El Faraón viaja a Orión / The Pharaoh travels to Orion


«El universo no es sino un vasto símbolo de Dios.»

— Thomas Carlyle

«The universe is but a vast symbol of God.»

— Thomas Carlyle

El cielo se despeja para el acto merecido de vanagloria milenaria. El canto de las grullas hace eco desde las lejanas tierras más allá del antiguo Nilo. En los alrededores de la gran Keops; arquitectura divina otorgada por los dioses a los hombres, las chemaits interpretaban con sus sonoras voces la canción de la grata partida.

La gente común bailaba junto a las jebaits el ritmo santificado para el dios en la Tierra. Los astros se preparan para recibir en su territorio el tan esperado viaje, hacia el puerto estelar, único y de importancia para el hombre desde los orígenes de la humanidad; El puerto de Orión.

La melodía y los bailes no se detienen y retan al tiempo con alevosía, los sacerdotes preparan el arca sagrada de los antiguos, proveniente de un lugar a millones de años luz de nuestro planeta.

El sumo sacerdote se encargaba de la salida del Faraón, dirigiéndose a todo el pueblo que hace presencia esperando la ansiada travesía. —Que la gracia de Horus more en ti, y que las alas de Maat te lleven con bien a tu destino en las estrellas—, vociferó el sumo sacerdote bendiciendo la salida del divino monarca.

En ese instante, el Faraón, poderoso y glorificado, salió del palacio bañado por los más puros rayos del sol, enalteciendo su corona y su Nejej dorados. Transitó kilómetros a pie junto con su séquito de sacerdotes uab hacia los interiores de la gran pirámide de Keops. Miraba a su alrededor, al alegre pueblo, y hasta pudo jurar escuchar los gritos más lejanos de dicha que iban desde Karnak hasta Heliópolis.

Los dioses, bajaron de sus palacios célicos para contemplar mejor el bello escenario. Thot transcribía lo ocurrido consecuentemente con rapidez e inteligencia. Bastet y Hathor desplegaban sus conjuros para mantener la alegría entre la gente, y sus bailes y ovaciones se hicieron más hermosas.

El faraón ascendía por la gran pirámide hasta llegar a su cúspide donde Ra lo esperaba, y Khepri sostuvo el Sol para mejorar el paisaje. Las estrellas arribaron ante el pleno día, ansiosas por el gran viaje que estaba a punto de empezar.

Las constelaciones se juntaban, bailando circularmente por encima de la pirámide de Keops, creando un camino que abrió un umbral hacia el cielo. El Universo era contemplado por los los hombres en todo su esplendor por ese camino, maravillados por los distintos astros, luceros y cuerpos celestes que ocupaban los territorios siderales del cosmos.

Los sacerdotes prepararon la ancestral arca; transporte milenario de todos los Faraones de aquella antigua y sagrada civilización. El Faraón tomó su posición encima del arca, y alzó sus manos en señal de entrega a los faros estelares de Draconis y Orión. Las personas, incluso los animales observaron impactados el haz de luz que emanaba del umbral sobre la Gran Pirámide.

Las estrellas giraban y giraban cada vez con mayor velocidad, y los sacerdotes se inclinaban maravillados por el sagrado suceso. El puerto de Orión estaba listo para recibir a su huésped eterno, y el Faraón se preparó para navegar entre los astros.

La luz que rodeaba la Gran Pirámide comenzó hacerse más intensa y todos apartaron su mirada porque sentían que sus ojos se quemaban, excepto los dioses. En un parpadeo la luz y las estrellas desaparecieron, llevándose al Faraón y al arca junto con ellas.

La música y los bailes cesaron, los sacerdotes dieron su último rito antes de culminar la sagrada ceremonia, las personas se inclinaron y luego se levantaron mirando al cielo con esperanza y admiración. Los gatos desde los templos maullaban, dando sus buenos deseos para el Faraón, quien ahora camina sobre las estrellas y navega imperioso por las constelaciones.

The sky clears for the deserved act of millennial boasting. The song of the cranes echoes from the distant lands beyond the old Nile. In the surroundings of the great Cheops; divine architecture granted by the gods to men, the chemaits interpreted with their sonorous voices the song of the pleasant game.

The common people danced next to the jebaits the sanctified rhythm for the god on Earth. The stars are preparing to receive in their territory the long-awaited trip to the stellar port, unique and of importance to man from the origins of humanity; The port of Orion.

The melody and the dances do not stop and challenge the time with treachery, the priests prepare the sacred ark of the ancients, coming from a place millions of light years from our planet.

The high priest was responsible for the departure of Pharaoh, addressing all the people who are present waiting for the longed for crossing. —May the grace of Horus dwell in you, and may the wings of Maat bring you well to your destiny in the stars—, the high priest shouted, blessing the departure of the divine monarch.

At that moment, Pharaoh, powerful and glorified, left the palace bathed in the purest rays of the sun, praising his golden crown and Nejej. He traveled miles on foot along with his retinue of priests uab towards the interiors of the great pyramid of Cheops. He looked around at the merry town, and could even swear to hear the farthest cries of joy that ran from Karnak to Heliopolis.

The gods came down from their celtic palaces to better contemplate the beautiful scenery. Thot transcribed what happened consequently with speed and intelligence. Bastet and Hathor deployed their spells to maintain the joy among the people, and their dances and ovations became more beautiful.

The pharaoh ascended by the great pyramid until arriving at its peak where Ra waited for it, and Khepri maintained the Sun to improve the landscape. The stars arrived in broad daylight, eager for the great journey that was about to begin.

The constellations came together, dancing circularly above the pyramid of Cheops, creating a path that opened a threshold to the sky. The Universe was contemplated by men in all their splendor along that road, amazed by the different stars, stars and celestial bodies that occupied the sidereal territories of the cosmos.

The priests prepared the ancestral ark; Millenary transport of all the Pharaohs of that ancient and sacred civilization. Pharaoh took his position on the ark, and raised his hands in a sign of surrender to the star lights of Draconis and Orion. People, even animals, observed the beam of light emanating from the threshold on the Great Pyramid.

The stars spun and spun with increasing speed, and the priests bowed in wonder at the sacred event. The port of Orion was ready to receive his eternal guest, and Pharaoh prepared to sail among the stars.

The light that surrounded the Great Pyramid began to become more intense and everyone turned their eyes away because they felt their eyes were burning, except the gods. In a blink, the light and the stars disappeared, taking Pharaoh and the ark with them.

The music and the dancing ceased, the priests gave their last rite before finishing the sacred ceremony, the people bowed and then stood looking at the sky with hope and admiration. The cats from the temples meowed, giving their good wishes for the Pharaoh, who now walks on the stars and navigates imperiously by the constellations.


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