El Zángano V

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith

II. Judith (continuación)

III. María

IV. Alicia

Obras originales realizadas por mí.

Alicia (continuación)

 

17 de septiembre del 20…

La enfermera por fin había llegado después de soportar tantas horas de angustia, no tenía idea de la gravedad de la situación. Quizás anteriormente no era tanto así y Alicia se encontraba mejor, quizás —pensé— que fue mi presencia la que causó que su mal se alterara de una manera ya casi insostenible. Alicia no paraba de parafrasear repetidamente sobre cosas intangibles que aseguraba la rodeaban, y que además, querían secuestrarla a un mundo inhóspito e infernal.

La enfermera al verla quedó en estupor, preocupada por su delicada salud mental. Me preguntó si se estaba tomando los medicamentos y yo le dije que solo pude lograr que se tomara el de ayer, puesto que los rechazaba fingiendo que los ingería para luego regurgitarlos. Las palabras severas de la mujer me reprendieron y la culpa me hizo agudo daño, quería apartarme yo mismo de Alicia, porque sentía que no era una buena influencia para ella y la enfermera comenzó a exponer sus argumentos para que yo no me hiciese de nuevo cargo de ella, pero algo dentro de mí se alzó.

Le dije que me diera otra oportunidad, que por ser mi única hermana y la persona que más me importa ahora en este mundo me dejé llevar por sus engaños, era solo que… no quería seguir viendo a Alicia sufriendo nada más, pero que ahora, me volvería más estricto en cuanto a su salud.

La enfermera parecía que no me daba buen visto, sin embargo, aceptó. Me dio otra oportunidad para cuidar de mi hermana pero advirtiéndome de que sería la última. Le ayudé a darle los medicamentos de ese día a Alicia, quien estaba demasiado alterada en la esquina de la pared de la cocina. No dejaba de llorar y pedía clemencia a cada rato porque aquel ser, clamaba su alma con más intensidad. Le dimos los calmantes de dopaminas y antipsicóticos y luego la fuimos a acostar. Después de verificar que se había quedado dormida, la enfermera y yo nos devolvimos a la sala y comenzamos a hablar seriamente.

Cuidar de Alicia no era una tarea sencilla, la enfermera pensó que yo, por tratarse de su único familiar, ella sería más dócil en cuanto al tratamiento, y de que sus delirios fuesen más apacibles y menos imperiosos en su mente. Su esquizofrenia no iba en descenso, iba cada vez peor pero al menos se podía controlar, parecía que también afectaba su físico, puesto que se veía muy decadente. Sus ojos se veían cada vez más hundidos a causa de los insomnios, y su contextura estaba preocupantemente muy delgada, adornada por una apariencia más envejecida y paliducha.

Sentí alarmante preocupación por mi pobre hermana, era la única familia que me quedaba, ese día después de conversar con la enfermera, decidí poner todo mi empeño por recuperarla de las garras de la locura.

18 de septiembre del 20…

Esa noche tuve un sueño de lo más espantoso. No volví a tenerlo aun después del fatídico día, sentí muy dentro de mí después de haberlo experimentado de que se trataba de algún mensaje o premonición de una desgracia, maldito de mí por no haberlo tomado de tal manera. Soñé que estaba aquí dentro de la casa, sentado en el sillón de mi padre, y frente a mí, en el sofá de mi madre, se encontraba una figura siniestra y cubierta por un aura de negrura. Su rostro era blanco y con la forma de un buitre, los orificios de sus ojos eran enormes y vacíos. Portaba un sombrero gris y arcaico, quizás de los años cuarenta, el cual, hacía juego con su plumífera vestimenta oscura y ofuscada de suciedad, parecida a una gabardina.

Lo observé con detenimiento hasta darme cuenta con estupor y horror, lo que cargaba consigo. Sus larguiruchos brazos arropaban a mi hermana como si de una niña se tratara, y ella, parecía que se encontraba en el sueño más hondo y placentero, puesto que le gritaba clamando su nombre y ella no se inmutó en ningún instante. Aquel abominable y terrible ser, observó mi desesperación fijamente y alzó uno de sus nudosos dedos para señalarme. En ese momento mis ojos querían salirse de sus orbitas, intenté levantarme del sillón, pero no podía, parecía que estuve pegado a él; entonces, bajo el horror que me carcomía libré un espasmo con mis piernas y me eché para atrás y fue allí cuando desperté, sentí un helado hormigueo que iba desde las plantas de mis pies hasta mi sien, mi cuerpo sudaba y mi garganta jadeaba.

Temí por mi hermana, y fui hasta ella para ver cómo se encontraba. Abrí la puerta como un loco y la vi, aparentemente dormida. La vislumbré muy pálida y con la boca abierta. Tomé su pulso, para ver su estado, y para mi sorpresa no había nada. Su corazón no latía y sus pulmones dejaron de funcionar. Le apliqué primeros auxilios, intenté resucitarla varias veces, pero sin efecto alguno. Lloré junto a su cadáver varias horas hasta que decidí por fin llamar a la enfermera. Y esta me contestó con la angustia por los cielos.

20 de septiembre del 20…

La autopsia determinó que Alicia había tenido una sobredosis de medicamentos combinados con otros que no estaban recetados. No nos echaron la culpa a la enfermera y a mí, puesto que era un fármaco que Alicia ingería mucho antes de que su enfermedad mental fuese diagnosticada. Sufría fuertemente por esos delirios así que intentó automedicarse ella misma. Al final, concluyeron que la mala gestión y combinación de estos medicamentos causaron que su corazón se desplomara matándola al instante.

Mi pobre hermana… de haber sabido sobre la gravedad de su mal me hubiera ido hace mucho tiempo a cuidarla, las cosas pasaron tan rápido y ya he perdido a todos los seres que más he querido sobre la faz de la tierra. Aunque, no dejo de pensar en ese sueño que tuve. Alicia siempre habló de aquel ser que la acosaba y curiosamente, aquella entidad de misma descripción se apareció en aquella extraña pesadilla que tuve justo antes de su muerte, pero no lo sé… no quiero pensar ya más cosas perturbadoras, prefiero pensar que mi hermana ha muerto accidentalmente por una mala gestión de medicamentos, que creer que ha sido arrastrada a una dimensión fantasmal llena de torturas para ella.

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