casi todos los países del mundo, y se ha constituido, desde siempre, en la base de alimentación de sus pobladores.

Etimología

La palabra cereal proviene del latín “Cerealis” y está relacionada con Ceres¸ diosa romana de la agricultura, la fertilidad de la tierra y la abundancia de cosechas. Su equivalente en la mitología griega era Deméter. Su nombre de raíz protoindoeuropea: “Ker” significa “Crecer, crear”, que también está presente en el griego kópƞ (Kore=muchacha, pupila). Esta palabra también forma parte de la estructura de cerverza, cervecero o cervecear. Existe un planeta enano del cinturón de asteroides llamado Ceres, al igual que se usó como inspiración para el elemento químico Cerio (Ce), cuyo hallazgo tuvo lugar dos siglos después del descubrimiento del planeta.

Mitología

Ceres era hija de Saturno y Ops, madre de Proserpina, hermana de Juno, Vesta, Neptuno, Plutón y Júpiter. Enseñó a los humanos el arte de cultivar la tierra, de sembrar, recoger el trigo y elaborar pan, y gracias a esto fue considerada diosa de la agricultura. Su hermano Júpiter, cautivado por su belleza, engendró con ella a Proserpina (análoga de Perséfone en la mitología griega). También Neptuno se enamoró de ella, y para escapar de éste, Ceres se transformó en yegua, pero el dios se dio cuenta y se transformó a su vez en caballo, siendo así Ceres madre del caballo Arión.

Ceres era también la patrona de Enna (Sicilia). Según la leyenda, rogó a Júpiter que Sicilia fuese ubicada en los cielos. El resultado, debido a que la isla tiene forma triangular, fue la constelación Triangulum, uno de cuyos nombres antiguos fue «Sicilia».

Tenía doce dioses menores que la ayudaban y estaban a cargo de los aspectos específicos de la agricultura: Vervactor, que transforma la tierra en barbecho. Reparator, que la prepara. Imporcitor (del latín imporcare, ‘hacer surcos’), que la ara en anchos surcos. Insitor, que siembra. Obarator, que ara la superficie. Occator, que la escarifica. Sarritor, que la escarda. Subruncinator, que la clarea. Messor, que cosecha. Conuector, que transporta lo cosechado. Conditor, que lo almacena, y Promitor, que lo distribuye.

Arte sobre la diosa Ceres

Fuente

Diosa Ceres sedente. Siglo I d. C., Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (España).

Fuente de Ceres en el Jardín del Parterre de Aranjuez.

Ceres en una representación medieval.

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Elaica XV. Las islas Zul’Kuk

Ilustración

Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Las islas Zul’Kuk

 
El mal llamado «mar Ofco», representaba a una de las extensiones acuáticas más inmensas de Elaica, y erróneamente era llamado mar, por los marineros que zarpaban de los puertos de Kreon, quienes nunca habían pisado las tierras exteriores. Ofco era un vasto océano, que se encontraba en medio de los dos únicos continentes de Elaica; temible por el hombre ya que los Antiguos de las aguas que allí vivían, no permitían la transición llana, especialmente, el poderoso Nonse, señor de la tempestad. Estar ante la presencia de Nonse era como morir cercenado por la guadaña de la muerte, ya que éste estaba tan cargado de ira como una tormenta, y todos aquellos Antiguos que lo seguían cumplían los caprichos de su furiosa voluntad.

Naya, la amable, era la única que podía apaciguar la ira de Nonse. Los marineros le pedían incansable misericordia a Naya, para que ésta calmara a Nonse. Los hombres en el océano empleaban un extraño ritual, el cual, albergaba un baile que debía emplearse en los límites de los territorios de éstos Antiguos, ofreciéndoles tesoros traídos de la tierra codiciados por ellos, como las dulces manzanas de los árboles de los jardines de Elam por ejemplo. Si tales ofrendas tenían el visto bueno, Naya aparecía ante los marineros que querían cruzar los peligrosos territorios, acompañada de su séquito de sirenas con cuerpo de medusa y cabeza y hombros de mujer, quienes tomaban los frutos y los degustaban entre ellas felices. Al estar satisfecha por el regalo, Naya volvía al océano sin decir palabra alguna, y tal acto ya era señal de que los marineros podían seguir adelante.

Estos misteriosos rituales solo fueron revelados por los magos sabios de Calirio, que a su vez, fueron instruidos sobre este comportamiento por los Terentes, los sabios Antiguos de las aguas que vivían cerca de los pozos de Sadmente.

Al este de las tierras exteriores, el continente que se encontraba al otro lado del océano, estaban las islas «Zul’Kuk», llamadas así, por las tribus que las habitaban. Eran una aglomeración de cinco islas, las cuales, no variaban en cultura en cuanto a sus habitantes. Existen teorías sobre estas tribus establecidas en esas islas, puesto que se pensaba que solo existieron ocho tribus de humanos que se proliferaron por toda Elaica, y jamás se escuchó mencionar sobre una novena. Muchos dicen que ellos eran parte de la séptima, pero, que al separarse del resto de sus compañeros al cruzar el mar Ofco, arribaron en aquellas islas y comenzaron una vida primitiva allí.

Pero se pensó luego que aquello era imposible, porque todos los seguidores y nobles que acompañaron a Emika hasta las tierras exteriores, llegaron allá sin ningún inconveniente o desviación, por lo tanto, aquella novena tribu había surgido en aquellas islas y no fue descubierta hasta que los exploradores de Emika llegaran allí, mientras buscaban nuevas tierras que habitar.

Durante la construcción de Azziri, en las tierras exteriores, los de las tribus Zul’Kuk hicieron amistad con Emika y sus súbditos. No había mucha distancia entre Azziri y aquellas las islas Zul’Kuk, por lo que podían ir y venir en balsa las veces que ellos quisieran y convivir ambas culturas tranquilamente. Gracias a aquellos aborígenes, los de Azziri aprendieron a relacionarse con los Antiguos, de ellos aprendieron el secreto, ya que los Antiguos que habitaban las tierras exteriores eran de personalidad más tosca que aquellos que vivían en el otro continente. Los Zul’Kuk profesaban el respeto, la comunicación mutua y la magia, como principal elemento. Los chamanes convivían más que todo con los Antiguos de la tierra, y se la pasaban en cuevas tan profundas, que era posible que llegaran al corazón de las islas.

Había otra jerarquía en aquellos indígenas que convivía con los Antiguos de las aguas, y estos eran llamados los «Lu’Aks», sabios ancianos con el poder de comunicar el conocimiento, a través de los saberes que sus maestros del mar les proferían, y éstos, solo eran escuchados por éstos hombres de cabeza rapada y barbas largas. La jerarquía de los guerreros era más respetada, conocieron el arte de la guerra no por los Antiguos del viento, sino por el enfrentamiento que hubo por un tiempo entre las distintas tribus. Convirtieron sus herramientas para la cacería en armas mortales, y crearon sus propios estilos de pelea para enfrentar a sus oponentes.

Estas tribus no sabían nada de Uruthur, de los reinos de Elaica ni nada que tuviese que ver con el otro continente, estas cosas fueron conociéndolas superficialmente gracias a las personas de Azziri, quienes les contaban sin detalle sobre lo que había hacia el oeste del mar Ofco. El estilo de vida de los Zul’Kuk nunca fue perturbado, ayudaban a la gente de Azziri a adentrarse con cuidado en los vastos e inhóspitos territorios del continente de las tierras exteriores, su influencia fue de mucha ayuda para la supervivencia de los miembros de la séptima tribu y fue gracias a esto, que la ciudad prosperó y continuó adelante con sus planes.

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El Zángano XI

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)

Obras originales realizadas por mí

Amanda

 
La finca de los Montesinos, ubicada en los alejados límites de Nadari, un pueblo agrícola de minúscula población, su densidad no llega a los cien habitantes, y hoy en día, predomina la gente mayor, puesto que los niños en este lugar jamás nacieron a causa de un mal augurio, que amenazó abominable a drenar la vida de sus mujeres, y éstas cayeron ante el crudo suceso, cometiendo actos terribles que atentaron contra sus almas. Tales asesinas, acabaron con la vida que crecía en sus vientres, arrancado los fetos de sus entrañas abruptamente.

Ese día la gente lo llamó «El día de las lágrimas rojas», y nadie pudo superar desde entonces ser testigos de aquellos imperdonables actos cometidos. Los hombres jóvenes, padres de aquellas vidas interrumpidas huyeron a causa del horror, dejando a sus mujeres morir por el dolor. Y todo aquello sucedió por la influencia de un visitante, que solo buscaba el alma de una incauta, una joven enamorada de la libertad, con ilusiones de huir y conocer el mundo más allá de Nadari. Amanda era hija de Amelia Montesinos y sobrina de Candela Montesinos, las únicas mujeres solas del pueblo.

Amelia era viuda, mientras que Candela nunca se casó, vivió bajo la sombra de su belleza, y con la envidia que le tenía a su hermana por ella si haber conocido el amor. La detestaba, y a su sobrina también, pero no quería alejarse de ellas, puesto que temía quedarse sola. Amanda no era para nada parecida a su severa tía, ni a su afligida madre; su personalidad radicaba en la alegría, en la aventura, siempre desbordando energías. Cuentan los más ancianos que la joven adquirió la belleza gracias a su padre. Su cabello rojo cual carmesí, sus ojos amarillos como el alba del amanecer, su piel blanca y lisa como el mármol. Su rostro ovalado de perfecta simetría, portaba unos labios finos y rosados, y con orgullo más arriba de estos, se pronunciaba una nariz fina y pequeña, haciendo juego con la estructura de su mirada, y es que Amanda cautivaba con su belleza a hombres fieros y galantes, sin embargo, no caía con facilidad a los juegos del amor, puesto que su alma salvaje buscaba con ilusión vida en otro sitio, lejos de su lugar natal.

Las Montesinos representaban a una de las familias más extrañas de aquella región, su historia llena de tragedias perturbadoras era tema de conversación de las personas, agregándoles ironías y paradigmas fantásticos para hacerlas más interesante. Se contaba que el padre de Amanda era él una vez sacerdote del pueblo, quien sostenía una relación amorosa con Amelia, y en una de tantas noches de pasión que tuvieron, Amelia quedó embarazada y el padre al saber la noticia, huyó del pueblo con rapidez, sin dejar rastros sobre su paradero. Candela usó tal culpa para controlar a su hermana, y gracias a eso, la mantuvo a su lado encadenándola con el dolor de su corazón herido. Candela a pesar de ser la más hermosa de ambas, jamás tuvo un romance siquiera, era una mujer muy extraña, y ningún hombre se atrevía a acercársele.

Candela no permitía la llegada de extraños a los límites de su finca, era como si todo el mundo fuese una amenaza invasora para ella, mantenía siempre un arma cerca de ella, y por esta otra razón, nadie las visitaba. Amelia era de una personalidad más dócil, trastornada pero aun así más amable que su cruel hermana. Constantemente tejía sola en su habitación mientras el tiempo pasaba hasta llegar la noche. Miraba por la ventana, hacia el horizonte, recordando los últimos vestigios de su juventud, los cuales cada día, recordaba con menos satisfacción y más con melancolía.

La raza de los Montesinos parecía que iba a llegar a su fin, las personas que las conocían creían estar en presencia de su último linaje, ese pensamiento duró, hasta la llegada del joven Roberto Sandoval, un ex capataz de hacienda, que había llegado a Nadari buscando empleo y cobijo para subsistir. A pesar de sus bruscos modales, el muchacho denotaba simpatía, atractivo y galantería, y no pasó mucho tiempo antes de que estas cualidades domaran el alma salvaje de la joven Amanda. Encontraron el amor en ellos y tuvieron un romance secreto, ya que Amanda le temía más a su tía que a los comentarios de las personas. El amor secreto de Amanda y Roberto, se convirtió en un rumor que inundó al pueblo, y como sabemos, los rumores son más rápidos que el viento, o las aguas de un caudal, dicho rumor, no tardó mucho en llegar a la finca de los Montesinos.

Candela, al enterarse de la aberrante noticia, emanó de ella un infierno que voló hacia el cielo, y escupió maldiciones que encendieron con ira las paredes de la gran casa. Amelia aún no sabía nada sobre aquello, y su hermana lo ocultó, puesto que estaba segura que eso le causaría alegría a su solitaria hermana. Pero Candela también guardaba otro secreto, uno que ni su hermana sabía. Candela era diestra en el arte de la brujería y la invocación de espectros de mundos alternos, tanto fue su resentimiento que decidió emplear sus prácticas de hechicería antigua para invocar a la peor entidad de todas, el cual, fue llamado por los predecesores «El terror de las mujeres».

Aquel ser provenía de una maldición inquebrantable, la cual no se podía esfumar hasta que la maldecida, después de pasar por un calvario terrible, sucumba a la muerte al final. Se dice que es uno de los peores maleficios que se le puede lanzar a una persona, y Candela, estaba dispuesta a acabar con su familia solo para vengarse de su sobrina.

El lugar estuvo profanado y sellado para siempre, una sombra con aspecto de ave carroñera y hombre moribundo comenzó a cubrir Nadari. Ese día, las personas corrían a sus casas asustadas, y las ancianas sostenían sus rosarios y crucifijos con fuerza, mientras rezaban sus plegarias con intensidad por medio de voces trémulas y quebradas. Ese día, fue cuando todo comenzó, el inicio de una tempestad imposible de evadir.

Continuará…

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La cueva de las Hermanas / The Cave of the Sisters

Ilustración/Illustration

Versión en español

Una vez soñé que tenía alas, hermosas y doradas, como las de un cóndor fantástico. Hace días encontré un cúmulo de rocas, las llamé “Hermanas”, porque nacieron juntas y vivieron mucho tiempo unidas. Volé con mis nuevas alas hacia el cielo de colores tenues, y visité a las Hermanas, para contarles historias. Muchas de ellas dormían, y se ilusionaban con las aventuras que mis palabras proferían.

Un día, muchas de ellas cayeron, alejándose del dominio de su naturaleza, y tras su huida, me enseñaron una entrada, con lianas bruscas y enojadas que se agitaban a presencia de los intrusos. Extendí mis alas y las batí con brío, provocando temor en aquellas guardianas furiosas. Libré mi paso hacia esa cueva incursionando hacia dentro de sus ásperas instancias, suelo afilado y débil visibilidad. Mis enormes alas se arrastraban y rozaban dentro de las cavidades de aquel recóndito cuerpo. Trémulas reaccionaban ante el eco de un coro de voces desconocidas, más allá de la garganta del tenebroso escondite.

Mi alma piloteada por la curiosidad, me llevó a un espacio abierto donde los sonidos se reunían para luego ser expulsados hacia la superficie. Vislumbré una luz fluorescente y azul, que emanaba de uno de los grandes orificios que torpemente hacían alusión a una entrada. Me adentré con sumo cuidado puesto que aquél camino estaba adornado con más obstáculos mordaces. Mis alas excitadas no dejaban de temblar, y cada vez más, a medida que avanzaba, las voces intensas de aullidos y alaridos misteriosos tronaban con más fuerza en mi cuerpo, creando un aura de tensión. Al acercarme al epicentro de lo que mis ojos querían encontrar, observé con asombro el antiguo ritual de los «Niños», los primeros hijos de los cazadores, quienes se refugiaban bajo el arropo subterráneo de aquella región, llena de sortilegios insólitos por descubrir.

En medio de sus paganas actividades notaron mi presencia, y al verme se espantaron, soltando de sus manos tras su escape papeles que representaban a las páginas rotas de mis viajes, y en una de ellas, había un escrito que me causó un agudo estupor por tratarse del día de mi muerte. Desperté con mis alas convertidas en polvo, una lacerante sensación en mi espalda que me mantuvo inerte por un rato en mi lecho, y un pensamiento titilante sobre aquellas crueles palabras, que trastocan cada vez, que intento sumergirme en las profundidades de un sueño.

English version

Once I dreamed that it had wings, beautiful and golden, like those of a fantastic condor. A few days ago I found a cluster of rocks, I called them «Sisters», because they were born together and lived together for a long time. I flew with my new wings to the sky of faint colors, and visited the Sisters, to tell them stories. Many of them slept, and were deluded with the adventures that my words uttered.

One day, many of them fell, moving away from the control of their nature, and after their flight, they showed me an entrance, with sharp and angry lianas that agitated in the presence of the intruders. I spread my wings and beat them briskly, causing fear in those furious guardians. I freed my way to that cave, penetrating into its harsh instances, sharp ground and weak visibility. My huge wings crawled and brushed into the cavities of that hidden body. Tremors reacted to the echo of a chorus of unknown voices, beyond the throat of the tenebrous hiding place.

My soul, piloted by curiosity, took me to an open space where the sounds gathered to be expelled to the surface. I glimpsed a fluorescent and blue light, which emanated from one of the large orifices that clumsily referred to an entrance. I entered with great care since that road was adorned with more biting obstacles. My excited wings kept trembling, and more and more, as I advanced, the intense voices of howls and mysterious screams thundered more strongly in my body, creating an aura of tension. As I approached the epicenter of what my eyes wanted to find, I watched with amazement the ancient ritual of the «Children», the first sons of the hunters, who took refuge under the subterranean clothes of that region, full of unusual spells to discover.

In the midst of their heathen activities they noticed my presence, and when they saw me they were shocked, releasing from their hands after their escape papers that represented the broken pages of my travels, and in one of them, there was a writing that caused a sharp stupor for me. be the day of my death. I awoke with my wings turned to dust, a lacerating sensation in my back that kept me inert for a while in my bed, and a twinkling thought about those cruel words, which turn every time, that I try to submerge myself in the depths of a dream.

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Elaica, destinos por concluir

Ilustración

Hace tres meses ya, que inicié este proyecto literario al que titulé Elaica, una serie de relatos de fantasía que hablan sobre este mítico lugar que doy a conocer cada domingo, para las personas que disfrutan de este tipo de historias. La verdad he estado muy inspirado e incentivado a crear nuevos relatos, y es que todas estas ideas pasan por mi mente como una visión o una película. La verdad es, que los relatos de fantasía épica son algo distinto para mí, por lo que trato de utilizar una prosa más simple al estilo de las historias y los Cuentos de los hermanos Grimm.

Elaica se ha convertido en el desarrollo de mi experiencia como lector y escritor, desde que me inicié en STEEM, ya que aún estoy en formación, siempre estoy estudiando escribiendo para convertir esta serie de cuentos fantásticos en mi estandarte eterno. Aquí debo detenerme porque el objetivo de esta publicación es para hablar de ¿Qué es Elaica? ¿Cómo se me ocurrió la idea? Y sobre las partes que la componen.

Elaica es un mundo donde la humanidad se prepara para prevalecer, ante un mal, que solo busca la destrucción y el caos para así establecerse reinante. Como en todo lugar, las personas crearon estándares sociales, políticos y económicos para poder surgir, mientras están en supuesta “paz”, los humanos desarrollan sus ciudades y gobiernos y, también, en estos relatos se expone el origen de los gobernantes de las distintas ciudades principales y sus características. En ello también existe magia, demonios, dragones, seres mitológicos de distintas descendencias, los cuales, incidiré en ellos a medida que vaya avanzando más y más.

La idea de crear este mundo a través de mi prosa, nació de ver películas y series de fantasía, como El Señor de los Anillos: La Trilogía, Las crónicas de Narnia y Battlestar Galactica. Hay muchas más, de las cuales siempre me quedaba embelesado en aquellos días cuando veía mucho la televisión y tenía tiempo para disfrutar de una buena película. Ahora sólo me meto en estos mundos a través de la lectura, y basándome en ellos, he creado mi propio universo, un universo que quiero darte a conocer para lo contemples subjetivamente.

Aunque no lo especifíco, los relatos tienen su propia línea contigua; con algunos, he salteado ciertas líneas, para continuar sucesivamente con las otras historias sobre el desenvolvimiento de Elaica.

Los tres primeros relatos representan a la Segunda Era, y la he llamado así, porque es el comienzo del quebrantamiento de la corta paz que reinaba en el mundo, para darle paso a una era de conflicto y dolor, estos relatos son:

* I. El comienzo
* II. Atalayas de la guerra
* III. Tristán

Luego continuaré con esta línea inconclusa, puesto que me la he salteado para continuar con la otra línea a la que he titulado: La Creación, estos relatos hablan sobre el origen del mundo, de sus creadores, del surgimiento de los árboles, animales, y por supuesto, del hombre. Los relatos que comprenden esta línea son:

* IV. De los primeros Antiguos
* V. De sus talentos y características
* VI. El sol y la luna
* VII. Los Primigenios
* VIII. Las ocho tribus

Esta línea podría decirse que ya está concluida, pero he pensado agregarle otros relatos que acompañen a estos mitos. Y por último, tenemos la última línea hasta ahora, la que estoy “terminando”, aunque me falta agregarle más detalles puedo decir que la parte fundamental de esta serie está terminada, pero me faltan los detalles. A esta línea de relatos la titulé: Los Reinos, porque habla sobre las primeras ciudades establecidas por lo humanos, las cuales, las he nombrado consecuentemente:

* IX. La construcción de Elam
* X. Zaharán, la osada
* XI. Calirio, la sabia
* XII. Cenontes, La Aguerrida
* XIII. Menomes, La Bella


Me siento satisfecho con mi progreso hasta ahora, y que este progreso haya sido reconocido, con Elaica he aprendido que el valor de escribir no se encuentra en la sapiencia señorial, sino más bien, en la simplicidad. La creación de relatos que albergan magia e incentivan la imaginación del lector, son, por lo mucho para mí, más que esplendorosos. Así que continuaré, no sé si algún día le daré fin a esto, espero que STEEM sea lo suficientemente grande para todos mis relatos de Elaica.

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Una crónica de la Demencia XIX

Ilustración

«…ninguna otra cosa me ha hecho sentir la sensación de anhelar con tanta fuerza, que el momento de estar frente a frente, cara a cara…»

Fue hace tiempo, hace tanto tiempo que, mi corazón decayó en ese lugar, bajo el árbol de los duraznos que ya no da frutos. Muchos dicen que es por causa de una brujería que se haya vuelto tan tacaño. Otros dicen que es mentira, que se debe a los extraños nutrientes de la tierra, puesto que no es posible que el árbol que se ve ya casi muerto se sostenga y crezca tan vívido.

A mí no me importaban las suposiciones y creencias esotéricas de las personas, porque para mí, lo más importante eran los recuerdos, tan importantes eran que quedé atrapado en ellos. Un deseo ansioso dominaba mi mente, esperando cada día con nostalgia de que aquel encuentro volviese a ocurrir, y atiborrara mi corazón de flameante felicidad. Me aferré a ello con terquedad, dejando a un lado a mi familia, mis querencias personales, mi rutina diaria, mis ocios y pequeñas distracciones cotidianas, todo por ese deseo, esa sensación de que algo está a punto de suceder. Fue un presagio que ha llegado a mí lo que me cautivó, en forma de perfume.

Ese exquisito, deslumbrante y estupefaciente olor, activó todos los designios escondidos en los lugares más oscuros de mi corazón, regresándolo a la realidad de los vivos, a los que tienen objetivos y luchan por vivir. Fue tanta la sorpresa percibida por mis sentidos, que las lágrimas brotaron solas de mis ojos, y estas no eran de tristeza sino de felicidad. Deambulé sonriente por las calles, las cuales ya no estaban pintadas con un color gris, ni habitadas por entidades sin rostro provenientes de una vigilia sin luna. Pero estos paseos no eran tan recurrentes, ni para mí, ni para la persona que me acompañaba, quien me ayudaba a recorrer mis caminos ya que mi invalidado ser era incapaz de sostenerse por sí mismo.

Mi prioridad se había vuelto observar con esmero aquél árbol de duraznos, de aspecto extraño y tenebroso, pero hermoso para mí. Tan magnífico y señorial para su estirpe, las flores le huían tan solo con toparse con su sombra, ni siquiera crecían en él para embellecer la madera muerta de su cuerpo. Quizás la emoción de tan esperado suceso no me dejó ver que sus días ya estaban por culminar, corroyendo su estructura, demoliendo despacio su vida. Y a medida que él moría también lo hacía mi esperanza, sólo en aquel deprimente espacio, me daba cuenta, que la somnolencia de aquel perfume divino nunca lo volví a percibir.

Comencé a decaer tanto como mí ya moribundo compañero y la vejez causó fuertes estragos, no solo en mi abarrotado cuerpo, sino también en mi mente, la cúspide de mi razón. La espera se convirtió en mi único hogar, me desenvolvía en ella, me alimentaba de ella, poco a poco fui cayendo en la misma rutina, más desesperante que la anterior.

Al pasar el tiempo, mi compañero dio un tirón inesperado y su longeva vida finiquitó por fin, derrumbándose por completo. Aquello, fue como si cayera el último bastión de mi vida, convirtiéndome en una persona paranoica y atestada de preocupaciones. Ese día me acerqué para observar los últimos vestigios de aparente vida de mi amigo, y fue en ese momento, cuando estuve lo bastante cerca, que percibí ese olor otra vez. El perfume parecía provenir de su interior, y era mucho más agradable que la vez anterior, comprendí en ese momento, con los ojos bañados en lágrimas, que mi larga espera sin sentido por fin había terminado.

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Mitología de las palabras – Cancerbero

Cerbero, acuarela de William Blake.

La palabra “Cancerbero” según el diccionario de la RAE, hace referencia a un portero o guarda de bruscos modales, o a un portero (jugador) que defiende una portería.

Su origen proviene de la mitología griega, haciendo referencia a aquel gran canino demoniaco que vigila o resguarda la entrada al inframundo.

Etimología

Imagen de mi autoría

El célebre perro Cerbero, también aparece en la Divina Comedia de Dante Alighieri, mencionado en Canto VI del Infierno (Tercer Circulo). Su nombre Κέρβερος (Kérberos), proviene del griego, y significa “demonio del pozo”. La presencia de este monstruo mítico parece estar impregnada en toda la cultura indoeuropea, como por ejemplo, con el perro ensangrentado Garm que aparece en la mitología escandinava.

Mitología

Cerbero era el guardián de la puerta del Hades (Inframundo), se aseguraba que los muertos no salieran y que los vivos no pudieran entrar. Era hermano de Esquidna y Tifón, y hermano de Ortro. El último de los trabajos de Hércules era capturar al enorme can y llevarlo a la superficie, pero antes de ir directamente hacia él, tuvo que ir a Eleusis y aprender de los eleusinos como entrar al inframundo, pero primero tenía que ser absuelto de la culpa por haber matado a sus hijos. Una vez llegado a la entrada del Inframundo en Ténaro, Atenea y Hermes le ayudaron y gracias a la imponencia de Hermes, Caronte llevó a Hércules en su barca a través del Aqueronte. Algunas versiones cuentan que Hércules simplemente le pidió permiso a Hades para poder llevarse al perro, con la condición, de que éste no le hiciese daño. Otras versiones relatan que Hércules le dispara una flecha a Hades, y después de esto, lucha a fuerza contra el perro y lo arrastra hacia afuera de la superficie, pasando por la cueva de Aquerusia. Otras cuentan que Hércules trató amablemente al perro, y éste, al nunca ser tratado así, decide acompañar a Hércules a la superficie mansamente.

Arte sobre el mito

Fuente

Hércules y el Cancerbero, por Francisco de Zurbarán (1634, Museo del Prado, Madrid).

Fuente

Cerbero, por Gustave Doré.

Fuente

Boceto del Can Cerbero, 1585, Giuseppe Arcimboldo.

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Elaica XIV. Kreon, la rica

https://cdn.pixabay.com/photo/2013/07/13/13/53/diamond-161739_960_720.pngIlustración

Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Kreon, la rica

 

El Zángano X

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé

Obras originales realizadas por mí

Betsabé (continuación)

 
Raúl poco a poco despertaba para encontrar frente a él un escenario apocalíptico. Un fuerte dolor comenzó a recorrer su cadera y espalda, quizás por el fuerte impacto que recibió contra la pared. Trató de levantarse pero sentía tanto dolor, que quedó inerte por un rato junto a los escombros y observó la catástrofe a su alrededor. Había algunos enfermeros desmayados bajo la cortina de humo esparcida en todas partes, los directores del sanatorio, el doctor Añez y el doctor Arístides, se encontraban a un lado de él, también inconscientes por la fuerte explosión.

El humo negro y espeso emanaba de la entrada de la habitación donde se encontraba Betsabé, parecía que hubiera provocado el desastre con el más fuerte de sus alaridos, mientras se encontraba en ese repentino suceso psicótico. Raúl intentó levantarse del suelo una vez más, y esta vez, con un poco más de éxito, aunque su cadera golpeada le obstaculizaba el trabajo de moverse, se apoyó con todas sus fuerzas en la pared hasta que estuvo más o menos erguido. Comenzó a analizar la causa de aquel horrible escenario y empezó a hurgar en el archivo más reciente de sus recuerdos.

Lo último que llega a su memoria es el sonido de la risa desgarradora de Betsabé, la cual, causó un escalofriante estupor en él. Parecía que la pobre muchacha hubiese sido torturada por una fuerza mayor a ella, puesto que sus espasmos y su serie de retorcimientos se manifestaban inhumanos. Mientras la observaba con asombro, en el momento en que soltó un aullido que parecía demoníaco, un sonido aparte que empezó agudo llegó de impacto a sus oídos y luego todo se puso en blanco, hasta que despertó tumbado en el suelo con el montón de escombros y personas junto a él. Ojeó hacia dentro de la habitación donde se encontraba Betsabé recluida y se dio cuenta que ya no estaba.

Otros enfermeros y doctores habían llegado para auxiliar a los heridos del lugar, intentaron ayudar a Raúl pero éste se negaba, prefirió que ayudaran a los demás heridos que a él. No dejaba de pensar en Betsabé, sentía que algo no estaba bien, pensó que era demasiada causalidad de que la explosión haya ocurrido minutos después de su particular episodio epiléptico, así que por lo tanto, para Raúl fue ella quien provocó la explosión.

Salió a buscarla, mientras el personal atendía a las personas heridas. Caminó por los pasillos del sanatorio, cojeando, emitía de su boca gruñidos de dolor que luego se hacían cada vez menos ruidosos al avanzar. Notó unas marcas en las paredes, que parecían hechas de ceniza negra. Siguió las marcas que lo llevaban hacia un lugar bastante recóndito dentro del sanatorio, pensaba, que aquella pista lo llevaría directo a Betsabé.

El rastro lo llevó a una especie de sala deshabitada, iluminada por solo una linterna LED en el techo. Las paredes estaban manchadas de suciedad, pero el piso se veía limpio, era como si estuvieran remodelando aquella zona. No había nada significativo allí, ni siquiera rastro de la paciente. Había una puerta hacia el otro lado de la gran sala, Raúl se dirigió a ella para continuar su camino. De repente, cuando ya iba a medio salón, la única linterna que iluminaba el lugar comenzó a parpadear rápidamente. Raúl se detuvo, asustado de quedar a oscuras en ese lugar, y se dirigió a aquella entrada rápidamente, pero, para su sorpresa, la puerta estaba cerrada sin posibilidad de abrirse por la fuerza.

Desilusionado y cansado, se apoyó de espaldas a la puerta, y fijó su mirada en la linterna LED sobre el techo apunto de apagarse. Después de un corto suceso, la luz finalmente se apagó, y Raúl quedó un rato a oscuras, luego, la linterna se encendió de nuevo, y al mirar frente a él pegó un brinco de sorpresa y cayó al suelo del susto, al ver que Betsabé se encontraba parada justo frente a él, a solo unos cinco pasos, con la cabeza inclinada y los ojos fijos sobre el suelo. No hacía ningún movimiento, solo estaba allí, quieta, se podría decir que hasta serena. Raúl intentó levantarse poco a poco y preguntarle sobre el brutal y mordaz suceso reciente, pero luego, sus ojos se abrieron hasta el límite, al ver, algo que lo aterró mucho más que la propia Betsabé.

Una sombra, enorme, detrás de la trastornada paciente, cubría casi la mitad del lugar, era como una figura humana, con enormes alas extendidas y manos grandes con dedos largos y nudosos, que, con solo verlos, causaban el más punzante horror. Raúl observaba con detenimiento como la espantosa sombra coordinaba los movimientos de Betsabé, es decir, si la sombra señalaba un lugar, Betsabé se dirigía a ese punto dando pasos rápidos y sin voluntad. Si la sombra señalaba hacia arriba, Betsabé comenzaba a estirar los brazos como queriendo llegar a ese mismo punto con desesperación, parecía que ella fuese un títere humano, sin control sobre sí misma, dominada por una fuerza que no era capaz el pobre Raúl de comprender.

Dicha fuerza alteraba la razón de Betsabé, quien luchaba constantemente con aquel maligno ser, a través de auto torturas e impulsos suicidas. Había sido abrumada a tal punto, que su alma se entregó completamente a aquella maléfica voluntad, y sus últimas horas se convirtieron en un infierno en vida. En ese momento, tan terrible, tan extraño y tan largo, Raúl dejó de fijar su mirada en aquella sombra y se concentró en Betsabé, quiso decirle algunas palabras pero no hallaba las indicadas, sentía que no tenía caso, fue cuando de repente, la mirada de Betsabé se coordinó con la de Raúl y ambos se miraron fijamente. La mirada de Raúl emanaba miedo y asombro, pero de la Betsabé era aún peor, parecía que se fuese a desvanecer, en la miseria y el llanto, y Raúl pasó de sentir miedo a sentir lastima, puesto que sintió empatía y quiso ayudarla.

Nada pudo hacer en ese momento, en ese oscuro instante, porque la vida de Betsabé ya había sido carcomida con el tiempo y por el parásito infernal que con ella siempre estaba. Entonces, su deteriorado cuerpo no pudo más, y se desplomó al suelo en un instante. La sombra maldita detrás de ella desapareció, haciendo entender que su trabajo ya había terminado. Raúl fue a socorrer a Betsabé, buscando de algún modo emplearle técnicas de resurrección, pero se dio cuenta de que su corazón ya no latía. Abrazó su cuerpo frío y observó por última vez su rostro, y al verlo detenidamente, sintió un leve alivio que atravesó su pecho. Muerta estaba, pero una sonrisa en su rostro fue lo único que portaba.

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