Mi opinión sobre Suspiria (2018)

Muy pocos saben que soy un gran fan del cine, en especial del cine de horror. Soy de las personas que prefieren descargar las películas y verlas en reuniones pequeñas, que verlas en un cine donde hay un montón de gente que no saben apreciarlas. Hoy, (como todos los viernes hago un post diferente a los habituales) hablaré sobre una de las obras maestras cinematográficas del cine de horror más grandes de nuestros tiempos.

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Suspiria (1977)

 
Es una película de horror italiana dirigida por Darío Argento y coescrita por Argento y Daria Nicolodi, y coproducida por Claudio y Salvatore Argento. La película es la primera de la trilogía de Argento, la que él denomina como «las Tres Madres» siendo las siguientes Inferno (1980) y The Mothers of Tears (2007). Suspiria se ha convertido en uno de los largometrajes más exitosos de Argento, clasificándose por la crítica como una de las obras más grandes y representativas del cine de horror.

El uso de la estilística, los colores vibrantes, el excelente uso del arte bizarre, el fondo de la música, el cual es interpretada por la banda de rock progresivo Goblin, han hecho que recibiera aclamaciones de distintos medios.

Tuvo dos nominaciones en los Saturn Awards, Mejor actriz de reparto para Bennett en 1978, y Mejor lanzamiento en DVD de una película clásica, en 2002. Se ha convertido en un clásico de culto, y se reconoce como una película influyente en el género de terror

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Sinopsis

 
La película está ambientada en Berlín, Alemania, y trata sobre una chica estadounidense que es seleccionada para estudiar danza en una de las academias más prestigiosas del mundo, pero, durante su estadía en dicho lugar, suceden una serie de cosas espantosas que la hacen dar cuenta que el sitio es la sede de un aquelarre.

 

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Suspiria (2018)

 
Ahora que he hablado brevemente sobre la película y de que trata, hablemos sobre su remake, el cual fue dirigido por el director Luca Guadagnino (conocido por ser el director de Call me by your name) y escrita por David Kajganich, basándose en la película de 1977 de Darío Argento. Está protagonizada por Dakota Johnson, Tilda Swinton, Mia Goth, Angela Winkler, Ingrid Caven, Elena Fokina, Sylvie Testud, Renée Soutendijk, Christine LeBoutte, Fabrizia Sacchi, Małgosia Bela, Jessica Harper, y Chloë Grace Moretz.

La película te deja ya una sensación de curiosidad desde el principio, por supuesto, el remake tiene muchas diferencias con la original, y aun así es perfecto en todo su esplendor. Yo he quedado fascinado de principio a fin y he quedado satisfecho de cómo quedó. Definitivamente Guadagnino supo colocar muy bien su toque convirtiéndola en uno de las mejores películas de horror del año pasado.

 

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La parte artística

 
Realmente considero que lo que dio más impacto, fue el arte que se introdujo y que se puede ver matizado en toda la película. El estilo de la danza, el maquillaje, la percepción onírica que traspasa la imaginación de la protagonista principal, y la hace sucumbir ante los deseos de realizar su destino. El concepto que se usó y todo aquello que podemos encontrar en esta excelente producción cinematográfica nos impactará, tanto de magnificencia de admiración como de pánico.

Me abstengo a dar spoilers solo hablaré de la película de forma superficial, no daré adelantos a quienes no la hayan visto.

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La doble interpretación de Tilda Swinton

 
Creo que esto es lo que me ha encantado más, Tilda Swinton (Actriz y Modelo) es una de las actrices más versátiles que conozco, interpretando papeles de cine experimental, o cine de culto, en el caso de Suspiria (2018), en el que se destacó haciendo no solo el papel de Madame Blanc, la coreógrafa de la academia, sino también hizo el papel de un hombre anciano que había pasado por los horrores de la segunda guerra mundial, ¿habrá algún papel extraño que no pueda hacer esta mujer?

 

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La reaparición de Jessica Harper en la película

 
Jessica Harper fue la protagonista principal de Suspiria (1977), que ahora aparece de nuevo en el remake pero con un papel diferente. Me pareció increíble que la Harper haya hecho allí su aparición especial, ¡bravo por todos los que realizaron esta producción y que le dieron honor a los que pertenecieron a esta obra!

 

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En resumen

 
En resumen me encantó, todo un trabajo bien realizado por el personal y excelente elenco. El arte cinematográfico que se usó, que a pesar de ser actual infería ese toque retro que quedó más que perfecto. La música, misteriosa y hechizante, los guiones muy buenos y bien escritos. La expresión artística, ilusoria que te deja ver un mundo mitológico. En fin, toda la película ha quedado excelente y los invito a todos a ver tanto la original como el remake.

Sin más que decir mis amigos, les deseo un buen día y que Las Tres Madres (La madre Tenebrosa, La Madre de las lágrimas y la Madre de los suspiros) estén con ustedes.

 

Mi primer viaje astral


«Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.»

— Gustave Flaubert

 

 

Las experiencias paranormales, solo las podemos percibir al gozar de un completo dominio de las actividades psíquicas de nuestro cerebro. Estas actividades nos permiten un acceso a las habilidades parapsíquicas que se encuentran más allá del porcentaje límite que poseemos sobre nuestro cuerpo.

 
Tal porcentaje, es solo el diez por ciento, pero si traspasáramos esa barrera, y domináramos por decir, el sesenta por ciento, entraríamos a una realidad alterna pero completamente acertada para poder explorar. Ese mundo ignoto y temible siempre ha tocado las puertas de mi ansiosa curiosidad, desde que estudiaba psicología en la Universidad, y más aún, después de haber leído el libro de William Buhlman, «Aventuras fuera del cuerpo».

 
Este libro ha marcado mi vida de poderosa manera, al darme las bases exactas para poder adentrarme a los terrenos de la dimensión astral. Realicé varias prácticas sumiéndome en extensos letargos, tal y como decía en el libro, hasta conseguir el resultado exitoso de la experiencia fuera de mi cuerpo. Los dos primeros intentos solo causaron un agotamiento extenuante en mí, pero el tercer intento me dio el efecto más que esperado.

 
Me vi dormido; plácido y tranquilo, mientras que con impresión daba mis primeros pasos fuera de mi cuerpo. Miré mis manos astrales con excitada euforia. Pensé en elevarme por los aires, pero no floté. Grité, para probar si podía escucharme, pero no me oía. Constantemente escuchaba un ruido, como ondas de radio, mientras avanzaba por aquél plano. Pensé en volar de nuevo, y me elevé a veinte centímetros del suelo. Fui hacia la pared y la atravesé, ya no andaba caminando, sino flotando.

 
Llegué a la sala, desplazándome por el pasillo. Fui hacia el espejo y me observé. Mi cuerpo estaba desnudo y emanaba destellos. Miré por la ventana de la sala y mi asombro se incrementó aún más. Vi luceros que se elevaban de la Tierra al Cielo, como atraídos a una galaxia imposible de describir.

 
Cuando pensaba que mis ojos no podían saturarse más de fascinación, todo comenzó a nublarse y de nuevo me encontré en mi cama con sobresalto, con una sensación de hormigueo en todo mi cuerpo, y pensando, en lo real que había sido todo lo que había vivido. Anoté todo en una libreta, posteriormente seguí teniendo experiencias casi sin esfuerzo, pero ninguna ha sido tan diáfana como la primera.

 



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Una crónica de la demencia III


«La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma.»

— Goethe

 

 

Hay un dicho que dice que las peores tragedias, son las secuelas de sucesos infortunados. Gabriela llevaba una carga de pesadumbre, más grande que el Universo y sus millones de constelaciones y cuerpos celestes. Un cuerpo sujeto a una hecatombe, que ominoso constante era aperreado por la extenuación. Vivía con sus dos pequeños, Margarita y Ricardo, que por la inocente niñez, ignoraban la desdicha que cargaba su madre.

 
Gabriela no ha olvidado el infausto día, cuando vio morir a Jeremías en aquél espantoso accidente. La carretera no es lugar para un ebrio irresponsable, y peor aún, encontrándose a la vista de su alterada cónyuge. Un giro predestinado ejecutado por un camión, atravesó el cuerpo de Jeremías en un instante aberrante. Que cruel es la muerte a veces, trágica afirmación. Desde aquél terrible día Gabriela se fragmentó.

 
Algo siniestro en su alma se alojó. Huéspedes inesperados, que con intensas peticiones a su anfitrión desquiciaron. Las voces ahogaban sus pensamientos. Constantemente. Gabriela era empujada a una trastornada realidad. Su dolor trajo colores del pasado, una locura inclemente que se desarrollaba y progresaba. Sus ojos se pintaron siniestros y malévolas ideas aquellas voces le otorgaron. —Tus hijos no están bien, —era lo que le decían. —Tus hijos sufren, deben ser salvados. —Y repetían y repetían…

 
Hasta que un día, en angustia por su fatídico padecimiento, a Gabriela llegó la más monstruosa idea. Fue una noche, una noche atroz, en que los niños dormían en apacible sueño. Su madre entró a su habitación, decidida a acometer el abominable acto. Los roció con combustible, encendió un cerillo; y en abrasantes llamaradas los pequeños fueron sofocados. —Bien hecho, ahora podrán dormir mejor, ya no se agobiarán más. —Era lo que murmuraban las traidoras y villanas voces a los oídos de Gabriela.

 
Y aquella madre que se encontraba en efímera paz, comenzó después a caer en cuenta de lo horripilante de su obra. Las voces se volvían ecos taladrantes y la arrastraron a una agonizante desesperanza. —¡Detente! ¡No lo hagas! ¡Te amamos Gabriela! ¡Por favor! ¡No lo hagas! —Y repetían y repetían. Y Gabriela en un acto raudo se encendió a sí misma, dejando que el fuego se tragara su vida. Las brasas hambrientas devoraron todo el lugar, y de su casa solo quedó, una leyenda…

 


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El pozo de los deseos (Poema #26)


Otro pérfido sentimiento tocó las ventanas de mi sosegada cordura. Manifiestos e insolentes engendros de la realidad, condensan la inmutabilidad de un horror incipiente. Me destapo de sábanas gruesas que me impiden acechar el anhelo por mi pasado. Vislumbré desde mi exiliada añoranza una oquedad apartada del resto del mundo.

Se decía que todas las aspiraciones de la vida acaban allí, para desvanecerse en un más allá metafísico e incomprensible. Me acerqué curioso y fisgón, en su interior observé excitado. Caí al fondo de su abismo con tremenda crueldad, y atisbé remanencias que hicieron añicos mi alma. Todos los deseos, desde ínfimos hasta colosales no se desvanecían allí.

Una idea me golpeó causando lágrimas en mis ojos, haciéndome comprender la terrible existencia de esta vida. El peso de las añoranzas de este pozo, ¡Oh, que terrible calamidad!

No debí caer en las fauces de sus mentiras. No debí furtivo querer entrañar en sus abisales terrenos. La melancolía me derribó, y el mundo no fue igual para mí.

No debí caer en el pozo, ¡que nefasta aseveración! Vi deseos, tan hermosos y tan puros, que flotarán, pero jamás se podrán desvanecer…



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Altais, la fugitiva


«Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos.»

— Jorge Luis Borges

 

 

Sé que muchos no creerán la historia que narraré a continuación. Probablemente dirán que se trata de la historia de un demente o alguien inducido por efectos alucinógenos. Yo sé lo que vi esa noche, nada ni nadie me arrebatará aquél increíble suceso que sorpresivamente se reveló ante mi esposa y a mí.

Apolonia y yo alquilábamos una casa de campo en las afueras de la ciudad frente a un lago para descansar de la rutina. Cada domingo viajábamos quince minutos en auto para llegar al tranquilo lugar que escogimos estratégicamente para nuestros fines. Apolonia es aficionada a la astronomía, había comprado un avanzado telescopio por la red para observar el cielo nocturno preponderado de estrellas. Escogimos aquella casa de campo por la escasa contaminación lumínica que permitía la admiración a un Universo maravilloso.

Verdaderamente parecía todo un paraíso estelar. Las estrellas creaban un camino nebuloso dentro del marco de sus madres constelaciones. La luz de la luna era opaca comparada con el centelleo de millones de astros emitiendo belleza y magnificencia. Admirábamos deslumbrados la formación perfecta de aquellas ciudades astrales, permitiéndonos entrar a su misterioso y celeste mundo.

Apolonia muy atenta usaba su telescopio, y hacía anotaciones de las distintas estrellas conglomeradas. Centauris y Polaris eran las más observadas, y a su vez, las constelaciones como; Orión, la Osa mayor y su acompañante, Hidra, Escorpio, Taurus, y entre otras no tan allegadas que también podían observarse bajo el ojo de mi apasionada esposa y su amor por la astronomía.

Todo iba normal aquel día. Había domingos que nos quedábamos en casa por ser noches lluviosas. Tuvimos dos domingos seguidos sin ir a la casa de campo, ¿cómo serían nuestras vidas en este momento si no hubiéramos visto lo de esa noche?, si hubiera sido uno de esos días lluviosos, no estaríamos tan pensativos como ahora.

Aquel domingo todo iba normal, había llegado la noche y Apolonia como de costumbre sacó su telescopio y lo colocó en posición mientras preparaba el café. Mientras tanto, yo me dispuse a observar el cielo con el telescopio para observar mucho mejor las maravillas estelares, y de repente, vi algo que me inquietó un poco. Era una especie de estrella fugaz, la vi normal al principio, como cualquier otra de su clase, pero esta era bastante extraña. Se movía de una manera discordante, de un lado a otro, como si anduviera sin rumbo, y luego se detuvo por un momento, después prosiguió moviéndose de un lado a otro.

Fue tan grande mi impresión que tuve que llamar a Apolonia para que observara aquello tan insólito y sorprendente. Se acercó y miró por el telescopio lo que yo observaba y el impacto que le causó fue mucho más grande que el mío. Apolonia al tener un conocimiento más vasto sobre astronomía me explicaba con detenimiento lo que ocurría.

La estrella Altais, oriunda de Draconis, había desertado de su posición de entre los astros. Las pléyades iban tras ella, y a la cabeza de su cacería iba Sirio, junto con sus otras hermanas de Draconis. Apolonia estaba estremecida y excitada por todo lo que veía, y narraba todo como si se tratara de un cuento fantástico de ficción. Al final dijo, que las estrellas se volvían más enormes y fulgentes y que parecía que venían hacia donde estábamos.

En ese momento, Apolonia dejó el telescopio y salimos a ver con nuestros propios ojos lo que pasaba. Las luces comenzaron a levitar frente al lago, de un lado a otro, rodeando a aquella estrella prófuga. No puedo decir con certeza cuantas estrellas habían en el acto, pero estoy seguro que eran más de cincuenta. Las pléyades comenzaron a danzar y las demás las seguían. Despedían de su brillo una especie de polvo escarcha. Apolonia y yo sentíamos un calor intenso en el lugar, mientras contemplábamos el suceso.

Altais estaba inquieta en un solo lugar, mientras sus hermanas iban hacia arriba, hacia atrás y hacia adelante, moviéndose de un lugar a otro. Algunas de ellas pasaron cerca de nosotros. Sentíamos una gran fuerza magnética que nos rechazaba y decidimos alejarnos a una distancia considerable. Las hijas de Sagitarius comenzaron a acercarse más a Altais, mientras que los demás luceros mantenían su posición.

El agua del lago comenzó a hervir, al recibir una intensidad constante de calor. Altais continuaba disidente a regresar y se mantenía inquieta en su posición. Sus otras hermanas de Draconis, comenzaron a acercarse y danzaban más rápido. Las demás, seguían el ejemplo de estas, excepto las pléyades, quienes mantuvieron su posición en todo momento.

La tierra se estremecía. El agua del lago brotaba a salpicadas más colosales. Apolonia y yo nos apretábamos las manos con un pánico incontenible. No sabíamos si quedarnos o huir, ya había sido demasiado y temía por nuestras vidas, la verdad, no quería seguir observando. Pero, de repente, mucho antes de que nuestros cuerpos se agitaran despavoridos, vimos a Altais moverse junto con los otros luceros que se le habían acercado. Comenzó a danzar hacia arriba y hacia abajo, de un lado a otro, mientras todo temblaba.

En ese momento, las pléyades comenzaron a acercarse y se unieron a la hermosa danza astral. Todas comenzaron a elevarse lentamente hacia el cielo. El agua poco a poco se calmaba. La tierra dejó de temblar. Apolonia y yo recobrábamos la compostura y nos quedamos contemplando como todos aquellos astros se dirigían hacia el firmamento. Las hijas de Sagitarius se fusionaron con Altais. Luego las de Draconis, se iban de la mano con las de Centauris. Las pléyades iban solas y eran las últimas en danzar, hasta que todas traspasaron los límites de la tierra y se volvieron “Una” con el Universo de nuevo.

Después de todo lo que acabábamos de observar, Apolonia y yo no teníamos palabras, nos quedamos quietos y trémulos en la misma posición, por un rato, y pensamos en no decirle una palabra a nadie, ya que al hablar de esto nos tacharían de dementes. He escrito este testimonio para desahogarme y no para recibir un juicio de aprobación. Desde ese día Apolonia y yo nos hemos vuelto más pensantes y pocas cosas nos impresionan hoy en día.

Comenzamos a estudiar la posibilidad de que las estrellas poseen voluntad propia y que pueden pensar por sí mismas. No son solo gases que emiten energía y gravedad a millones de años luz, sino que también, poseen algo más. Nos hemos vuelto desesperantes y caprichosos para que nuestras teorías sean aceptadas, pero sé que no podrá ser, al menos no por ahora. Así que por el momento me limito a contar esta historia, no espero que nadie me crea como he dicho, pero aun así, me siento feliz por haberla atestiguado.

 


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