El pozo de los deseos (Poema #26)


Otro pérfido sentimiento tocó las ventanas de mi sosegada cordura. Manifiestos e insolentes engendros de la realidad, condensan la inmutabilidad de un horror incipiente. Me destapo de sábanas gruesas que me impiden acechar el anhelo por mi pasado. Vislumbré desde mi exiliada añoranza una oquedad apartada del resto del mundo.

Se decía que todas las aspiraciones de la vida acaban allí, para desvanecerse en un más allá metafísico e incomprensible. Me acerqué curioso y fisgón, en su interior observé excitado. Caí al fondo de su abismo con tremenda crueldad, y atisbé remanencias que hicieron añicos mi alma. Todos los deseos, desde ínfimos hasta colosales no se desvanecían allí.

Una idea me golpeó causando lágrimas en mis ojos, haciéndome comprender la terrible existencia de esta vida. El peso de las añoranzas de este pozo, ¡Oh, que terrible calamidad!

No debí caer en las fauces de sus mentiras. No debí furtivo querer entrañar en sus abisales terrenos. La melancolía me derribó, y el mundo no fue igual para mí.

No debí caer en el pozo, ¡que nefasta aseveración! Vi deseos, tan hermosos y tan puros, que flotarán, pero jamás se podrán desvanecer…



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