El Zángano XXI. Beatriz (continuación)

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)
XIII. Bianca
XIV. Epítome I
XV. Eva
XVI. Eva (continuación)
XVII. Sabrina I
XVIII. Sabrina II
XIX. Sabrina III
XX. Beatriz

Obras originales realizadas por mí

Beatriz (continuación)

 
Un saludo en la calle trasciende en las esquinas y llega hasta a mí de manera inesperada. El cielo se nubla de repente y el viento comienza a agitarse levemente. Un aire fresco con olor a húmedo empaña mi rostro dejando entrar a mi mente ideas equívocas de miedo. Y estas se incrementan al ver a la distancia… a Beatriz.

En ese momento quería acelerar mis pasos y perderme en los interiores de mi casa, pero algo me detuvo, sentí como una fuerza invisible contraía los músculos de mi cuerpo, me producía un sentimiento difícil de explicar, no causó pánico en mi interior, puesto que mis sentidos no respondían, tampoco me provocó calma, era como estar quieto en su totalidad.

Cuando Beatriz se me acercó para hablarme, yo no le respondía, simplemente la miraba, suplicando su ayuda con desesperación para sacarme de la terrible situación en la que me encontraba. No estaba seguro en aquel momento si lo que tenía era un problema médico, si era así, no es parecido a ninguno que yo conozca.

Ella solo me hablaba y hablaba, era claro que ignoraba mi estado. Por mi parte, me encontraba como sumergido en un mar de angustias, queriendo gritar y ser escuchado, mi desesperación rebasó los límites de mi razón, y solo interiormente, me desvanecía por causa del horror que me invadía.

Ese tipo de cosas solo me pasaban cuando Beatriz se me acercaba, o fijara su atención en mí. No quería pensar que aquello se trataba de una fuerza sobrenatural más allá de mi comprensión, pero los eventos últimamente experimentados me llevaban a pensar eso. Ratificaba en aquel momento que eran intenciones ocultas y diabólicas que ella poseía hacia mí.

No podía dejarme llevar por aseveraciones sin sentido, tenía que indagar primero que era aquello que me causaba tales episodios. Sin darme cuenta, porque estaba muy distraído en mi estado de contención sobrenatural, Beatriz ya se había ido y yo finalmente fui liberado de mi oscura prisión.

No sé qué habrá pasado, pero el miedo me impulsó a meterme a mi casa y no salí de allí hasta el otro día. A la mañana siguiente, salí para el hospital inmediatamente a cumplir mis horas laborales y para aprovechar de hacerme una revisión completa en todo mi organismo.

Comencé por radiografías, exámenes neurológicos, revisiones de encefalograma, pruebas químicas, plaquetas y hematologías. Empezaba a pensar que se trataba de signos de encefalopatía o apoplejía, sin embargo, no dejaba de reflexionar que mi distrofia muscular se manifestó en el momento en que Beatriz me vio y se acercó a hablar conmigo.

Me hice todos los exámenes posibles, y en el transcurso de mi espera no dejaba de pensar en ello. Al tener los resultados en mis manos, no atisbé en ninguno de ellos ninguna anomalía, como si esta solo fuese producto de mi imaginación. Quedé sorprendido al ver que mis revisiones no presentaban nada en particular que provocaran mi déficit.

Entonces ¿Qué causaba tal impacto y sensaciones incomodas en mi interior hasta llegar al punto de atrofiar mis sentidos? Volviendo en retrospectiva me oponía a la idea de que todo lo que me pasaba era por causa de Beatriz, y de que poseía, alguna facultad satánica e inquietante que me provocaba tales insólitos malos ratos.

Aunque no creía en brujerías y sortilegios, eludirla se convirtió en mi máxima prioridad, porque experimentar todo eso de nuevo me causaba un agudo temor. Hice bien los primeros días y mantuve la secuencia lo más que podía, pero no pude evitarla en el reino que siempre me acompañaba en mis noches somnolientas.

En mis sueños, o mejor dicho, en mis pesadillas Beatriz se manifestaba como ave de rapiña con característica humanas, acompañada de otra criatura con las mismas facciones. Ambos me observan en cada sueño al dormir, como pacientes esperando algo en particular de mí.

Sentí tanto miedo, que a veces no me provoca dormir. Sin embargo, no todas las pesadillas son iguales, en algunas de ellas apara Beatriz sentada en la silla frente al espejo de mi cuarto. Me observa sonriente sin emitir palabra alguna, lo que me asustaba con intensidad.

Mi inquietud radica en que ella se levante y se acerque para cometer un acto ilícito contra mi persona, esperé que a eso sucediera, además, mantuve presente de que todos aquellos eran solo sueños horribles provocados por mi aberración a esa mujer. Pero hubo una pregunta que no dejé de hacerme y me hizo desfallecer a veces. ¿Quién es esa criatura que se manifiesta junto a ella y por qué siempre aparece en mis pesadillas?

Quizás sea señal de algo, no estoy seguro de ello. Varias veces se me ha acercado pero nunca me habla, sin embargo, me transmite sentimientos de odio y repulsión en contra de Beatriz. Sentía por ella un desprecio tan magnánimo, que era capaz de arrebatarle la vida sin culpa alguna.

Con cada noche que pasaba esos pensamientos se volvían cada vez más imperantes y volátiles. Me dominó la necesidad de hacer algo al respecto, aunque aún tenía mis oposiciones manifiestas, no eran rivales para enfrentarse a mis designios oscuros, influenciados por aquella criatura decrepita de aspecto mitad humano y mitad ave carroñera gigante.

Me ungí de sed de sangre y salí de mi habitación hasta el portal principal de mi casa. Me dirigí directamente a la casa de Beatriz quien vivía sola con su hermano minusválido. El entrar no presentó ninguna dificultad, ya que era apoyado por aquella entidad que deseaba tomar el alma de su víctima.

Me deslicé hasta su habitación, como sombra indetectable de la noche, y como el aire sigiloso y sutil me paré junto a su cama y la observé con los ojos abiertos hasta el límite. Dormía plácidamente, como si nunca hubiera cometido mal alguno. Impaciente comencé lentamente a colocar mis manos sobre su cuello y apreté con todas las fuerzas de mis brazos.

¡Oh Dios mío! ¡Pero qué bien se sintió aquello! Fue como la más placentera carnalidad aglomerándose en mi cuerpo. Las sustancias de excitaciones combinadas con una poderosa adrenalina me convirtieron en una poderosa máquina inhumana. Beatriz agonizó hasta su último aliento y yo solo observaba satisfecho como moría.

Finalmente no se resistió más, y quedó allí en su cama tiesa como una piedra. La criatura que me acompañaba al ver que había culminado se desvaneció en las sombras y yo rápidamente hice lo mismo escapando por el mismo camino donde llegué.

Huí de mi casa, de mi ciudad y dejé mi trabajo, deambulé perdido de un lugar a otro. La policía me busca con agudeza puesto que mis huellas quedaron marcadas en el cuello de Beatriz, ¡pero que inmenso placer!

Me oculto entre alcantarillas y pasadizos subterráneos de ciudades y pueblos contiguos al de donde vivía, esperando pacientemente el poder regresar a mi hogar y al tierno calor de mi cama, pero tengo pavor, demasiado… no por ser aprehendido por las autoridades, eso es lo de menos para mí, sino de encontrarme de nuevo con aquél parásito que me obligó a asesinar a Beatriz de manera cruel, siento que en cualquier momento me pedirá que otra víctima pase por mis manos.

Apoya a @celfditorial (nuestro proyecto) una revista de arte y cultura para la blockchain STEEM. Si te sientes parte de la comunidad @celfmagazine entérate más de el haciendo click aquí.

https://steemitimages.com/0x0/https://cdn.steemitimages.com/DQmWJequHcS7JdJKyuUicM846ii1h9S8hipoM9AaC7Sygwg/LP.gif

Write a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *