Mitología de las palabras – Dédalo

Ilustración

Dédalo es una palabra proveniente de la mitología griega, referente al famoso arquitecto creador del laberinto del minotauro. Actualmente su significado se califica como un sinónimo de la palabra “laberinto” por lo que su definición podría emplearse con similitud.

Etimología

Dédalo viene del griego Δαίδαλος (Daidalos=Artista) del verbo daidallo (yo moldeo, yo trabajo con arte), de origen indoeuropeo que también puede llevar los términos: alisar, pulir y cortar.

Mitología

Dédalo fue un arquitecto que vivía en la ciudad de Atenas, pero fue exiliado por intentar asesinar a su sobrino Pérdix ya que sentía mucha envidia de él. De Atenas, pasó a la isla de Creta, convirtiéndose en vasallo del Rey Minos. Su obra más famosa ha sido el laberinto donde el monarca encerró al monstruoso minotauro, hijo de su esposa Pasífae y del dios Poseidón, como venganza por no cumplir el mandato que esta deidad le impuso al rey. Para mantener aislada a tan aberrante criatura, Minos ordenó a Dédalo a construir el gran laberinto, el cual comprendía una serie de interminables pasillos y muros tan altos que era casi imposible sobrepasarlos. Fue Dédalo quien le encargó a la princesa Ariadna, hija del rey Minos con su esposa Pasífae, decirle a Teseo que utilizara un hilo de lana roja al entrar al laberinto a medida que fuese avanzando, y después de asesinar a la bestia, pudiere encontrar la salida de nuevo. Después de darse cuenta de tal traición, ya que Minos quería ver a Teseo muerto, condena a Dédalo y a su hijo Ícaro a estar encerrados en el laberinto. Dédalo, desesperado por escapar de su prisión, se le ocurrió crear un par de alas para poder huir volando por los cielos. Utilizó diferentes plumas y las unió con cera para confeccionar las de él y las de su hijo, y las hizo más grandes que las dimensiones de sus cuerpos, pero antes de alzar el vuelo, Dédalo le advirtió a su hijo que no volara muy bajo porque podía caer en el mar, y ni muy alto porque el sol podía derretir la cera que unía a las alas, sin embargo, Ícaro no hizo caso al consejo de su padre y de la emoción voló tan alto como pudo, y como su padre había predicho, la cera se derritió destruyendo sus alas e Ícaro cayó al mar y falleció.

Arte sobre el mito

Fuente

Dédalo e Ícaro por Charles Paul Landon 1799.

Fuente

Teseo y el minotauro, detalle de crátera, 340-330 a. de C.

Fuente

El lamento por Ícaro por Herbert James Draper 1898.

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