El Zángano XVII

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)
XIII. Bianca
XIV. Epítome I
XV. Eva
XVI. Eva (continuación)

Obras originales realizadas por mí

Sabrina

 
¿Quiénes son aquellos que osan llevarse los sentimientos sin consultar a los designios de una vida abatida? ¿Derribada por hechos circunstanciales que no cooperan y que devoran hasta dejar la esencia sin vestigios? ¿Me correspondería saber el motivo de tales fechorías si hago una reflexión de los últimos actos insólitos que han pasado ante mis ojos? No hay objeción en estas premisas en lo absoluto.

Mi madre siempre ha querido apartarme de los horrores desapercibidos y arraigados en nuestra familia, pero la maldad que lidera a nuestra estirpe ha subsumido cualquier rastro de libertad, convirtiendo nuestras vidas en jaulas custodiadas por la malicia y la miseria. Dentro de este marco me he encontrado rígido como una piedra, nunca tuve una opinión crítica sobre lo que acontecía a mi alrededor desde mi niñez, puesto que el entorno me parecía tan normal como una lluvia que cae de repente en medio del ardiente verano.

A mis veintiséis años he podido consignar una independencia completa en mi propio ser, alejándome de mi hogar natal luego de la muerte de mi madre. Llegué a parar en los interiores de una ciudad muy grande y activa, llena de personas enérgicas pero poco amables, con un estilo de vida en el que apenas pueden disfrutar con soltura los lujos de su humanidad.

En aquel enorme y laberíntico lugar, las personas deambulaban por los suelos sepulcrales como ánimas en pena sin voluntad. Mis andanzas me llevaron hacia un complejo de apartamentos que se veía más antiguo que la ruidosa ciudad y allí me instalé. Me vi con uno de los caseros, un hombre de mediana edad con ojeras que parecían bolsas a punto de estallar.

El fatigado hombre me mostró la única vivienda disponible que tenía en aquel fatídico sitio y yo, como no tenía mucho tiempo ni mucho dinero para seguir buscando, decidí aceptar el arriendo del espacio que el casero me ofrecía. Al principio estaba renegado en aceptar aquel lugar como mío, pero no pasaron dos días en que mi estadía y mi adaptación al entorno me conllevaran a verlo como un hogar.

El tercer día fue el principio de un camino al borde de lo desconocido, porque fue el día en que por primera vez, mis ojos se posaron en Sabrina; ella era la chica que vivía en el apartamento de enfrente, nuestras miradas no se habían cruzado los primeros días ya que mi vecina a veces pasaba días sin estar allí.

Sabrina vivía con su hermana, la cual, desde mi tiempo viviendo en este sitio, jamás había visto con claridad, su presencia era casi inexistente para mí, aquello era muy extraño, ya que por las historias que he escuchado de boca de los vecinos más afables me vino a la mente imágenes de una chica alegre y simpática. Una vez más, mi mente trastornó la realidad en base a la información.

Quizás lo que más me cautivó de Sabrina fueron sus enormes ojos cafés; algo muy singular tuvieron que me hicieron desvanecerme al segundo de fijarme en ellos, como si se tratara de un poderoso embrujo que impacta al momento de determinar un punto. Esa precisa marca era yo, y vaya que quedé desmoronado en instantes.

Muchas veces la he observado llegar, su manera particular de vestir me permitía identificarla a kilómetros de distancia; siempre usaba faldas que llegaban a sus rodillas. Utilizaba zapatillas negras, como de oficina, a donde quiera que fuera, portando una blusa blanca manga larga que se ajustaba a la delgadez de su cuerpo. Su cabello lacio y castaño, era como un destino hermoso y bello, en el que quería perderme con mi olfato hasta quedar inconsciente y estupefacto.

Y aunque la fisonomía de Sabrina me seducía, había algo en su forma de ser que no terminaba de convencerme por completo. Primero pensaba en su desapercibida hermana, aunque sabía que estaba ahí, nunca la veía, ¿por qué? Una incógnita más para mi serie de inquietudes. Se rumoreaba en el edificio que Sabrina maltrataba a su hermana, y no le permitía salir de su apartamento, una idea chiflada que parecía venir de vecinos chismosos que inventan historias sobre los demás, sin embargo, al principio pensé eso, pero luego comencé a analizar las cosas y verlas de otra manera.

Había una actitud que siempre me perturbaba, que cada vez que iba a visitar a Sabrina, no me permitía entrar a su casa, y del otro lado del portal con la puerta entreabierta, podía escuchar ruidos que emanaban de adentro del apartamento. Algo ocultaba aquella chica intrigante de naturaleza aparentemente desquiciada que estaba incitándome a investigar, no podía quedarme con solo la mera curiosidad, por lo que decidí permitirme a adentrarme a las cavernas de este caso tan perturbador.

Continuará…

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