Mi primer viaje astral


«Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.»

— Gustave Flaubert

 

 

Las experiencias paranormales, solo las podemos percibir al gozar de un completo dominio de las actividades psíquicas de nuestro cerebro. Estas actividades nos permiten un acceso a las habilidades parapsíquicas que se encuentran más allá del porcentaje límite que poseemos sobre nuestro cuerpo.

 
Tal porcentaje, es solo el diez por ciento, pero si traspasáramos esa barrera, y domináramos por decir, el sesenta por ciento, entraríamos a una realidad alterna pero completamente acertada para poder explorar. Ese mundo ignoto y temible siempre ha tocado las puertas de mi ansiosa curiosidad, desde que estudiaba psicología en la Universidad, y más aún, después de haber leído el libro de William Buhlman, «Aventuras fuera del cuerpo».

 
Este libro ha marcado mi vida de poderosa manera, al darme las bases exactas para poder adentrarme a los terrenos de la dimensión astral. Realicé varias prácticas sumiéndome en extensos letargos, tal y como decía en el libro, hasta conseguir el resultado exitoso de la experiencia fuera de mi cuerpo. Los dos primeros intentos solo causaron un agotamiento extenuante en mí, pero el tercer intento me dio el efecto más que esperado.

 
Me vi dormido; plácido y tranquilo, mientras que con impresión daba mis primeros pasos fuera de mi cuerpo. Miré mis manos astrales con excitada euforia. Pensé en elevarme por los aires, pero no floté. Grité, para probar si podía escucharme, pero no me oía. Constantemente escuchaba un ruido, como ondas de radio, mientras avanzaba por aquél plano. Pensé en volar de nuevo, y me elevé a veinte centímetros del suelo. Fui hacia la pared y la atravesé, ya no andaba caminando, sino flotando.

 
Llegué a la sala, desplazándome por el pasillo. Fui hacia el espejo y me observé. Mi cuerpo estaba desnudo y emanaba destellos. Miré por la ventana de la sala y mi asombro se incrementó aún más. Vi luceros que se elevaban de la Tierra al Cielo, como atraídos a una galaxia imposible de describir.

 
Cuando pensaba que mis ojos no podían saturarse más de fascinación, todo comenzó a nublarse y de nuevo me encontré en mi cama con sobresalto, con una sensación de hormigueo en todo mi cuerpo, y pensando, en lo real que había sido todo lo que había vivido. Anoté todo en una libreta, posteriormente seguí teniendo experiencias casi sin esfuerzo, pero ninguna ha sido tan diáfana como la primera.

 



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