Elaica XVI. Ururthur

Ilustración

Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Ururthur

 
Mucho he mencionado en mis historias sobre la terrible región de Ururthur, de sus titánicas sabanas desérticas y estériles y de las criaturas silvestres y sanguinarias que habitan su suelo. Se encontraba muy al oeste de Elam, a casi mil kilómetros de distancia, separada del resto del continente por un gran muro reforzado de hierro y piedra que se extendía por todos el límite de la región, tal muro, fue ideado por los Antiguos del viento para resguardar que ninguna bestia o demonio lo traspasase, y construido por los Antiguos de la tierra, hecho de absoluta genialidad con el objeto de hacerlo impenetrable.

Durante la creación, Ururthur no era aquella tierra mancillada por la corrupción, fue el primer fragmento de Elaica creado por los Antiguos e iba ser el epicentro del mundo donde los humanos despertarían y se desenvolverían por primera vez. Un lugar paradisíaco especialmente propicio para la vida, con hermosas tierras fértiles para el crecimiento de las más hermosas flores y arboles dadores de los más ricos frutos, con ríos cristalinos y dulces para saciar la sed de los seres vivos que morasen allí, y con los paisajes más hermosos y acogedores que el hombre hubiera visto jamás. Ningún lugar de Elaica llegó a ser formado con la misma similitud, y los Antiguos se sintieron orgullosos de toda la beldad que sus manos crearon.

Se suponía que en Ururthur iba a estar establecida Elam, ya que su belleza iba al unísono de tan magnífica ciudad, pero aquellos planes, por desgracia, no llegaron a concretarse. La decadencia de Ururthur se debió a un mal desconocido que vino del propio universo (Unsi), y que llegó a Elaica en forma de una nube tormentosa que penetró en la tierra, matándola, hasta dejarla sin vida. Esto sucedió sin que los Antiguos se percataran de ello, puesto que estaban tan ocupados creando otras regiones en Elaica que no vieron aquella calamidad.

Durante aquel cambio atroz, la tierra temblaba y se abría, y de las cúspides de sus pequeñas montañas fueron formándose pequeños orificios que crecían con el pasar de los años, eran tan profundos, que eran como puertas de acceso al corazón de Elaica y de sus bocas expedían humo y cenizas, y fue así, como se formaron los múltiples volcanes de Ururthur, que proliferan toda la región. De dichos volcanes se cuenta, que fue donde surgieron los «Demonios», seres parecidos al hombre, pero con aspecto horrible, ojos de esmeralda y piel de bronce.

Estos demonios al principio, eran tontos y torpes y no tenían control sobre sus acciones, cazaban y se alimentaban de las diferentes especies del lugar, y vivían en cuevas negras que usaban como refugio para protegerse de las mortales tormentas de arena.

Las plantas se secaron poco a poco y se volvieron polvo, las colinas verdosas y arboleados valles fueron convirtiéndose en agrietadas tierras y bosques fantasmales que, con solo vislumbrarlos, provocaban espanto. Los animales que allí habitaban también fueron parte de la perversión y comenzaron a transformarse en bestias rapaces que destruían y devoraban a su paso todo lo que encontraban. Las criaturas de Ururthur no eran fáciles de matar, puesto que su piel era más dura que la de un escudo de acero, y su carne era áspera, repugnante e imposible de masticar, pero para estos demonios resultaba tierna y jugosa, puesto que la fuerza de sus mandíbulas era tan poderosa, que podían volver una roca añicos.

Las distintas especies que vivían en Ururthur eran de inmenso tamaño, desde peligrosos insectos malsanos que eran tan grandes como una casa o choza, hasta los temibles dragones de tierra escupidores de ácido, quienes se la pasaban en los volcanes alimentándose de la lava que de estos brotaba. Los Antiguos al darse cuenta miraron con pena en lo que se había convertido la bella Ururthur, y muchas lágrimas se escaparon de las cuencas de sus ojos al ver que todo el esmero y la belleza que habían puesto en aquella región se había perdido para siempre.

Para evitar que aquel mal se propagase, los Antiguos de la tierra construyeron el gran muro, el cual, ha sido custodiado por los fieros Antiguos del viento hasta que fue turno de los humanos. Aunque ha habido fallas de que algunas criaturas lograron traspasar el muro, ya que poseían distintas habilidades, como las arañas gigantes «Zekala», las cuales, podían saltar grandes distancias. Sin embargo, aun así, la paz y el desarrollo del hombre reinaron en el resto de Elaica durante toda la primera era.

Durante dicho periodo, la raza de los demonios poco a poco cambiaba, dejando su vida primitiva en cuevas para empezar a crear sociedades nómadas conformadas en clanes. Estos clanes eran autónomos entre sí, y estaban dirigidos por un líder guerrero imposible de persuadir. Estos grupos diferentes se enfrentaban entre ellos por la supremacía, ya que era su objetivo sobrevivir y el poder conquistar nuevas tierras, él que poseyese mayor territorio, era el que tenía más poder.

Innumerables batallas hubo en aquel entonces, y parecía que aquellas guerras jamás llegarían a su fin, hasta que hubo un clan tan poderoso, que doblegó poco a poco a los demás con bravura con el pasar de los años. Este era el clan de «Thars» de donde Khars, el maligno rey de Ururthur era descendiente. A medida que este clan iba conquistando, se hacía más grande e imponente, hasta que logró dominar los cuatro puntos cardinales de toda la región. Y una vez conquistado todo Ururthur, el supremo líder del clan Thars colocó a los demás clanes en la palma de su mano y todos le rendían tributo y pleitesía.

No fue sino el padre de Khars; Uhars, quien organizó a todos los clanes y construyó una ciudad echa de hierro en el epicentro de Ururthur a la que llamó «Sikhar», en donde se establecía el ahora desde entonces rey de Ururthur para gobernar con puño severo. Uhars dedicó su vida en reconquistar toda la región de los rebeldes que no lo querían como rey, y una vez hecho esto, prosiguió a ejecutar su plan de traspasar los muros que lo mantenían excluido de Elaica para así poder extender su reinado a todo el mundo, pero poco tiempo después, Uhars falleció, y sucesivamente su único hijo Khars, tomó el trono inmediatamente y continuó con el sueño de su padre. La tranquilidad en el resto de Elaica posteriormente se quebrantó, pero el hombre ya estaba preparado para la gran contienda, donde se alzaría en contra de la región infernal del oeste.

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