XXVIII. Los Valles de Elise

Ilustración

Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Los Valles de Elise

 
No existe tormenta que no haya pisado la inmensidad de toda Elaica, y estoy hablando de manera general porque existen excepciones en lo que digo, haciendo referencia a los bellos valles de Elise, los que no han sido aún tocados por bestias, humanos, ni siquiera por Antiguos.

Su aparición fue el resultado del más hermoso sueño, cuando Elaica se formó, los Antiguos imaginaron un lugar que no fuese mancillado siquiera por la vida misma. Un lugar intacto, incorruptible y perenne, que quedara tal y como está desde el momento de su formación.

Al parecer los Valles de Elise cumplieron con ese sueño, convirtiéndose en lugares sagrados para los hombres; estos nunca profanaron ni su belleza ni su entorno, y colocaron runas a su alrededor en señal de advertencia para todo aquel que quisiese adentrarse en sus interiores.

Poco se sabe lo que se encuentra dentro de estos hermosos valles, quizás haya criaturas que habiten sus zonas mágicas y desconocidas. Se dice que quienes han entrado dentro de sus cuerpos extensos de planicies y rocas gigantescas, jamás han vuelto, dejando el misterio en el aire y el miedo arraigado en el corazón de los supersticiosos.

Se dice que hay un umbral que te dirige directamente hacia la espantosa y escabrosa región de Ururthur, donde las bestias y demonios te asesinan y te devoran una vez que entres allí. Un mito más que exagerado, ya que de ser así, este hermoso territorio dejaría de ser un estandarte de la pureza.

De igual manera existen personas que también relatan sobre las cosas que se ven en los Valles de Elise, por supuesto son historias para congeniar y maravillar a la gente, puesto que todo aquel que entra no vuelve jamás. Se dice que en estos valles se encuentra una ciudad oculta, más maravillosa que lo que fue en un principio la hermosa Elam.

Se cuenta que los suelos de aquella metrópolis están hechos de zafiros, sus torres y murallas hechas con el más duro y brillante mármol, y las puntas de sus edificios formadas de plata sostenida por bronce con incrustaciones de circón.

El sol despertaba de su sueño para otorgarle toda su luminosidad a aquella ciudad, activando colores que llegaban hasta los estéticos palacios de Menomes, y hasta los rígidos y deslustrados muros de Cenontes. La ciudad perdida de los Valles de Elise daba ciertas señales de su existencia, pero sobre sus habitantes nada se había, ni siquiera se intuía si eran humanos o Antiguos.

Aunque las leyendas sobre este lugar son inciertas, pensar en el creaba una cierta curiosidad, una querencia poderosa de pretender explorar aquellos lugares desconocidos. Los habitantes de los pueblos al sur de Zaharán no hablaban de otra cosa al ver los rayos del sol imponentes con múltiples colores, por el horizonte donde supuestamente se encontraba.

Ellos esperan pacientes el momento propicio para poder entrar, y no solo descubrir sus caminos, sino de encontrar en esos valles un refugio en caso de una terrible invasión a sus hogares. Uno de los secretos mejor guardados en Elaica sin pistas sobre su entorno, solo existen relatos, de personas que ansían una fantasía mágica sin sufrimiento.

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