Abejas en extinción / Bees in extinction


«Nunca he encontrado un hombre de quien no haya aprendido algo.»

— Alfred Victor de Vigny

«I have never met a man from whom I have not learned something.»

— Alfred Victor de Vigny

Mi casa, ya no es un hogar. Mi casa, es un refugio de fantasmas. Mi casa, es el albergue del tormento.

Yo vivía con mis tres hermanos desde que la hecatombe cayó sobre el mundo. Vivíamos en la antigua casa de nuestros ya fallecidos padres, cerca de los últimos campamentos más cercanos.

Agatha perdió la cordura, se la pasa deambulando todo el día por los paisajes desérticos de esta región, transitando caminos perdidos repletos de animales muertos que se pudren.

Marisa todavía en las noches, llora por las flores de su jardín, pero su sollozo es ahogado por los gritos y disparos que se vuelven cada vez más frecuentes fuera de nuestra casa durante las madrugadas.

Orestes es el más valiente de nosotros, es el único con el coraje de ir a los campamentos a buscar la ración diaria de comida. No sé dónde hubiéramos estado ahora de no ser por su liderazgo.

Yo soy todo lo contrario, soy un cobarde sin remedio. Me la paso sumergido en mis libros intentando exiliarme a mí mismo de esta realidad escatológica.

Las ciudades se han convertido en nidos de carroñas, desoladas y ruinosas. Lo que antes eran valles floridos, ahora son zonas arenosas habitadas por campamentos de sobrevivientes, dominados por un grupo armado llamado “La Línea”.

Las brisas se volvieron vendavales que arrasaban para extender su dominio. El cielo siempre estaba nublado, y cuando llovía, caía un espesor negro y putrefacto, como la sangre coagulada.

Yo no comía la carne de los campamentos, puesto que se esparció un rumor de que aquello en realidad era carne humana, lo cual suena muy lógico, ya que no se ha visto ningún tipo de animal vivo por aquí en semanas.

Todo este mal que cayó sobre nosotros, comenzó cuando todas las abejas desaparecieron, y la degradación del planeta empezó a agudizarse a niveles más catastróficos. Ahora solo se escuchan los lamentos de las madres por sus bebés muertos.

Hoy, la tragedia se agravó aún más sobre mis hermanas y sobre mí. Orestes había salido junto con Marisa a buscar la ración de comida de hoy, pero algo salió mal. Solo Marisa había vuelto, sin nuestro hermano. Agatha no estaba, seguía perdida en su mundo de delirios.

Marisa estaba sin habla, le grité, interrogué, hasta le supliqué con desesperación sobre el paradero de Orestes, pero no recibí respuesta, más al ver sus ojos de angustia sentí una dolorosa verdad penetrando dentro de mi pecho.

Marisa, ahora llora en las noches por la muerte de Orestes…

My house is no longer a home. My house is a refuge for ghosts. My house, is the shelter of torment.

I lived with my three brothers since the hecatomb fell on the world. We lived in the old house of our now deceased parents, near the last closest camps.

Agatha lost her sanity, she spends all day wandering through the desert landscapes of this region, transiting lost roads full of dead animals that rot.

Marisa still at night, she cries for the flowers in her garden, but her sob is drowned out by the screams and shots that are becoming more frequent outside our house during the early hours.

Orestes is the bravest of us, he is the only one with the courage to go to the camps to look for the daily ration of food. I do not know where we would have been now if it were not for his leadership.

I am the opposite, I am a coward without remedy. I spend my time immersed in my books trying to exile myself from this eschatological reality.

The cities have become nests of carrion, desolate and ruinous. What used to be flowery valleys are now sandy areas inhabited by survivors’ camps, dominated by an armed group called «La Línea».

The breezes became windstorms that devastated to extend their dominion. The sky was always cloudy, and when it rained, it fell a black and rotten thickness, like coagulated blood.

I did not eat the meat of the camps, since a rumor spread that this was actually human flesh, which sounds very logical, since you have not seen any kind of animal alive here in weeks.

All this evil that fell on us, began when all the bees disappeared, and the degradation of the planet began to worsen to more catastrophic levels. Now you can only hear the mothers’ cries for their dead babies.

Today, the tragedy worsened even more about my sisters and me. Orestes had gone out with Marisa to find the food ration today, but something went wrong. Only Marisa had returned, without our brother. Agatha was not there, she was still lost in her world of delusions.

Marisa was speechless, I screamed, I questioned, I even pleaded with despair about the whereabouts of Orestes, but I did not receive an answer, but seeing her eyes of anguish I felt a painful truth penetrating inside my chest.

Marisa, now cries at night for the death of Orestes…


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El reencuentro [micropoema] / The reunion [micropoem]

Déjame cantarte una balada,
extraña.
Que cautive tu interés y te haga,
anhelarme.
Sabiendo que el abismo ya no puede,
engullirme.
Estaré esperando por ti en el juego,
del reencuentro.

Let me sing you a ballad,
strange.
That captivates your interest and makes you,
yearn for me.
Knowing that the abyss can no longer,
swallow me.
I’ll be waiting for you in the game,
of the reunion.

Una crónica de la demencia V / A chronicle of dementia V


«Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto.»

— John Donne

«No man is an island, something complete in itself. Every man is a fragment of the continent, a part of a whole.»

— John Donne

Ella caminaba sola por los pasillos de aquél edificio, abandonada, a merced de la enajenación. Perseguía la travesía de una ilusión que se convertía en su realidad dentro de su cabeza. Atravesó lugares plagados de luces tenues mientras se dirigía a su destino. Cayó poco a poco en el embrujo de una existencia traidora.

Los corredores de aquél hospital estaban desolados por las noches. Oriana creía que las voces que clamaban su presencia eran reales, pero todo era producto de su ya deteriorada mente. Una mujer tan joven y bella, destruida por la desesperación, corroída por la más engañosa maldad.

Caminaba sin mirar atrás para acudir a la voz que tanto la deseaba. Recorrió un pasillo de luces parpadeantes, y en el fondo, una puerta que conducía hacia las escaleras que iban a la azotea. Estaba nerviosa y dudosa de continuar. Antes de pisar el primer escalón se detuvo, cruzó sus brazos mirando hacia arriba pensando en sus dos pequeños niños. ¡Oh! ¿Quién cuidaría de ellos cuando ella no esté?

Sus ojos se llenaron de lágrimas y un recuerdo arribó con la fuerza de un titán sobre su espalda. Secó sus lágrimas y retomó la compostura para continuar. Al momento de subir las escaleras la voz que la llamaba retomó la dirección de su juicio. Promesas de una entidad pérfida que aprovechó el infortunio de Oriana para vigorizar su locura.

Alimentada por la melancolía, Oriana subsistió gracias al deseo de ser libre, pero a un precio muy alto. Al encontrarse en la cima de aquél edificio de hospital psiquiátrico, comenzó a tener una pérdida de todos los sentidos de su cuerpo, y no pasó mucho tiempo de que también su mente se sumara para complacer el capricho de aquella voz.

En irreversible estado de trance, Oriana ni siquiera miró al vacío cuando estuvo frente a él, hizo como si se dejara llevar por la inusitada irracionalidad. Alzó sus brazos y se entregó a la nada, cayendo desde las alturas, dejando atrás las ataduras de su conciencia. Oriana inconscientemente lo hizo deliberadamente, trastornada por el deseo de volver a ver a sus hijos.

She walked alone through the corridors of that building, abandoned, at the mercy of the alienation. He pursued the crossing of an illusion that became his reality inside his head. He crossed places plagued with dim lights as he made his way to his destination. He fell little by little into the spell of a traitorous existence.

The corridors of that hospital were desolate at night. Oriana believed that the voices that claimed her presence were real, but everything was the product of her already deteriorated mind. A woman so young and beautiful, destroyed by despair, corroded by the most deceptive evil.

He walked without looking back to go to the voice that wanted her so much. He walked down a corridor of blinking lights, and in the background, a door that led to the stairs that led to the roof. I was nervous and hesitant to continue. Before stepping on the first step he stopped, crossed his arms looking up thinking about his two little children. Oh! Who would take care of them when she is not there?

His eyes filled with tears and a memory came with the strength of a titan on his back. He dried his tears and returned to his composure to continue. At the time of climbing the stairs the voice calling her resumed the direction of her trial. Promises of a perfidious entity that took advantage of the misfortune of Oriana to invigorate his madness.

Fueled by melancholy, Oriana subsisted thanks to the desire to be free, but at a very high price. When he was at the top of that psychiatric hospital building, he began to have a loss of all the senses of his body, and it did not take long for his mind to join in order to please the whim of that voice.

In an irreversible state of trance, Oriana did not even look at the void when she was in front of him, she pretended to be carried away by the unusual irrationality. He raised his arms and surrendered to nothingness, falling from the heights, leaving behind the bonds of his conscience. Oriana unconsciously did it deliberately, upset by the desire to see her children again.


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El ángel de las fechorías [Poema] / The angel of misdeeds [Poem]


«Lo malo no está en que la vida promete cosas que nunca nos dará; lo malo es que siempre las da y deja de darlas.»

— Juan Carlos Onetti

«The bad thing is not that life promises things that it will never give us; the bad thing is that he always gives them and stops giving them.»

— Juan Carlos Onetti

 

Y una vez más la ironía ha tocado las puertas de mi irreverencia. Con zarpazos agudos las garras de la serenidad se ensartan en mi cuerpo. Dentro de mí entra un alusivo que no corrompe, sino que me deja ver la verdad en toda su lúcida imponencia. Una potestad divina me salva de la tiranía de una realidad cruel, y me coloca a salvo nadando en los rápidos de sus afluentes.

Conquista mi vesania aquella figura intangible y llena de trucos traviesos. Exhibe su naturaleza con sarcasmo, tomando lo azaroso como herramienta para sus felonías. He roto todas las cadenas de mi juicio para embarcarme, en la aventura de un idiota ciego. El saludo intrépido de aquella figura me acerca cual hechizado a la beatitud de su cruel celada.

Me desprendo de toda actitud divergente que se oponga a mis cosechados deseos de vileza. Tomé la mano de aquél ser célico y emprendimos el viaje a un mundo de situaciones irremediables y conjuntas. Liberada quedó mi alma por un instante, y quise probar, otro anhelo aun mayor injustificado. Romper las ataduras de la misma verdad, aquella que los celestiales siempre tratan de ocultarnos.

Mi audacia no pudo irrumpir tal apetito, y vergonzosa cayó de nuevo en el abismo de la omisión. Gélidas percepciones causaron la somnolencia de mi ser, y de nuevo sucumbí al respiro de la calma. Y sobre aquél ser, sus intenciones fueron esporádicas. No confié de nuevo en dulces palabras sobre paraísos por conquistar.

And once again the irony has touched the doors of my irreverence. With sharp claws the claws of serenity are skewered in my body. Inside me comes an allusive that does not corrupt, but allows me to see the truth in all its lucid grandeur. A divine power saves me from the tyranny of a cruel reality, and places me safely by swimming in the rapids of its tributaries.

Conquer my vesania that intangible figure and full of mischievous tricks. He exhibits his nature with sarcasm, taking the random as a tool for his felonies. I have broken all chains of my judgment to embark, in the adventure of a blind idiot. The intrepid greetings of that figure brings me closer, bewitched by the bliss of his cruel trap.

I let go of any divergent attitude that opposes my harvested desires of vileness. I took the hand of that being a celibate and we started the journey to a world of irremediable and joint situations. Released my soul was for a moment, and I wanted to try, another even greater unjustified desire. Breaking the bonds of the same truth, that which the celestials always try to hide from us.

My audacity could not break such an appetite, and shameful fell again into the abyss of omission. Cold perceptions caused the drowsiness of my being, and again I succumbed to the respite of calm. And about that being, his intentions were sporadic. I did not trust again in sweet words about paradises to conquer.


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El secreto de los espejos / The secret of mirrors


«El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.»

— Alain

«The man who is afraid without danger, invents the danger to justify his fear.»

— Alain

Hay personas que creerán que soy un demente por mi temor a los espejos, piensan que ese pavor absurdo proviene de mi exasperante divorcio, o la perdida de mi hermano quien solo tiene hasta el día de hoy seis meses de muerto. No hay nada más equivoco que tales supuestas afirmaciones.

Mi eisoptrofobia es completamente justificada por una experiencia horrible que tuve en la casa que compré hace un par de años. Obviamente ya no vivo más allí, pero la serie de espeluznantes sucesos que viví en ese lugar me marcaron fuertemente. Compré aquella casa después de librarme de mi tormentoso divorcio, lo cual, fue como nacer otra vez.

La urbanización era tranquila, sin muchos niños correteando por las calles y molestando en las casas contiguas de la zona. No se veía mucha gente paseando por los alrededores, solo automóviles que salían y luego volvían al lugar. Aquella casa la convertí en un santuario para mi retiro, hubo solo una cosa en particular que no se me informó cuando la compré.

La casa estaba plagada de espejos por doquier, en la sala, en la cocina, en los pasillos, subiendo la escalera hasta el siguiente piso. Incluso en los cuartos había espejos tan enormes como el tamaño de una persona promedio. Al parecer el anterior dueño o dueña era un coleccionista, puesto que había una infinidad variada de marcos, tamaños y formas de espejos.

Algunos de ellos exhibían una notoria antigüedad, otros, eran de estilos más modernos y bien decorados. Era como entrar a un museo de reflejos artísticos, a donde quiera iba por la casa podía verme. Decidí conservar los espejos y también vender algunos de ellos, puesto que al comprar la casa automáticamente todo lo que yace dentro pasa a ser de mi propiedad, además, no necesitaba tantos.

Comencé a desenvolverme en aquél sitio que por un tiempo llamé hogar, desempacaba poco a poco mis cosas y tomaba fotos de todos los espejos para luego enviárselas a mi hijo, quien se encontraba estudiando en la Universidad de Santa Catalina cercana a esta ciudad. Al segundo día de habitar la casa, mientras desempacaba mis últimas cosas para guardarlas en el gran vestier de la habitación principal, empecé a sentir un repentino frío que se elevó poco a poco hasta mis oídos, fue bastante extraño puesto que había un calor de veintinueve grados y el aire acondicionado no estaba encendido.

Sentía una sensación extraña en mi estómago, como si lo estrujaran. Mire hacia atrás de mí y no pude avistar nada, me quedé tranquilo por un momento. Luego miré hacia delante de mí de nuevo y logré observar a través del espejo una figura blanca que caminaba justo detrás de mí. Aquello me disparó horrorizado y miré rápidamente hacia atrás, pero no había nada. Pensaba que solo era producto de la fatiga puesto que aquellos días estaba muy estresado entre la mudanza y el trabajo, así que ignoré aquél suceso.

Cuatro días después, a las seis de la tarde de un sábado, me dispuse a preparar la computadora de la sala para poder charlar con mi hijo un rato. Busqué un vaso con refresco y me senté frente a la pantalla esperando a que se conectara, nada anormal ocurrió mientras estaba allí, no obstante, cuando levanté la vista hacia el espejo que estaba detrás del monitor, vislumbré una figura masculina y pálida, como la de un anciano, de ojos negros y profundos, sin pupila aparente, mirándome con tremenda intensidad.

Di un brinco de mi silla y me volteo inmediatamente y, una vez más, no había nada. Esa segunda vez me puso más alerta, era demasiada coincidencia que aquello se repitiera. Cuando Daniel, mi hijo, por fin se conectó, le comenté sobre aquellos dos sucesos y por supuesto no me creyó, argumentando que todo eso era producto del cansancio y el estrés del divorcio.

Las apariciones manifestadas en los espejos no eran el único problema. Desde que vivía en aquella casa he tenido recurrentes sueños extraños sobre personas con vestimentas de épocas pasadas. No poseían rostro alguno y deambulaban de un lado a otro en una ciudad ruinosa y olvidada. Despertaba siempre bajo el manto horrido del mismo sueño, y mi cansancio se hacía cada vez más extenuante.

Tuve otras dos experiencias iguales manifestadas frente a los espejos, tan impactantes como las dos primeras, mi debilitamiento por aquellos hechos espeluznantes me hacían cada vez más débil y constantemente atormentado por la paranoia y el pánico. Daniel me recomendaba que abandonara aquella casa, puesto que no me hacía ningún bien seguir allí, se sentía muy preocupado de que mi estado de salud se tornara cada vez más febril.

Sin embargo, yo no podía desarraigarme con facilidad de aquél lugar, la mayor parte de mis ahorros los invertí comprando esa casa, además, era una buena zona cerca del centro y a diez minutos en auto hasta mi trabajo. No podía rendirme, así que cometí el persistente error de buscar una solución y seguir adelante.

Pensé, que todo se debía a los espejos, era lógico pensarlo puesto que las horribles apariciones se manifestaban a través de estos. No había otra forma o manera de detectar su presencia. Así que, en una lúcida idea, tomé un bate de béisbol, y comencé a romper los espejos con la esperanza de que eso acabase con la maldición que allí reinaba. Quebré cada uno de ellos con desenfrenada rabia, por soportar todo aquel condenado suplicio que me hicieron pasar.

Y terminada mi tarea al romper hasta el último de ellos, exhalé bocanadas de aire enormes con suma satisfacción. Observé los rotos cristales esparcidos por el suelo y una dicha de paz se alojó en mi pecho, sin embargo, aquello solo fue efímero. Mi corazón comenzó a achicarse al escuchar un crujir entre los vidrios, como si algo caminara sobre ellos. Aquél sonido se hacía más fuerte al mismo tiempo que el horror que me sofocaba, al no poder ver el origen del sonido.

Huí de aquél lugar y no volví. Mantuve la casa en venta desde entonces. Mandé a buscar todas mis cosas poco a poco. He estado viviendo en un pequeño departamento alquilado mientras se solucionaba mi situación financiera. Desde aquél día mi temor por los espejos o cualquier otro elemento que emita reflejo representa un mal augurio para mí, hay cosas… que de verdad no estoy dispuesto a volver a vivir.

There are people who will believe that I am a madman because of my fear of mirrors, they think that absurd dread comes from my exasperating divorce, or the loss of my brother who has only six months of death to this day. There is nothing more wrong than such alleged claims.

My eisoprothobia is completely justified by a horrible experience I had in the house I bought a couple of years ago. Obviously I do not live there anymore, but the series of horrifying events that I lived in that place marked me strongly. I bought that house after I got rid of my stormy divorce, which was like being born again.

The urbanization was quiet, without many children running around the streets and bothering in the adjoining houses of the area. There were not many people walking around, only cars leaving and then returning to the place. That house became a sanctuary for my retirement, there was only one thing in particular that I was not informed when I bought it.

The house was littered with mirrors everywhere, in the living room, in the kitchen, in the corridors, up the stairs to the next floor. Even in the rooms there were mirrors as huge as the size of an average person. Apparently the previous owner or owner was a collector, since there was a varied infinity of frames, sizes and shapes of mirrors.

Some of them exhibited notorious antiquity, others were of more modern and well decorated styles. It was like entering a museum of artistic reflections, wherever I went around the house I could see myself. I decided to keep the mirrors and also sell some of them, since when buying the house automatically everything that lies inside becomes my property, besides, I did not need so many.

I started to develop in that place that for a time I called home, I unpacked my things little by little and took pictures of all the mirrors and then send them to my son, who was studying at the University of Santa Catalina near this city. On the second day of inhabiting the house, while I unpacked my last things to keep them in the big vestier of the main room, I started to feel a sudden cold that rose little by little to my ears, it was quite strange since there was a heat of twenty-nine degrees and the air conditioning was not on.

I felt a strange sensation in my stomach, as if they were squeezing it. I looked behind me and could not see anything, I was quiet for a moment. Then I looked ahead of me again and managed to see through the mirror a white figure that was walking right behind me. That shot me horrified and I looked quickly back, but there was nothing. I thought it was just a product of fatigue since those days I was very stressed between the move and work, so I ignored that event.

Four days later, at six o’clock on a Saturday afternoon, I prepared to prepare the computer in the room so I could chat with my son for a while. I searched for a glass of soda and sat in front of the screen waiting for it to connect, nothing abnormal happened while I was there, however, when I looked up at the mirror behind the monitor, I caught a glimpse of a pale, masculine figure, like the of an old man, with deep black eyes, no apparent pupil, looking at me with tremendous intensity.

I jumped from my chair and turned around immediately and, once again, there was nothing. That second time it made me more alert, it was too much coincidence that it was repeated. When Daniel, my son, finally connected, I told him about those two events and of course he did not believe me, arguing that all of that was the product of the fatigue and stress of the divorce.

The appearances manifested in the mirrors were not the only problem. Since I lived in that house I have had recurring strange dreams about people with clothes from past eras. They had no face and wandered from one place to another in a ruined and forgotten city. I always woke up under the horrendous mantle of the same dream, and my tiredness became more and more strenuous.

I had two other experiences equal manifested in front of the mirrors, as shocking as the first two, my weakening by those creepy events made me increasingly weak and constantly tormented by paranoia and panic. Daniel recommended me to leave that house, since it did not do me any good to stay there, he was very worried that my state of health would become more and more feverish.

However, I could not uproot easily from that place, most of my savings was spent buying that house, it was also a good area near the center and ten minutes by car to my work. I could not give up, so I made the persistent mistake of looking for a solution and moving on.

I thought that everything was due to the mirrors, it was logical to think about it since the horrible apparitions were manifested through these. There was no other way or way to detect its presence. So, in a lucid idea, I took a baseball bat, and began to break the mirrors in the hope that it would end the curse that reigned there. I broke each one of them with unbridled rage, for enduring all that condemned torture they made me go through.

And when my task was finished by breaking every last one of them, I exhaled huge puffs of air with great satisfaction. I observed the broken crystals scattered on the floor and a bliss of peace lodged in my chest, however, that was only fleeting. My heart began to shrink when I heard a crackle between the windows, as if something was walking on them. That sound grew louder at the same time as the horror that suffocated me, unable to see the origin of the sound.

I fled from that place and did not return. I kept the house for sale since then. I sent for all my things little by little. I have been living in a small rented apartment while my financial situation was solved. Since that day, my fear of mirrors or any other element that reflects reflects a bad omen for me, there are things… that I’m really not willing to live again.


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Los niños de Lilith (Parte XII)


Partes anteriores.

Parte IParte IIParte IIIParte IVParte VParte VIParte VIIParte VIIIParte IXParte XParte XI

 

 

—No debimos haber vuelto a este lugar maldito. —Es lo que dijo Jonathan al estar frente a los límites de Caricao. El horror y la incertidumbre imperaban su mente. La revelación de un supuesto libro que los ayudaría a frenar toda esa locura lo puso dudoso y más discrepante a continuar.

—Hermana Agatha yo confío mucho en usted, y quiero ayudarla, pero hacer esto no tiene sentido. No sé a dónde quiere llegar, la noche parece eterna, el frío no se va y, el aroma a muerte en el aire sigue latente, estoy empezando a pensar que nuestro destino es morir aquí, ya me siento resignado.

La monja miró al agente con tristeza y puso su mano en el hombro del afligido hombre, abatido por agudos y negativos pensamientos. Trató de calmarlo con energías altivas de seguir adelante, pero parecía que no funcionaba.

—Quiero irme a casa Hermana, estoy cansado. Quiero ver a mi esposa, a mi hija, quiero estar con ellas compartiendo, pasando la noche juntos viendo una película en la habitación los tres. Ya no aguanto más esto, siento que no hay salida, no hay… ¡nada!, solo hay oscuridad.

Jonathan se puso de rodillas y apretó su cabeza con las manos ahogado por la desesperanza. La Hermana Agatha se abalanzó a él, angustiada, sentía que perdía al único hombre que podía ayudarla a terminar con todo ese infierno y librarla de la maldición que pesaba sobre ella.

Sintió pena por el pobre hombre, y trató de darle su optimismo de seguir, pero su negatividad era más contagiosa y empezó a considerar una tranquila muerte que detenga el dolor. No sabía en realidad como iba a sacarlos de esa situación, ni dónde empezar a buscar el dichoso libro.

Pero una voz que parecía venir de la nada tomó la atención de los infortunados protagonistas, cambiando la situación y el ánimo de ambos.

—No entren a Caricao, los estarán esperando a ambos…

Era un niño, piel morena y ojos hundidos y negros. Vestía de rojo usando una capucha de edredón grueso, y por su aspecto, parecía que hubiera pasado mucho tiempo en un lugar aislado y sucio.

—Hermana Agatha sé que me conoce, soy Damián, el hijo del Jaime Fuentes, aunque no pueda hablar, sé que sus ojos muestran sorpresa al verme.

El niño era muy extraño, hablaba de una manera particular, como un adulto. La Hermana Agatha lo miraba sorprendida y Jonathan no se quedaba atrás. El agente se puso firme y lo enfrentó, apartó a la monja hacia atrás puesto que no confiaba en él. Luego comenzó a hablarle haciéndole preguntas sobre las cosas que les depararían.

—¿Qué va a pasarnos si nos adentramos a Caricao? ¡Habla niño! —Vociferó Jonathan furioso contra aquél niño cómplice de aquella hecatombe.

—Solo me dirigiré a la Hermana Agatha, puesto que ella le afecta más está situación. Hermana, sé lo que busca y sé porque ha perdido el habla. El ritual aún no ha culminado y hasta que eso no suceda usted no volverá a ser la misma.

—¿De qué estás hablando? —Dijo Jonathan sorprendido, con un poco menos de ira y asustado.

—Hablo de que, la Hermana Agatha fue elegida para cumplir el destino que nosotros hemos estado esperando desde que tenemos memoria.

—¿Qué destino es ese? ¿Quién los dirige a ustedes? —Gritaba Jonathan, dando pequeños pasos hacia adelante.

—Los Lilims… —Dijo el niño con voz serena, refiriéndose a aquella palabra como la más terrible de todas. —Ellos son los hijos de nuestra señora, susurran en nuestros oídos y nos han estado preparando para este día, el día en que el hijo del padre de la perdición será traído a este mundo este mundo, el Anticristo…

Tanto Jonathan como la Hermana Agatha revelaron ojos desorbitados por la sorpresa y el pánico, se miraron las caras por un rato corto, hasta que Jonathan miró de nuevo al niño y le hizo otra pregunta.

—¿Por qué quieren a la Hermana Agatha? —Esta vez Jonathan preguntó con la voz un poco baja pero trémula ante aquella circunstancia.

—Ella y nuestra señora serán una sola, y engendrarán junto con el príncipe de las tinieblas al Anticristo, se hará todo de manera natural… pero yo no quiero más esto, vine a ayudarlos, a advertirles y también, a entregarles esto.

El niño metió su mano dentro de su sucia capucha de edredón y sacó un libro, lo dejó al descubierto a la vista de ambos y tanto Jonathan como la Hermana Agatha vieron el símbolo en él.

—Este libro contiene todo lo que deben saber sobre nuestro culto, los Lilims y Lilith, no les dirá como detener el fatídico destino que se aproxima, pero al menos les dará una idea sobre a lo que se enfrentarán. Sé que la Hermana Agatha buscaba este libro porque lo había visto en el convento de aquí de Caricao, y si lo buscaba, significa que algún uso quería darle.

El niño colocó el libro en el suelo, miró a la desdichada pareja y luego se alejó, perdiéndose de la vista de ambos dentro de la espesa niebla de Caricao. Jonathan caminó hacia el libro y lo tomó. La Hermana Agatha se dirigió hacia él y ambos se miraron. El siguiente paso a proseguir requeriría de inteligencia y valentía por parte de ambos.

Continuará…

 


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Relato y prosa poética [Reflexión]

Muchos usamos estilos que nos caractericen y que nos hagan sentir cómodos al momento de escribir, desde un lenguaje prosaico tecnicista, hasta el embellecimiento de un lenguaje romántico como base de nuestros trabajos. Creamos toda una red de pasadizos a mundos paralelos sacados de nuestra imaginación.

Esta vez, voy a hablar sobre el relato y la prosa poética, puntualizaré porque la gente piensa que son diferentes y porque debe haber una etiqueta en cuanto a su clasificación, para mí, es algo que no tiene sentido, así que vamos a ir desenvolviendo esta reflexión hasta llegar a una conclusión.

 

El relato

 
El relato es la expresión que se utiliza para narrar historias, se emplea de manera escrita u oral. En el encontramos dos maneras de expresar el lenguaje, como lo son: La prosa y el verso. La selección de cualquiera de estas dos manifestaciones literarias depende de las influencias externas del escritor, se puede usar el verso para escribir un relato, al igual que se puede utilizar la prosa para escribir un poema.

¿Cuál es la característica principal de un relato?

 

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Los relatos narran hechos, situaciones, personas que viven esos hechos, entre otras cosas. Ya sea en modo ficticio o real, los relatos o cuentos tienen un fin, ya sea dejar una reflexión moral o ética, o simplemente deleitar a los lectores con historias maravillosas que hacen volar la imaginación.

La literatura en sí aún sigue siendo un estandarte para el entretenimiento, pese a que vivimos en un mundo cada vez más visual (cine, tv, documentales, etc.), en donde leer se ha convertido en una actividad cada vez más escasa, pero no diría que es la dirección hacia un final, sino más bien, a un resurgimiento y reincorporación, puesto que la literatura vuelve a tener una posición privilegiada en otros aspectos.

 

¿Cuál es la finalidad de un relato?

 
Eso depende, los autores pueden utilizar esta forma de expresión con muchos fines. Los escritores de fábulas o cuentos por ejemplo, los utilizan para enseñar una moraleja, ya sea en terreno escabroso o trágico, como maravilloso, para así poder alimentar el buen juicio del lector.

La finalidad en sí (en mi humilde opinión) es la de entretener y aprender, ya que los seres humanos necesitamos apartarnos de la rutina que nos mantiene distraídos y adentrarnos en mundos maravillosos que hagan volar nuestra imaginación.

 

¿Y entonces la prosa poética que finalidad tiene?

 
Vamos para allá…

La prosa poética no tiene mucha diferencia de un relato, pueden trabajar juntos sin ninguna inconveniencia, aunque la prosa poética (como toda poesía con todos sus elementos), se centra en los sentimientos transmitidos en la escritura. Esto significa que, si el relato se centra en hechos, situaciones y personajes, la poesía se centra en los sentimientos que emanan estos personajes o el propio narrador que ha escrito el poema.

 

¿Entonces la prosa poética es ejemplar para escribir relatos?

 

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¡Por supuesto que sí!

Quizás haya personas que sean subliminales ante esto y crean que la prosa poética no es ideal para el relato, ya que, el relato debería ser simple y entendible al momento de leer, y la prosa poética es bastante ruda, al emplear un uso extremo de adjetivos y metáforas que hacen pesada la lectura.

Este argumento es completamente falso, puesto que, existen relatos o cuentos realizados en prosa poética y son muy ricos en lectura (claro que aquellos que apenas estén incursionando ese tipo de lecturas es recomendable mantener un diccionario al lado)

 

Cualquier forma de expresión o género literario es hermoso

 
Concluyo de esta manera que no hay que enredarnos tratando de etiquetar las cosas, ya que nuestra forma de ver el mundo y de expresarnos es libre. Lo hacemos a nuestra manera y cuando vemos que todo es un desastre, o no van las cosas como queremos, tenemos el don del análisis y el de la reflexión, que nos ayudarán a aprender y a corregir nuestros errores.

Hay que dejar que la imaginación vuele, no hay que permitir que nuestras críticas hacia las cosas o hacia nosotros mismos nos detengan. Si eres poeta y amas los relatos, y utilizas ese toque en ambas formas de expresión literaria, ¡felicitaciones, has creado un estilo único y mágico!

Con estas últimas palabras me despido y dejaré a tu reflexión y análisis si has leído hasta el final de este post, les deseo un feliz día y mis mejores vibras para todos.

La canción de Mandylion


«Amar es sufrir amablemente; es gozar de una ansiedad perenne, de un sobresalto siempre renovado.»

— José Ingenieros

 

 

En un sueño me encontraba tratando de buscar aquél sabor que le dio deleite a mi alma. Oscilaba bajo un árbol mecido por el viento. Me encontraba frustrado sin poder mover mis brazos y piernas, hasta que un batir de alas cortó el aire y en un instante me encontraba de nuevo en el suelo.

 
Aquellas alas, doradas y enormes, no podían pertenecer a otro ser sino a mi amigo Mandylion, el prófugo. De nuevo me encontraba frente a su imponente y fugaz presencia, y esta vez, no huyó de mí, sino al contrario, se quedó a mi lado observando al mar. Esta vez no emitió palabras comunes de su boca, en vez de ello, entonó una canción, la misma que buscaba al caer atrapado colgado bajo aquél árbol.

 
Los albatros en el mar, se abalanzaban a su superficie para atrapar a los más jugosos peces saltarines. Mandylion se maravillaba y cantaba al ver aquél acto ambientado por la mañana onírica. Yo mientras, me deleitaba por el fulgor de la fantástica melodía y le pregunté, ¿Cuál era esa canción que entonaba?

 
Y no recibí respuesta, él solo cantaba y se elevaba aún más y más, perdiéndose entre las nubes amarillas del extenso cielo de mi sueño. Y desperté, exaltado y más activo que nunca, busqué lápiz y papel antes de que se perdiera de mi memoria todo recuerdo de aquella hermosa canción. Realicé partituras tratando de seguir un compás simétrico, pero no me hallaba.

 
Luego me di cuenta que la melodía de Mandylion era irregular en toda su composición, es decir, la melodía, la armonía y el ritmo no se conjugaban entre sí, pero esto no era impedimento ni falla, puesto que aun sin estar fusionadas creaban una música sin igual. No puedo explicar cómo era posible, pero exhaustivamente intenté buscar la fórmula perfecta para doblegar aquella mística revelación de sonidos, pero no la encontraba.

 

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Me sentía un idiota tratando de seguir una música sin sentido, manifestada en un episodio creado por mi consciencia. Sabía que Mandylion no era real, y que su aparición en mis sueños es solo para embellecer mis ya trastornados delirios, pero, al intentar tocar por última vez sin optimismo aquella música producto de mi imaginación, sentí que fui transportado de nuevo frente a ese mar, en el mismo ambiente matinal, donde los albatros y los peces saltarines jugaban al ciclo de la vida, y Mandylion, frente aquél paisaje, cantaba con altiva y hermosa voz la canción fantástica. Mi búsqueda no está culminada, y tampoco apresurada por acabar.

 


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Una crónica de la demencia IV


«El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona.»

— Sándor Márai

 

 

Cada día que pasaba era un infierno terrenal. Julián perdía poco a poco los indicios de su sentido común. Médicos especialistas, preparados en las disciplinas más complejas de la salud. Hombres de ciencia versados en las distintas áreas de la medicina, y ninguno ha sido capaz de dar un diagnóstico decente, que explicara aquella contrariedad.

 
Patricia sucumbía cada vez más a la enfermedad. Julián por la impaciencia, perdía la cordura. Mónica jugaba sola en la habitación, se ocultaba entre las sombras con sus muñecas. Creó un universo tangible y engorroso, que la distrajeran de la desgracia de sus padres.

 
Julián constantemente bebía y bebía, y las añoranzas por ver a su esposa sana morían y morían. Patricia se deterioraba aún más por la preocupación, intentaba superar las limitaciones de su endeble aspecto, causándose más daño. Julián llegaba casa, y recorría los pasillos, como alma que anda penando. Se sentaba por las noches en el sofá de la sala, solo y pensando.

 
Mónica se quedaba observando a su agobiado padre, después de dejar el mundo donde por mucho tiempo residía. Él no notaba la presencia de su hija, porque se perdía en insólitas y horribles ideas, en las que creía que sería el salvador de su esposa. Una equivoca orientación, una ilusión confundida, un dolor que se incrementará por causa de una obsesión malsana que dirige al pobre Julián.

 
Una locura convertida en entidad, se manifiesta a quienes la invocan. Ni bienhechora ni consciente, como un parasito se arraiga, hasta culminar su objetivo drenando la vida de su infortunado acompañante. Julián creía que podía curar a su esposa él mismo. La idea tocó la puerta de la habitación de Mónica porque su padre la evocaba a gritos.

 
Julián preparó sus herramientas y fue hacia su esposa. Patricia en pánico gritaba tratando de entender lo que pasaba, hasta que su esposo la calmó con fuertes sedantes. Mónica escondida detrás de la puerta, ignota observaba. Julián hizo incisiones en el cuerpo de su esposa, y al ser guiado por su insistente locura la mató.

 
Mónica se quedó hasta al final, y nunca gritó. Era muy pequeña para entender lo que su padre le hacía a su madre. Y también, para entender por qué su padre se ahogaba en desgarrante llanto por aquella terrible equivocación. Mónica al final, volvió a su cuarto, como si nada pasara, y jugó con sus muñecas dentro de su vasto universo.

 



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