El secreto de los espejos / The secret of mirrors


«El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.»

— Alain

«The man who is afraid without danger, invents the danger to justify his fear.»

— Alain

Hay personas que creerán que soy un demente por mi temor a los espejos, piensan que ese pavor absurdo proviene de mi exasperante divorcio, o la perdida de mi hermano quien solo tiene hasta el día de hoy seis meses de muerto. No hay nada más equivoco que tales supuestas afirmaciones.

Mi eisoptrofobia es completamente justificada por una experiencia horrible que tuve en la casa que compré hace un par de años. Obviamente ya no vivo más allí, pero la serie de espeluznantes sucesos que viví en ese lugar me marcaron fuertemente. Compré aquella casa después de librarme de mi tormentoso divorcio, lo cual, fue como nacer otra vez.

La urbanización era tranquila, sin muchos niños correteando por las calles y molestando en las casas contiguas de la zona. No se veía mucha gente paseando por los alrededores, solo automóviles que salían y luego volvían al lugar. Aquella casa la convertí en un santuario para mi retiro, hubo solo una cosa en particular que no se me informó cuando la compré.

La casa estaba plagada de espejos por doquier, en la sala, en la cocina, en los pasillos, subiendo la escalera hasta el siguiente piso. Incluso en los cuartos había espejos tan enormes como el tamaño de una persona promedio. Al parecer el anterior dueño o dueña era un coleccionista, puesto que había una infinidad variada de marcos, tamaños y formas de espejos.

Algunos de ellos exhibían una notoria antigüedad, otros, eran de estilos más modernos y bien decorados. Era como entrar a un museo de reflejos artísticos, a donde quiera iba por la casa podía verme. Decidí conservar los espejos y también vender algunos de ellos, puesto que al comprar la casa automáticamente todo lo que yace dentro pasa a ser de mi propiedad, además, no necesitaba tantos.

Comencé a desenvolverme en aquél sitio que por un tiempo llamé hogar, desempacaba poco a poco mis cosas y tomaba fotos de todos los espejos para luego enviárselas a mi hijo, quien se encontraba estudiando en la Universidad de Santa Catalina cercana a esta ciudad. Al segundo día de habitar la casa, mientras desempacaba mis últimas cosas para guardarlas en el gran vestier de la habitación principal, empecé a sentir un repentino frío que se elevó poco a poco hasta mis oídos, fue bastante extraño puesto que había un calor de veintinueve grados y el aire acondicionado no estaba encendido.

Sentía una sensación extraña en mi estómago, como si lo estrujaran. Mire hacia atrás de mí y no pude avistar nada, me quedé tranquilo por un momento. Luego miré hacia delante de mí de nuevo y logré observar a través del espejo una figura blanca que caminaba justo detrás de mí. Aquello me disparó horrorizado y miré rápidamente hacia atrás, pero no había nada. Pensaba que solo era producto de la fatiga puesto que aquellos días estaba muy estresado entre la mudanza y el trabajo, así que ignoré aquél suceso.

Cuatro días después, a las seis de la tarde de un sábado, me dispuse a preparar la computadora de la sala para poder charlar con mi hijo un rato. Busqué un vaso con refresco y me senté frente a la pantalla esperando a que se conectara, nada anormal ocurrió mientras estaba allí, no obstante, cuando levanté la vista hacia el espejo que estaba detrás del monitor, vislumbré una figura masculina y pálida, como la de un anciano, de ojos negros y profundos, sin pupila aparente, mirándome con tremenda intensidad.

Di un brinco de mi silla y me volteo inmediatamente y, una vez más, no había nada. Esa segunda vez me puso más alerta, era demasiada coincidencia que aquello se repitiera. Cuando Daniel, mi hijo, por fin se conectó, le comenté sobre aquellos dos sucesos y por supuesto no me creyó, argumentando que todo eso era producto del cansancio y el estrés del divorcio.

Las apariciones manifestadas en los espejos no eran el único problema. Desde que vivía en aquella casa he tenido recurrentes sueños extraños sobre personas con vestimentas de épocas pasadas. No poseían rostro alguno y deambulaban de un lado a otro en una ciudad ruinosa y olvidada. Despertaba siempre bajo el manto horrido del mismo sueño, y mi cansancio se hacía cada vez más extenuante.

Tuve otras dos experiencias iguales manifestadas frente a los espejos, tan impactantes como las dos primeras, mi debilitamiento por aquellos hechos espeluznantes me hacían cada vez más débil y constantemente atormentado por la paranoia y el pánico. Daniel me recomendaba que abandonara aquella casa, puesto que no me hacía ningún bien seguir allí, se sentía muy preocupado de que mi estado de salud se tornara cada vez más febril.

Sin embargo, yo no podía desarraigarme con facilidad de aquél lugar, la mayor parte de mis ahorros los invertí comprando esa casa, además, era una buena zona cerca del centro y a diez minutos en auto hasta mi trabajo. No podía rendirme, así que cometí el persistente error de buscar una solución y seguir adelante.

Pensé, que todo se debía a los espejos, era lógico pensarlo puesto que las horribles apariciones se manifestaban a través de estos. No había otra forma o manera de detectar su presencia. Así que, en una lúcida idea, tomé un bate de béisbol, y comencé a romper los espejos con la esperanza de que eso acabase con la maldición que allí reinaba. Quebré cada uno de ellos con desenfrenada rabia, por soportar todo aquel condenado suplicio que me hicieron pasar.

Y terminada mi tarea al romper hasta el último de ellos, exhalé bocanadas de aire enormes con suma satisfacción. Observé los rotos cristales esparcidos por el suelo y una dicha de paz se alojó en mi pecho, sin embargo, aquello solo fue efímero. Mi corazón comenzó a achicarse al escuchar un crujir entre los vidrios, como si algo caminara sobre ellos. Aquél sonido se hacía más fuerte al mismo tiempo que el horror que me sofocaba, al no poder ver el origen del sonido.

Huí de aquél lugar y no volví. Mantuve la casa en venta desde entonces. Mandé a buscar todas mis cosas poco a poco. He estado viviendo en un pequeño departamento alquilado mientras se solucionaba mi situación financiera. Desde aquél día mi temor por los espejos o cualquier otro elemento que emita reflejo representa un mal augurio para mí, hay cosas… que de verdad no estoy dispuesto a volver a vivir.

There are people who will believe that I am a madman because of my fear of mirrors, they think that absurd dread comes from my exasperating divorce, or the loss of my brother who has only six months of death to this day. There is nothing more wrong than such alleged claims.

My eisoprothobia is completely justified by a horrible experience I had in the house I bought a couple of years ago. Obviously I do not live there anymore, but the series of horrifying events that I lived in that place marked me strongly. I bought that house after I got rid of my stormy divorce, which was like being born again.

The urbanization was quiet, without many children running around the streets and bothering in the adjoining houses of the area. There were not many people walking around, only cars leaving and then returning to the place. That house became a sanctuary for my retirement, there was only one thing in particular that I was not informed when I bought it.

The house was littered with mirrors everywhere, in the living room, in the kitchen, in the corridors, up the stairs to the next floor. Even in the rooms there were mirrors as huge as the size of an average person. Apparently the previous owner or owner was a collector, since there was a varied infinity of frames, sizes and shapes of mirrors.

Some of them exhibited notorious antiquity, others were of more modern and well decorated styles. It was like entering a museum of artistic reflections, wherever I went around the house I could see myself. I decided to keep the mirrors and also sell some of them, since when buying the house automatically everything that lies inside becomes my property, besides, I did not need so many.

I started to develop in that place that for a time I called home, I unpacked my things little by little and took pictures of all the mirrors and then send them to my son, who was studying at the University of Santa Catalina near this city. On the second day of inhabiting the house, while I unpacked my last things to keep them in the big vestier of the main room, I started to feel a sudden cold that rose little by little to my ears, it was quite strange since there was a heat of twenty-nine degrees and the air conditioning was not on.

I felt a strange sensation in my stomach, as if they were squeezing it. I looked behind me and could not see anything, I was quiet for a moment. Then I looked ahead of me again and managed to see through the mirror a white figure that was walking right behind me. That shot me horrified and I looked quickly back, but there was nothing. I thought it was just a product of fatigue since those days I was very stressed between the move and work, so I ignored that event.

Four days later, at six o’clock on a Saturday afternoon, I prepared to prepare the computer in the room so I could chat with my son for a while. I searched for a glass of soda and sat in front of the screen waiting for it to connect, nothing abnormal happened while I was there, however, when I looked up at the mirror behind the monitor, I caught a glimpse of a pale, masculine figure, like the of an old man, with deep black eyes, no apparent pupil, looking at me with tremendous intensity.

I jumped from my chair and turned around immediately and, once again, there was nothing. That second time it made me more alert, it was too much coincidence that it was repeated. When Daniel, my son, finally connected, I told him about those two events and of course he did not believe me, arguing that all of that was the product of the fatigue and stress of the divorce.

The appearances manifested in the mirrors were not the only problem. Since I lived in that house I have had recurring strange dreams about people with clothes from past eras. They had no face and wandered from one place to another in a ruined and forgotten city. I always woke up under the horrendous mantle of the same dream, and my tiredness became more and more strenuous.

I had two other experiences equal manifested in front of the mirrors, as shocking as the first two, my weakening by those creepy events made me increasingly weak and constantly tormented by paranoia and panic. Daniel recommended me to leave that house, since it did not do me any good to stay there, he was very worried that my state of health would become more and more feverish.

However, I could not uproot easily from that place, most of my savings was spent buying that house, it was also a good area near the center and ten minutes by car to my work. I could not give up, so I made the persistent mistake of looking for a solution and moving on.

I thought that everything was due to the mirrors, it was logical to think about it since the horrible apparitions were manifested through these. There was no other way or way to detect its presence. So, in a lucid idea, I took a baseball bat, and began to break the mirrors in the hope that it would end the curse that reigned there. I broke each one of them with unbridled rage, for enduring all that condemned torture they made me go through.

And when my task was finished by breaking every last one of them, I exhaled huge puffs of air with great satisfaction. I observed the broken crystals scattered on the floor and a bliss of peace lodged in my chest, however, that was only fleeting. My heart began to shrink when I heard a crackle between the windows, as if something was walking on them. That sound grew louder at the same time as the horror that suffocated me, unable to see the origin of the sound.

I fled from that place and did not return. I kept the house for sale since then. I sent for all my things little by little. I have been living in a small rented apartment while my financial situation was solved. Since that day, my fear of mirrors or any other element that reflects reflects a bad omen for me, there are things… that I’m really not willing to live again.


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