Aurora [Poema] / Aurora [Poem]

Ella levitaba con gracia entre las luces boreales de mi deseo. Yo desde la tierra, corría brioso entre espesos trigales tratando de seguir su paso. La ansiedad se transformó en una entropía tortuosa que me separaba a más kilómetros de distancia. Ella sin darse cuenta, sonreía alusiva por los efectos de aquella noche onírica. Los anhelos acuchillaban con más hiriente dolor, el placer se volvía nada en cada andar de mis cansados pies.

Sobre la marcha encontré una colina, que ayudaría a mi mente perturbada y caprichosa a llegar a las vestiduras de la amada etérea. Dominé la concentración con enfocado esmero, intentando dar un salto de fe hacia los brazos del amor y la pasión, pero cientos de alabardas infernales obstaculizaban con burla la culminación de mi afán. Y entoné muchas veces la canción de su nombre sin recibir ni una bella minuciosidad de su atención.

Solo me quedaba perseguirla por los campos, la tierra y por los mares. Hipogrifos de ira danzaban en los cielos evocando alaridos de lo que jamás podrá ser. La dama de las luces boreales huía en libertad a expensas de mi agobiado corazón. Sus giros eran bellos, graciosos y perfectos, admirados aquellos dementes abstraídos de la realidad. Finalmente encontré un firmamento de injurias que se abalanzó sobre mí, dejándome sin mi premio prometido.

Aun así, después de darme cuenta de mi decepcionante final, aún estaba absorto. Imaginé por horas atemporales congelado en una dimensión divina, el rostro, los infinitos cabellos y la vestimenta de la dama deseada, que ahora se pierde deambulando en su paraíso de destinos por encontrar.

She levitated gracefully among the boreal lights of my desire. I from the earth, ran wild among the dense wheat fields trying to follow his step. The anxiety was transformed into a tortuous entropy that separated me more miles away. Without realizing it, she smiled allusively at the effects of that oneiric night. Longings slashed with more hurtful pain, pleasure became nothing in each walk of my tired feet.

On the march I found a hill, which would help my disturbed and capricious mind to reach the vestments of the beloved ethereal. I dominated the concentration with focused dedication, trying to take a leap of faith into the arms of love and passion, but hundreds of infernal halberds hampered with mockery the culmination of my eagerness. And I often sang the song of his name without receiving a beautiful thoroughness of his attention.

I only had to pursue it through the fields, the land and the seas. Hippogriffs of anger danced in the heavens evoking screams of what could never be. The lady of the boreal lights fled in freedom at the expense of my burdened heart. His turns were beautiful, graceful and perfect, admiring those demented abstracted from reality. Finally I found a firmament of insults that pounced on me, leaving me without my promised reward.

Even so, after realizing my disappointing end, I was still absorbed. I imagined for timeless hours frozen in a divine dimension, the face, the infinite hair and the dress of the desired lady, that now is lost wandering in its paradise of destinies to find.


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