Una crónica de la demencia V / A chronicle of dementia V


«Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto.»

— John Donne

«No man is an island, something complete in itself. Every man is a fragment of the continent, a part of a whole.»

— John Donne

Ella caminaba sola por los pasillos de aquél edificio, abandonada, a merced de la enajenación. Perseguía la travesía de una ilusión que se convertía en su realidad dentro de su cabeza. Atravesó lugares plagados de luces tenues mientras se dirigía a su destino. Cayó poco a poco en el embrujo de una existencia traidora.

Los corredores de aquél hospital estaban desolados por las noches. Oriana creía que las voces que clamaban su presencia eran reales, pero todo era producto de su ya deteriorada mente. Una mujer tan joven y bella, destruida por la desesperación, corroída por la más engañosa maldad.

Caminaba sin mirar atrás para acudir a la voz que tanto la deseaba. Recorrió un pasillo de luces parpadeantes, y en el fondo, una puerta que conducía hacia las escaleras que iban a la azotea. Estaba nerviosa y dudosa de continuar. Antes de pisar el primer escalón se detuvo, cruzó sus brazos mirando hacia arriba pensando en sus dos pequeños niños. ¡Oh! ¿Quién cuidaría de ellos cuando ella no esté?

Sus ojos se llenaron de lágrimas y un recuerdo arribó con la fuerza de un titán sobre su espalda. Secó sus lágrimas y retomó la compostura para continuar. Al momento de subir las escaleras la voz que la llamaba retomó la dirección de su juicio. Promesas de una entidad pérfida que aprovechó el infortunio de Oriana para vigorizar su locura.

Alimentada por la melancolía, Oriana subsistió gracias al deseo de ser libre, pero a un precio muy alto. Al encontrarse en la cima de aquél edificio de hospital psiquiátrico, comenzó a tener una pérdida de todos los sentidos de su cuerpo, y no pasó mucho tiempo de que también su mente se sumara para complacer el capricho de aquella voz.

En irreversible estado de trance, Oriana ni siquiera miró al vacío cuando estuvo frente a él, hizo como si se dejara llevar por la inusitada irracionalidad. Alzó sus brazos y se entregó a la nada, cayendo desde las alturas, dejando atrás las ataduras de su conciencia. Oriana inconscientemente lo hizo deliberadamente, trastornada por el deseo de volver a ver a sus hijos.

She walked alone through the corridors of that building, abandoned, at the mercy of the alienation. He pursued the crossing of an illusion that became his reality inside his head. He crossed places plagued with dim lights as he made his way to his destination. He fell little by little into the spell of a traitorous existence.

The corridors of that hospital were desolate at night. Oriana believed that the voices that claimed her presence were real, but everything was the product of her already deteriorated mind. A woman so young and beautiful, destroyed by despair, corroded by the most deceptive evil.

He walked without looking back to go to the voice that wanted her so much. He walked down a corridor of blinking lights, and in the background, a door that led to the stairs that led to the roof. I was nervous and hesitant to continue. Before stepping on the first step he stopped, crossed his arms looking up thinking about his two little children. Oh! Who would take care of them when she is not there?

His eyes filled with tears and a memory came with the strength of a titan on his back. He dried his tears and returned to his composure to continue. At the time of climbing the stairs the voice calling her resumed the direction of her trial. Promises of a perfidious entity that took advantage of the misfortune of Oriana to invigorate his madness.

Fueled by melancholy, Oriana subsisted thanks to the desire to be free, but at a very high price. When he was at the top of that psychiatric hospital building, he began to have a loss of all the senses of his body, and it did not take long for his mind to join in order to please the whim of that voice.

In an irreversible state of trance, Oriana did not even look at the void when she was in front of him, she pretended to be carried away by the unusual irrationality. He raised his arms and surrendered to nothingness, falling from the heights, leaving behind the bonds of his conscience. Oriana unconsciously did it deliberately, upset by the desire to see her children again.


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