Elaica XXII. Almenas encendidas

Ilustración

Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Almenas encendidas

 
Era un paraíso, un bello paisaje de colores vivos y vibrantes, donde las únicas lumbreras que reinaban eran las de las luciérnagas que bailaban junto a las silínides, las siempre jóvenes guardianas de los bosques. El viento esclavizaba a las flores y a las hojas, moviéndolas al son de su danza. Los animales pequeños y grandes se movilizaban y realizaban sus actividades naturales con soltura, estableciendo sus recónditos hogares en las malezas, los cúmulos de tierra y los pastizales más altos, alimentándose de todo lo que aquel bello paisaje les proveía.

Los arroyos corrían con suma rapidez, siendo mensajeros de primordiales anuncios emitidos por los Antiguos de las aguas, quienes se comunicaban con los humanos a través de los afluentes. Los magos afanosos de este lenguaje, estudiaban los cambios en el sonido del agua, para determinar una variación en las frecuencias y traducirlas a la perfección.

Aquel bello paisaje albergaba a las más hermosas aldeas, donde estos estudiosos académicos conocedores de lo fantástico se desenvolvían, realizaban sus prácticas y se mantenían en cautiverio para evitar toda interrupción. Se interconectaban con la naturaleza y con las criaturas que allí vivían, mostraban respeto por la inteligencia invisible que les rodeaba, y redactaban sus arduos estudios en papeles fabricados por ellos, hechos con el heno esparcido en los alrededores.

Todo era tan empíreo y bello, pero estas características no se quedaron para siempre dentro de este entorno y lo abandonaron al momento en que empezaron a llegar los rumores de la guerra contra los malditos ejércitos de Ururthur. Los demonios atravesaron la barrera y comenzaron a invadir todo cuanto podían, y aquel bello paisaje se convirtió en un frente protector para mantener a raya a esas huestes negras de bestias y batallones perversos.

Ese bello paisaje por las circunstancias que acaecían a Elaica, se convirtió en una zona de defensa de la bravía ciudad de Cenontes. Las aldeas académicas y todos sus estudiosos magos se evacuaron de allí, para levantar almenas de batalla y guarniciones de campamentos preparados para proteger el resto de las ciudades y detener el avance del enemigo.

Era también una zona de reclutamiento y de procedimiento de custodia para el efectivo movimiento de caravanas comerciales, importantes aristócratas y señores de guerra en todo ese territorio acechado por la discordia. Los ejércitos de Sadgón en su momento, llegaron a levantar muros y trincheras para conseguir un resultado en la batalla. Y ahora con el valeroso capitán Tristán, estos muros se habían desmoronado, quedando solo de ellos los cimientos por tanto impacto que recibían.

El lugar se transformó en una zona de vegetación moribunda, porque siempre ha sido el punto donde las batallas se realizaban y determinaban el destino de Elaica. Aquel bello paisaje ya no era hermoso, y tuvo la desdicha de ser un terreno de transición entre la región de Ururthur y las ciudades más importantes de este mundo. Todo el panorama se había vuelto gris, las flores murieron y en conjunto con los árboles, los cuales se secaron quedando solo de ellos un tronco áspero y fantasmal.

La tierra por tal efecto quedó negra, por los continuos incendios y derramamientos de sangre que la lastimaron, y por lo tanto, la vida decidió no imperar más allí. Los arroyos que servían de enlaces para el hombre se secaron, quedando solo líneas de tierra tosca de arena y piedras. De su cielo ya no caía ni una gota de lluvia, pero se mantenía siempre gris y en estado de tristeza, como si lamentara ver aquella zona devastada por la guerra.

El humo de las almenas llameantes cubrió el cielo y reemplazó a sus blancuzcas nubes de algodón por coberturas de ceniza. A partir de ese punto, se definía el territorio, entre los ejércitos del demente rey Sadgón y las fuerzas defensoras de Elaica comandadas por Tristán.

El último bastión se encontraba allí, y su ley era inquebrantable. Actualmente por ese lugar baldío por la tranquilidad se supone la muerte definitiva. Mientras las almenas se mantengan encendidas, otros colores y factores dominaran aquella región, donde la vida lucha de nuevo por expandir su existencia.

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