Colonia infernal

Yo vivo en una región donde la fantasía se entremezcla con lo cotidiano, convirtiéndonos en agentes participantes de insólitos sucesos maniobrados por deidades. Incrementé mis conocimientos una vez que llegué aquí, puesto que la vida en este entorno me pareció tan increíble que la tuve que aprovechar.

Escribí varias novelas sobre criaturas aladas, cuadrúpedas y colosales, con inteligencias superiores a las de los humanos, y con una necesidad imperante por nosotros, puesto que básicamente nos requieren para su subsistencia.

Una noche desperté agitado de mi alcoba, me asomé por la ventana para presenciar el acto más atroz que mis ojos pudieran contemplar. Entré en enajenación al ver dos enormes y peludas criaturas como huargos, aunque no estaba seguro si pertenecían a la familia de estos.

Su pelaje era gris y sus ojos plateados, y sobre sus hocicos chorreantes se escurría la sangre de unas jóvenes, a quienes devoraban con toda la sagacidad pertinente. Mi pecho fue atacado por el dolor, impactado por tal espectáculo, no podía hacer nada en ese momento así que volví a mi cama con deficiencia para respirar.

Al otro día desperté como si nada, como si todo hubiese sido un sueño eventual, o mejor dicho, una feroz pesadilla diabólica que ataca en emboscada. Más no fue lo último que presencié, y para la segunda vez, mi estómago comenzó a digerir las estructuras de lo bestial y lo grotesco.

Un día caminaba por el sendero común hacia el poblado, y escuché los gritos estridentes de agonía de un hombre. Me asomé sutilmente por la maleza que rodeaba el camino, entrando por las gargantas del bosque, encontré a seis criaturas pálidas y aladas de aspecto humano devorando a aquel sujeto con celeridad y sin piedad.

En ese momento mi cuerpo se paralizó, pero rápidamente reaccionó y me alejé despacio para no ser percibido, recé en todo instante para no ser detectado. Una vez hube llegado a mi casa, cerré todas las puertas y ventanas con pasadores y no salí de allí hasta el día siguiente.

De estas hay muchas historias más que tengo, pero por el momento, solo les dejaré estas dos. No solo yo he visto cosas con mis ya no inocentes ojos, sino todas las personas de este pueblo. Todos vivimos con miedo pendientes de lo traiga el cielo y la tierra, acechados constantemente por nuestros depredadores fantásticos.

Mi sueño es huir de este pueblo para siempre, hacia las colinas de Tranza, donde se dice que son tierras sagradas y salvajes, y repelentes para este tipo de criaturas. Espero poder llegar a aquel lugar con vida, antes de que esos ojos me encuentren y devoren.

Ilustración

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