Los niños de Lilith (Parte XIV)


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El desafío

 

La distancia hacia el fin se acortaba pero no el pánico que incrementaba conforme pasaba las horas. La adrenalina estaba en su punto más magnánimo mientras el tiempo era acechado por la incertidumbre. La luz y el calor abandonaron para siempre Caricao, mientras que aquél mal que imperaba siguiera allí, nada sería de nuevo como antes.

La Hermana Agatha sentía que el corazón se le iba a salir por la boca, al ser rodeada de voces extrañas e infantiles, y otras, que no parecían de niños, sino más bien de una bestia que maneja un lenguaje fonéticamente infernal.

De nuevo se encontraba en la misma posición, amarrada encima de lo que parecía ser una mesa de madera. No podía ver nada puesto que sus ojos estaban cegados por un paño rojo que los niños le colocaron. Temblaba eufóricamente con miedo a lo que venía, gemía de horror y rezaba porque Jonathan fuese a rescatarla y acabar de una vez por todas con el terrible tormento.

Los niños ya no hablaban el castellano como tal, sino que, comenzaron a hablar en una lengua extraña, para los oídos de la Hermana Agatha, no era una lengua de este mundo, quizás si del siguiente por conocer. Algo les hablaba, con una voz más profunda y carrasposa, y ellos le respondían usando el mismo tono y acentuación empleado en ese idioma maldito.

Fue entonces cuando su corazón se aceleró más, porque se percató que algo más había llegado al encuentro, algo inhumano que culminaría escatológicamente con el oscuro rito…

Jonathan llegó a Caricao, después de sentir que el alma se le iba a escapar del cuerpo por el miedo que sintió en aquellas catacumbas. Sacó su arma prevenido de cualquier cosa que pudiera encontrarse en el camino. Caminó entre la neblina que flotaba sobre las calles del maldecido pueblo, y preparó su mente con coraje y enfoque para no perder su rumbo.

De repente, escuchó voces extrañas que parecían provenir de la calle que circundaba con la que transitaba y decidió echar un ojo para investigar. Miró de reojo en una esquina y a lo lejos, vio una luz anaranjada, pero la neblina no le permitía identificar con certeza el origen del brillo.

Sostuvo la caja negra con el corazón de Asmodeus con fuerza, para no soltarla por accidente si algo llegase a impresionarlo demasiado. Dio pasos cautelosos, escondiéndose poco a poco detrás de las esquinas de las casas conforme avanzaba, para tener una mejor visión del lugar del hecho.

Escuchaba voces muy extrañas, que manejaban un idioma irreconocible para él. Estaba completamente seguro que eran voces de niños las que escuchaba, pero estas estaban distorsionadas y algunas de ellas hablaban en tonos guturales, como si se tratara de pequeños vástagos demoniacos comunicándose entre ellos, luego escuchó otra voz, más altiva y bestial, la cual lo espantó muchísimo.

Cuando por fin consiguió una posición que le permitió observar con mejor contemplación lo que ocurría, la impresión de lo que vio lo dejó casi sin palabras. Observó que en el epicentro se encontraba la Hermana Agatha, rodeada por una especie de aura luminosa anaranjada, sus ojos estaban cerrados, parecía que dormía plácidamente.

A su alrededor estaban los niños, quienes se encontraban en posición con las manos hacia abajo y los dedos extendidos. Uno de los niños guiaba el ritual, y frente a él, estaba la horrorosa criatura que vociferaba aquella espantosa voz. Una vez más, Jonathan la vio, era el mismo monstruo que se presentó en aquel erial durante el primer rito. Una figura negra, alta y femenina, parecida a un sátiro pero con las alas de un águila marrón miraba a la Hermana Agatha como si quisiera tomarla, el niño que guiaba el ritual hablaba con aquella bestia mientras esta gruñía alaridos agudos e hirientes al escuchar.

Jonathan tapó sus oídos con fuerza, atormentado por el estridente sonido. Pensó rápidamente porque sentía que a la monja no le quedaba ya mucho tiempo. Abrió la caja negra y sacó el corazón apretándolo con fuerza, luego salió de su escondite y con todas sus fuerzas gritó.

—¡Alto todos! —Vociferó con fuerza y valentía el agente Semprún.

En ese instante, todos dirigieron sus miradas a Jonathan, y éste, al ver los profundos y oscuros ojos del demonio se estremeció de pavor y dio dos pasos hacia atrás.

—Agente Semprún, que grato que viniera a nuestra sagrada reunión. —Dijo el niño líder, apartándose del lado de la Hermana Agatha y colocándose al frente de los demás.

—Muy desafortunado para usted, supongo que no tendremos otra opción que liquidarlo, ha visto ya demasiadas cosas.

Al terminar su oración, aquél niño líder y los demás sacaron navajas de sus túnicas y las portaron con fuerza, esperando el momento idóneo para atacar. Mientras, Jonathan se preparaba con su haz bajo la manga, decidido a salvar a la Hermana Agatha.

—No lo creo, —Dijo Jonathan con voz firme. —Ustedes van a retirarse de aquí, o si no haré que esto haga que todos sus diabólicos planes se vayan abajo. —Terminó alzando el corazón a la vista de todos.

Todos los niños, incluso la criatura demoniaca junto a ellos quedaron impactados ante tal revelación; en ese momento comenzó el desafío, y esta vez, Jonathan tenía que mover muy bien su jugada.

Continuará…


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