El Zángano XIII

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)

Obras originales realizadas por mí

Bianca

 
Entre el raciocinio y aquello que pertenece a lo desconocido hay una brecha. Los seres humanos no hemos tocado siquiera los pies de esa vastedad. Nos dejamos dominar por emociones triviales como el miedo y no exploramos más allá de lo que debería ser corriente para nosotros, sin embargo, estas entidades intelectuales habitantes de aquel plano intangible, no nos permitirán ser admitidos a su territorio, pero ellos al nuestro si tendrán todo el derecho, si se los permitimos.

Bianca aprendió todo esto de la peor manera, aquel mal entró por sus párpados como un aire lleno de la más siniestra polución, empujando su cordura hacia el averno de la enajenación, pagando una condena que desventuradamente no le correspondía. Yo soy su médico, su cuidador y hasta su amigo, en todos estos días en que se aferra a la vida con languidez. Sentí suma lastima por ella, la cual nunca he sentido por muchos pacientes a mi cuidado. No podía creer que una joven tan hermosa y aun llena de virtudes pudiera estar sumida en tan decadente situación.

Bianca era de piel morena, de aspecto mulata. Su rostro ovalado y perfectamente simétrico cautivaba al compás con su mirada. Sus labios gruesos; definitivamente provocativos, miraba con filiación su boca, al mismo tiempo que sus ojos. Admito que sentí atracción por la muchacha, y tal efecto se convirtió en un sentimiento sobreprotector muy fuerte. Quería salvarla de la maldad que gravemente la ha golpeado y empujado al borde de la muerte.

En las noches la visitaba y le hablaba, ya que nadie más iba a verla. Bianca no tenía familia ni nada que se le parezca, deambulaba por el mundo sobreviviendo por sí misma, lo cual veía como algo admirable. La acompañaba siempre en mis guardias nocturnas y me regocijaba puesto que ella se alegraba por mi compañía. Le contaba historias y chistes sobre mi trabajo para hacerla sonreír, y le conseguía revistas y libros en los que estuviese entretenida cuando yo no esté.

En estos días dentro de esta habitación de hospital, se dijeron muchas palabras; las mías, eran simples e inocentes, pero al escuchar las de ella, al yo querer indagar con interés, escuché los vocablos más insólitos, terroríficos; que parecieron surgidos de una mente traumatizada que ha llevado una vida llena de emociones aparentemente turbulentas.

Aquellos conocimientos que cargaba, revolvían sus entrañas al empaparse de recuerdos. La conversación surgió con una introducción un tanto extraña, llena de sortilegios oscuros y dioses del abismo ultraterreno, que son solo agentes de una discordia caótica que recae en nuestro mundo. Las influencias manipuladas por estas deidades maléficas, son el resultado de un deseo de expansión hacia nuestra realidad, emigrando así mismo, parásitos que se alimentan de la vitalidad de los seres vivos y que encuentran cobijo en nuestros sentimientos más profundos y dañinos.

Uno de ellos, según lo que ella me relataba, se trataba de un ser hombre y zamuro a la vez, que levanta sus alas al ras del vuelo nocturno y etéreo, para buscar víctimas preferidas a su selección particular. Se cree que también las selecciona a petición de su invocador, y si esta criatura da el visto bueno, procede a atacar a la incauta hasta vaciarla por completo y desecharla a la fosa de la muerte.

Lo que Bianca me contaba como una historia de horror fantástico, conmocionó dentro de mí una corazonada mal vibrante, porque veía, que ella lo relataba con toda la verdad de su ser, y por ello, dejó de causarme escepticismo en cuanto a la estabilidad de su estado mental y pensé en traerle a un psicólogo para que le hiciese un diagnóstico inmediato. Sin embargo, mientras pensaba en aquello totalmente preocupado, también ponía atención en cada pavorosa palabra que emanaba.

Comenzó a hablar, finalmente, en la razón por la que ella había decaído gravemente y traída a este hospital. Según ella, y estas palabras no tenían sentido puesto que soy un hombre de ciencia, se trató de una exageración de sus conocimientos esotéricos, los cuales, puso en práctica para atraer algo de fortuna. Bianca en aquel momento estaba devastada, su vida no se dirigía a ningún rumbo y los planes que realizaba para subsistir estaban llegando a su fin. Encontró la calma a todo aquello que la acongojaba en rituales de relajación, y así mismo fue incursionando en la magia. Al ser una persona creyente en este tipo de discernimientos, comenzó a aplicarlos hasta recibir momentáneamente todo aquello que atraía, eso le daba paz por un tiempo, pero lamentablemente no era suficiente.

Comenzó a indagar más y adquirir conocimientos sobre todas esas ciencias ocultas, hasta que, sin pensar que aquello sería su ruina, se topó con una antigua letanía para clamar la presencia de un demonio, que tomaba las facultades de un sabio e insidioso brujo, quien a su vez, asolaba a sus invocadoras otorgándoles el beso de la decadencia. Pero estas intenciones las poseía bien escondidas, puesto que toda su personalidad al principio era un señuelo atractivo que avivaba el interés de ellas. Bianca ese día pensó que su vida iba a fluir para bien, sin embargo, la malignidad instalada en su ser, provocó la culminación de su nada favorable destino, siendo arrastrada con dolor por las aguas de un agónico cauce.

Bianca despertaba por las noches soñando que se quemaba, vociferando espantosamente los gritos más horrendos que sus vecinos pudieron haber escuchado jamás. También me contaba, que una vez despertó levitando a varios centímetros de su cama y que después fue azotada contra la pared con brusquedad por una fuerza desconocida. Al estar más o menos orientada por la situación en la que se encontraba, notó en ese momento que una figura la observaba, una entidad alta que utilizaba una máscara de cuervo o cóndor con orificios oculares oscuros como si de verdad no hubiera nada en ellos.

Se encontró totalmente espantada, en ese momento, no sabía que pensar; trató de recurrir a sus libros de esoterismo para encontrar alguna solución, pero aquella fuerza no se lo permitía y entre más resistencia ella imponía más dolorosa era su tortura. Fue a partir de ese momento que su salud se deterioraba constantemente y de una manera muy atroz. Estaba agotada con frecuencia y sus pesadillas se volvían cada vez más realistas, hasta que llegó a un punto, en que intentó cometer suicidio.

Mientras me relataba su historia, yo solo la escuchaba observándola con lástima, para mí entender, es una chica que ha sufrido demasiadas penurias en la vida a tan corta edad, su mente trastornada era ofuscada por ilusiones vividas que le provocaban el más agudo temor, y se desbordó en lágrimas al terminar de contarme todo su suplicio, quedándose casi sin aliento. A partir de ese momento sentí suma filiación por ella y me prometí ayudarla con todo lo que estuviese a mi alcance. Al ingresarla y tenerla bajo mi cargo, le hice varios análisis químico, para asegurarme de que no estuviera influenciada por algún alucinógeno, puesto que, aquella perturbadora anécdota parecía contada de alguien completamente desprendido de la realidad. Sin embargo, al obtener los resultados, no encontré ninguna anomalía en particular, lo que me dio a entender que la demencia de Bianca proviene de alguna falla psicológica.

De cualquier manera, yo la veía muy asustada, como si la hora de su muerte estuviera a punto de ocurrir. Colocaba mi mano sobre su cabeza y acomodé su cuerpo tembloroso en la cama para que estuviese más cómoda. Me pidió que no me apartara, que me quedara un rato con ella hasta que se durmiera, y no pude negarme. Se quedó callada todo el tiempo que estuve allí, pensando, y yo igualmente analizaba su historia con preocupación. Esperaré los análisis neurológicos para determinar si existe alguna falla en el cerebro de Bianca, mientras tanto, me quedaré a acompañar a esta pobre muchacha.

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