El recuerdo bifurcado [Prosa poética]

Yo aún extraño el estupefaciente aroma de las colinas, húmedas y nebulosas, ardientes con el baño del ocaso. Imponentes como el sol sobre las nubes, reflejando celajes empíreos de belleza y galanura. Mis ojos gentiles se derriten ante los recuerdos y caen en un letargo dictado por la melancolía.

Ahí me hallaba en mi mente, caminando por encima de esas verdosas ondulaciones. Se manifiesta en mí un deseo dominante por abandonar mis querencias terrenales y despojarme de la actitud altruista de mi entorno. Las visiones se vuelven primaveras inconclusas, muy abstractas y dadivosas, sin dirección de sentidos.

Creo haber visto una sombra emergente de las ciudades fantasmales contiguas a las de mi memoria. Una entidad que deambula regia y molesta por los pasados insolentes en los que yo fui participe. Su boca emite un alarido hostil que profiere venganza por un suceso del que no tengo conocimiento.

Ignoro su inquietud con sutileza y me dirijo a los valles aledaños y arcaicos de esa región que solo yo conocí, reencontrándome de nuevo con las estelas transcritas por mis compañerismos pasados. Benévolas fueron esas evocaciones, rasguñando con suavidad mi alma, despidiendo dulces lágrimas de mis ojos.

Fue tan grande mi sorpresa, que todas mis incomodidades fueron despachadas y olvidadas. Las nubes alegraron mi día mientras soñaba con mis parajes amados y extensos. Me hundí en la diversa fauna y me revolqué en sus pastizales silvestres. Caí en un letargo mucho más profundo y desperté cubierto por las flores más afables y excitantes.

Me encontré de nuevo en la cúspide de mi montaña, la más alta y majestuosa. Desde allí vociferé las palabras de entusiasmo de mi ser y trascendí a las célicas regiones suspendidas. No volví a sentir miedo en esos momentos que parecían perennes, hasta que el aullido de la venganza una vez más recurrió a mí.

Me destapé de sentimientos de paciencia y sucumbí a una tempestad cubierta de ira. Arrastré mis pies sobre la tierra mojada de aquel paraíso al que sabía que no volvería. Enfrenté los ojos de aquella verdad oscura que me acechaba y vi en su interior. Sentí pánico y culpa, al encontrar un crimen pasional encumbrado dirigiendo a aquella entidad furiosa.

Vi un alma traicionada por su amante que le había quitado la vida sin querer.

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