Abejas en extinción / Bees in extinction


«Nunca he encontrado un hombre de quien no haya aprendido algo.»

— Alfred Victor de Vigny

«I have never met a man from whom I have not learned something.»

— Alfred Victor de Vigny

Mi casa, ya no es un hogar. Mi casa, es un refugio de fantasmas. Mi casa, es el albergue del tormento.

Yo vivía con mis tres hermanos desde que la hecatombe cayó sobre el mundo. Vivíamos en la antigua casa de nuestros ya fallecidos padres, cerca de los últimos campamentos más cercanos.

Agatha perdió la cordura, se la pasa deambulando todo el día por los paisajes desérticos de esta región, transitando caminos perdidos repletos de animales muertos que se pudren.

Marisa todavía en las noches, llora por las flores de su jardín, pero su sollozo es ahogado por los gritos y disparos que se vuelven cada vez más frecuentes fuera de nuestra casa durante las madrugadas.

Orestes es el más valiente de nosotros, es el único con el coraje de ir a los campamentos a buscar la ración diaria de comida. No sé dónde hubiéramos estado ahora de no ser por su liderazgo.

Yo soy todo lo contrario, soy un cobarde sin remedio. Me la paso sumergido en mis libros intentando exiliarme a mí mismo de esta realidad escatológica.

Las ciudades se han convertido en nidos de carroñas, desoladas y ruinosas. Lo que antes eran valles floridos, ahora son zonas arenosas habitadas por campamentos de sobrevivientes, dominados por un grupo armado llamado “La Línea”.

Las brisas se volvieron vendavales que arrasaban para extender su dominio. El cielo siempre estaba nublado, y cuando llovía, caía un espesor negro y putrefacto, como la sangre coagulada.

Yo no comía la carne de los campamentos, puesto que se esparció un rumor de que aquello en realidad era carne humana, lo cual suena muy lógico, ya que no se ha visto ningún tipo de animal vivo por aquí en semanas.

Todo este mal que cayó sobre nosotros, comenzó cuando todas las abejas desaparecieron, y la degradación del planeta empezó a agudizarse a niveles más catastróficos. Ahora solo se escuchan los lamentos de las madres por sus bebés muertos.

Hoy, la tragedia se agravó aún más sobre mis hermanas y sobre mí. Orestes había salido junto con Marisa a buscar la ración de comida de hoy, pero algo salió mal. Solo Marisa había vuelto, sin nuestro hermano. Agatha no estaba, seguía perdida en su mundo de delirios.

Marisa estaba sin habla, le grité, interrogué, hasta le supliqué con desesperación sobre el paradero de Orestes, pero no recibí respuesta, más al ver sus ojos de angustia sentí una dolorosa verdad penetrando dentro de mi pecho.

Marisa, ahora llora en las noches por la muerte de Orestes…

My house is no longer a home. My house is a refuge for ghosts. My house, is the shelter of torment.

I lived with my three brothers since the hecatomb fell on the world. We lived in the old house of our now deceased parents, near the last closest camps.

Agatha lost her sanity, she spends all day wandering through the desert landscapes of this region, transiting lost roads full of dead animals that rot.

Marisa still at night, she cries for the flowers in her garden, but her sob is drowned out by the screams and shots that are becoming more frequent outside our house during the early hours.

Orestes is the bravest of us, he is the only one with the courage to go to the camps to look for the daily ration of food. I do not know where we would have been now if it were not for his leadership.

I am the opposite, I am a coward without remedy. I spend my time immersed in my books trying to exile myself from this eschatological reality.

The cities have become nests of carrion, desolate and ruinous. What used to be flowery valleys are now sandy areas inhabited by survivors’ camps, dominated by an armed group called «La Línea».

The breezes became windstorms that devastated to extend their dominion. The sky was always cloudy, and when it rained, it fell a black and rotten thickness, like coagulated blood.

I did not eat the meat of the camps, since a rumor spread that this was actually human flesh, which sounds very logical, since you have not seen any kind of animal alive here in weeks.

All this evil that fell on us, began when all the bees disappeared, and the degradation of the planet began to worsen to more catastrophic levels. Now you can only hear the mothers’ cries for their dead babies.

Today, the tragedy worsened even more about my sisters and me. Orestes had gone out with Marisa to find the food ration today, but something went wrong. Only Marisa had returned, without our brother. Agatha was not there, she was still lost in her world of delusions.

Marisa was speechless, I screamed, I questioned, I even pleaded with despair about the whereabouts of Orestes, but I did not receive an answer, but seeing her eyes of anguish I felt a painful truth penetrating inside my chest.

Marisa, now cries at night for the death of Orestes…


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