Una crónica de la Demencia XXIII

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A lo lejos, la niña vislumbraba al temible corcel, que exhalaba vapores verdosos y fluorescentes mientras expedía su podrido olor a muerte. La niña apretaba su muñeca con fuerza, mientras aquellos ojos brillantes escarlatas se acercaban a toda velocidad. Los chillidos de un relincho que penetraba en su alma la hacían retorcer de horror, pensó en ocultarse en el lugar más recóndito de su casa, pero no podía moverse de su posición; era como si su cuerpo embrujado esperara la llegada de aquel caballo espectral, dominado por un jinete que agita su vara de cuero al son del castigo que quiere provocar. La pequeña incauta intenta liberarse del hechizo, pero su cuerpo reprime toda necesidad de escape, convirtiéndola en la presa más dócil de un final fatal. Espera en la puerta de su hogar su mortal destino, con la luna de testigo y los astros infinitos pasmados por la aberración. Los agigantados pasos de una desgracia galopante, se acercaban con una celeridad ansiosa y frenética. Las garras del hado de la maldad aterrizan su vuelo, y la niña cierra sus ojos con espanto esperando el dolor del gran impacto sobre ella, pero, después de unos segundos, donde el pánico parecía ser eterno, se dio cuenta que todo transcurría con normalidad, e intacta estaba en la soledad de su habitación. Las ilusiones en su cabeza se disiparon, y el ambiente se tornó de nuevo agradable. Frida había olvidado su medicamento de nuevo, que le evitaba tener pesadillas despierta.

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Mitología de las palabras – Céfiro

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La palabra Céfiro se encuentra ausente en el lenguaje común, pero es muy usada en la poesía moderna con términos que hacen referencia al viento. Se describe como el aire que proviene del oeste y en expresiones poéticas a una corriente templada y agradable, con características suaves y que usualmente aparece en la estación de la primavera.

Etimología

Imagen de mi autoría

Este término viene del griego Ζέφυρος y posteriormente mencionado en el latín Zephyrus, aparentemente con la misma connotación. En la mitología griega, Céfiro era el dios del viento del oeste, hijo del titán Astreo y de Eos, la diosa del amanecer. Su equivalente en la mitología romana era Favonio (Favonius: “Favorable”) quien sostenía el dominio sobre las plantas y flores.

Se cree que la palabra griega Ζέφυρος deriva su significado de oȉѰω (Oipho: tener sexo), por lo que los antiguos griegos creían que el viento del oeste causaba embarazos. El céfiro se diferencia del bóreas, que es el viento del norte el cual es frío y violento. En los poemas, el bóreas es asociado con el invierno, mientras que el céfiro con la primavera.

Mitología

Con su viento suave y gentil, Céfiro contrarrestaba al venenoso y frío aire de Bóreas, su hermano. Mensajero de la primavera, se creía que vivía en una vieja cueva en Tracia. Se cuenta que Céfiro tuvo varias esposas, como la bella Iris, diosa del arcoíris, con quien tuvo a Poto, acompañante de Afrodita. También se casó con Cloris (Flora), a la que dio el dominio de los jardines, con ella tuvo a Carpo, diosa de las frutas. Cuenta el mito que compitió por el amor de Cloris, contra su hermano Bóreas a quien terminó ganando. También se relata que tomó de amante a la arpía Podarge, con quien tuvo a los caballos inmortales de Aquiles, Janto y Balio.

En otro mito, Céfiro estaba enamorado del joven príncipe espartano Jacinto, al igual que el dios Apolo, por lo que cayó en disputa contra él por el corazón del bello muchacho, pero al final, Jacinto termina eligiendo a Apolo. Céfiro es cegado por los celos y como venganza, mientras ambos practicaban el lanzamiento de disco, éste desvía el disco de Apolo golpeando la cabeza del atlético príncipe, causándole la muerte. De la sangre derramada de Jacinto, Apolo creó una flor que lleva el mismo nombre de su amante muerto.

En el mito de Cupido y Psique, Céfiro ayuda a Eros (Cupido) elevando a Psique por los aires hasta llevarla a su escondite. Céfiro era representado como un joven con alas de mariposa, como un hada; sin barba, semidesnudo y descalzo. Cubierto en parte por un manto sostenido por sus manos, del cual esparcía una gran cantidad de flores.

Arte sobre el mito

Fuente

Céfiro y Flora, por William-Adolphe Bouguereau (1875).

Fuente

El triunfo de Céfiro y Flora por Giovanni Battista Tiepolo (1696–1770)

Fuente

Céfiro y Cloris por Sandro Botticelli

Fuente

La muerte de Jacinto por Nicolas-Rene Jollain (1769).

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Elaica XVIII. Las sirenas de Naya

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Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Las sirenas de Naya

 
El mar Ofco es la extensión acuática más imponente de Elaica; separa a los dos grandes continentes albergando misterio en todo su ancho y profundo reino. Los seres que habitan allí están bajo el resguardo de los poderosos Antiguos de las aguas, quienes mantienen este ambiente bravo pero hermoso en completa armonía. Los nativos de las tierras exteriores mantienen un índice de respeto elevado a todas estas criaturas, y velan por una relación amistosa que conserve su estilo de vida.

A todos los Antiguos de las aguas se les debe mantener el respeto, en especial a las hermosas sirenas de Naya, las más activas que proliferan todo el vasto océano. Son las acompañantes de una de las Antiguas más poderosas y una de las primeras creadoras de este extenso territorio marino.

Llegaron después del surgimiento de los humanos, mucho antes de la conformación de las primeras tribus. Bajaron desde Unsi como todos sus otros hermanos Antiguos, pero decidieron quedarse en el mar, porque de todas las cosas bellas que se crearon en Elaica el agua fue para sus ojos lo más hermoso que pueda existir en el mundo, y así mismo, se convirtieron en acompañantes de Naya, la piadosa.

Tomaron desde entonces la imagen de su señora, la cual, comprendía una fisionomía que se caracterizaba por ser hermosas damas, con cabeza y hombros de mujer y cuerpo de medusa blanca marina. Aunque su aspecto promete aparente inocencia, se dice que son engañosas, traviesas y en muchos casos indiferentes ante las necesidades de los marineros. No se sabe con certeza cuantas son, sin embargo, se conoce el nombre de tres de ellas: Bride, la embustera, Selena, la enredadora y Carina, la insensible. Estas tres son muy conocidas, porque son las que más han tenido contacto directo con los hombres.

Se cuenta que tienen la habilidad de otorgar buena suerte, solo si ellas conceden su interés a los navegantes que atraviesan tranquilos el océano, aunque también, pueden causar daños irreversibles con solo su presencia. No obstante, la naturaleza de Naya es ambivalente a la de sus pequeñas vasallas, por lo que estas mantienen un bajo perfil al momento de realizar sus malicias. Varias de ellas han sido participes de los acontecimientos más relevantes en la historia del mar, como por ejemplo, la llegada de la séptima tribu a las tierras exteriores y el atestiguamiento de la construcción de la ciudad portuaria de Azziri, la cual, ha sido la que ha mantenido con más fortaleza la relación con estas Antiguas, ya que era la recomendación que los nativos de las tribus Zul’kuk les dieron.

No poseían otra función en particular más que ser las acompañantes de Naya, y también de ser sus informantes, porque la señora de la calma requería que el mar estuviese en completa concordancia, y mantener el equilibrio con sus otros hermanos. Las sirenas respetaban los deseos de su superiora, a pesar de que la naturaleza de todas ellas fuese discrepante, porque poseían espíritus que degustaban del engaño. Se dice que ellas provocaron mal de amores a muchos marineros, que cayeron en sus falacias dulces y en su hermosura radiante e indomable, como el mismo mar.

Muchas de ellas se divertían a costa de ello, incluso había quienes llegaban un poco más lejos de lo usual, y estas eran las que había mencionado anteriormente. Continuaron con este estilo de vida incluso después de la primera era del hombre, ya que ellas no obedecieron el mandato que profesaba la desidia de los Antiguos y su regreso a Unsi, para observar el desenvolvimiento de los humanos desde arriba. Ellas simplemente se quedaron viviendo en el mar, pero su señora si volvió a Unsi, puesto que era su deseo y, además, tenía a aquellas que cuidaba como si fueran sus hijas y le ayudaban a proteger la tranquilidad del océano.

Naya volvió a Unsi satisfecha, sabiendo que todo lo que amaba estaba en buenas manos. En efecto, le otorgó todo el control del mar a las bulliciosas y mentirosas sirenas, quienes retomaban sus aventuras con más poder ahora que no estaban supervisadas, pero esto no quería decir que abandonaron del todo sus tareas sagradas, al contrario, cuidaron con mucho recelo el territorio bajo su jurisdicción y el curso en el que iban las aguas. Ellas aún siguen jugueteando en el extenso reino Ofco, viajando con desenvolvimiento en toda su magnificencia sin preocuparse por lo que ocurría en el resto de Elaica.

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El Zángano IX

Ilustración

El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)
XIII. Bianca

Obras originales realizadas por mí

Epítome I

 
Las manzanas más jugosas brotan de los manzanares más grandes y vividos de la tierra. Las más codiciadas poseen una naturaleza inocente, que con complacencia uno se deleita con su sabor. Estas frutas de aspecto apetecible provienen de las cúspides inalcanzables del paraíso, custodiado por los seres celestiales que las resguardan con recelo. Sin embargo, existen seres insidiosos y astutos que fácilmente pueden evadir estas barreras, para así ansiosos poder clavar sus dientes como espigas en la superficie de estos rojos frutos.

A partir de aquí voy a explicarme mejor y hablar de una manera menos metafórica. Las manzanas representan a la candidez de mujeres que jamás han experimentado la peor de las penurias. Habitantes en un mundo cálido de ingenuidad, viven sus vidas como si el mundo no tuviera nada en contra de ellas, y es que, después de haber estudiado con mucha menudencia sobre este tema, ninguna ha sido participe de una crueldad que ellas hayan provocado.

El paraíso al que me refiero en mi introducción, hace relación al entorno donde ellas se encontraban, el cual, era un ambiente de normalidad en la totalidad de nuestra comprensión ordinaria. Los manzanares son el origen, el apoyo y el desenvolvimiento de sus vidas, y al ser arrebatadas de este, su destino es la defunción, ya sea por causas naturales o interrumpidas despiadadamente.
Los seres celestiales que resguardan estos campos, representan a los ángeles guardianes; sus ojos están vendados por sedas doradas, que solo les permiten sentir las presencias vivas a su alrededor y, a través de sus sentidos, detectar su pureza. Pero esta habilidad puede ser simplemente engañada por una estratagema de impiedad, al hacerse pasar por un ser benigno.

He leído mucho sobre ellos y sobre las desgracias que traen al mundo. Aunque no lo aparentan, son avariciosos, con un apetito voraz y una sed que sorbe hasta la última gota de vitalidad. Su apariencia siempre es fija al momento de hacer presencia, pero en el mundo tangible recurre a habilidades que le permiten cambiar su forma y hacer más efectiva su acechanza. Ellos pasan por encima de los guardianes, con disfraces fraudulentos que simulan inocencia; solo para buscar el más jugoso de los manjares y comérselo lentamente.

El aspecto de estas criaturas ha sido definido varias veces, y en todas las anécdotas recónditas que he buscado por el mundo arduamente, hacen repetidamente la misma referencia una y otra vez. Es una criatura que no posee como atributo el perdón. Su apariencia es la combinación de un hombre y un zamuro, con una sotana enorme decorada con plumas largas y ofuscadas de suciedad, con una máscara blanca que poseía una nariz puntiaguda como un pico, otorgándole una característica más resaltante sobre su fisonomía antropozoomórfica. Sus manos, larguiruchas y nudosas, eran como dos garras horribles con uñas negras en sus extremidades. Siempre cazaba de noche, puesto que era en esta estación del día en que sus víctimas soñaban y él tenía la destreza de introducirse en los sueños.

Nuestros sopores son lo más hermoso que poseemos, pero también pueden convertirse en un infierno. Esta influencia mantiene sumidas a las mujeres convirtiéndolas en un ente de perdición. Muchas de ellas vivían vidas normales sin nada distinto aparente, estaban remarcadas con ilusiones, vestidas con la más pura cotidianidad y personalidad transparente, un perfil apetecible, para aquél que las leyendas urbanas llaman «El Zángano».
La totalidad de mi ocio y de mi interés por el esoterismo, lo he dedicado a investigar todo sobre esta criatura tan singular. Aún es incierto para mí su interés únicamente por las mujeres, quizás es la misma naturaleza de ellas y su particularidad de emitir las emociones lo que despierta con demasía el interés de esta entidad. Aún me falta mucho por descubrir ciertas cosas sobre su siniestra presencia en nuestro mundo, comencé con los diferentes patrones que veía en las crónicas escritas que leía, pero todas siempre iniciaban de manera corriente hasta un terminar de forma trágica y mortalmente. Es mi deber seguir estudiando toda esta información para ver si puedo encontrar alguna debilidad, es mi prioridad ahora.

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Crónicas de la Demencia ilustrada

La demencia también tiene historias que contar, con situaciones de personajes desesperados por encontrar aunque sea un atisbo de claridad en la oscuridad que los rodea. Existen diferentes escenarios en los que se pueden encontrar y aquí los especificamos a todos.

La idea de esta serie de relatos surgió cuando leía muy tranquilamente en mi habitación sobre artículos de psicología. Estaba muy tranquilo recostado en mi cama frente a mi pequeña laptop mientras me informaba sobre patologías extrañas que han sido inspiración para el arte de horror. De repente, se me ocurrió escribir un cuento sobre uno de esos trastornos mentales, donde mis personajes fuesen la representación exacta de lo que quería demostrar después de adquirir todo ese conocimiento.

Al darle mi toque a mi trabajo, me pareció que esto radicaba más en la fantasía que en una objetividad científica. Esto es, porque quise exponer de manera lírica la vivencia trágica que mis personajes padecían. En cada escrito he visto evolucionar mi obra, y en cada una de mis correcciones he visto como cada transformación se convierte en un panorama de episodios retorcidos.

La literatura que estoy tratando de dominar, la hago con el objeto de que sea un escrito sin continuación, es decir, que mis historias tengan un principio y un final propio y que no sean cortadas en varias partes con una expectativa particular que las respalda.

Hace tiempo leía un autor que me recordó un poco a otro que leía mucho, se llama Robert Chambers, y aunque su literatura puede ser un poco anti señorial, su creatividad para el horror fantástico pareciera que proviniera de un libro de rituales cabalísticos, o de ocultismo negro. La ciencia de la psicología trata de explicarnos todas esas cosas, pero los artistas las convierten en expresiones artísticas.

De ahí surgió mi deseo de crear historias que expongan estos trastornos, cada uno con su singularidad que transmite interés en los lectores. Esta serie la seguiré haciendo porque es una de las que más me gustan y porque me ha ayudado en mi desenvolvimiento a este conocimiento fantástico. Espero que pueda introducirlos a este mundo y se impresionen con todos sus horrores.

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En los sueños se manifiestan nuestros deseos

Cuando despiertas después de haber tenido un sueño ínfimamente familiar, te preguntas en esos segundos de orientación lo siguiente:

“¿Por qué he tenido ese sueño?”

Tanto Platón como Freud decían que los sueños son una manifestación de nuestro “Yo interno”. Esta parte de nuestro ser representa a nuestros deseos más profundos. Muchos de estos designios no los conocemos directamente, se mantienen ocultos porque son cosas que reprimimos.

Nuestro ser interior (nuestro ser salvaje) es una bestia que goza de la libertad en su concepto más definido; un cúmulo característico de nuestra otra personalidad, que se encuentra dormida mientras estamos despiertos, pero, cuando nosotros nos dormimos, esta criatura intrínseca despierta hambrienta de anhelos.

Tales anhelos son lo que nosotros queremos, y ella los vive a través de paisajes quiméricos. Abrazamos éstas ilusiones viviéndolos con la mayor intensidad, mientras en el lugar de nuestro “Yo interno”. Esto entenderlo quizás sea un poco complicado, sin embargo, sentimos que es así solo que sin una explicación definida.

¿Cómo sé que eso que sueño es lo que deseo?

Quizás no es lo que desees, pero ciertamente es algo que te ha marcado con ímpetu, no importa que no sepas lo que es, en tus sueños solo lo verás de manera metafórica hasta que puedas descubrirlo.

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El gorrión azul [Prosa poética] / The blue sparrow [Poetic prose]

Ilustración

Versión en español

El príncipe fugado se enreda entre las lianas espinosas de una maleza insana. Bajo una lluvia invernal, respira las partículas de un rocío que baña su cuerpo inmóvil. Se despeja de situaciones destructivas conforme se sume en su momento de meditación. La razón por la que cae en este empíreo sortilegio, es la misma por la que las lianas no lo quieren soltar. Sus alas convertidas en adornos que solo se imponen en belleza, han llegado a evocar sus últimos sentimientos frágiles. Los sauces en el bosque lamentaban la suerte del príncipe, y oscilaban sus hojas una vez que el céfiro del alba otorgaba su impulso, para dar su ánimo al infortunado.

Unas rocas de río murmuraban mientras se aventuraban más allá de su hogar; observaron a las nubes frescas que pasaban indolentes ante los sucesos que en la tierra ocurrían. El gemido del prisionero alado despertó su curiosidad, y observaron con detenimiento aquella figura colgada entre perversas carceleras. Miraron por un rato apáticas ante aquel dolor, y continuaron su camino hacia lugares aún más distantes. Durante la noche los susurros no cesaban, y seres serenos de plata argentina, se hacían preguntas constantes referentes a la presencia del príncipe: ¿de dónde proviene aquel muchacho atrapado en las lianas? ¿De quién huía con tanto ardor hasta terminar en este cruel destino? Un gorrión que no puede volar ni ser libre desfallece hasta morir, cayendo presa de la más terrible amargura. La muerte no es el destino del gorrión, la libertad debe ser el curso de su vida, hacia la alborada.

English version

The escaped prince is entangled in the thorny thorns of a demented undergrowth. Under a winter rain, he breathes the particles of a dew that bathes his immobile body. He cleanses himself of destructive situations as he immerses himself in his moment of meditation. The reason why he falls into this empyrean spell is the same reason why lianas do not want to let go. Their wings, turned into ornaments that only impose themselves on beauty, have come to evoke their last fragile feelings. The willows in the forest lamented the fate of the prince, and their leaves wobbled once the zephyr of dawn gave its impulse, to encourage the unfortunate.

The rocks of the river murmured as they ventured beyond their home; they observed the cool clouds that passed indolent before the events that happened on earth. The moan of the winged prisoner aroused his curiosity, and they carefully observed that figure that hung between the perverse jailers. They watched apathetically for a while before that pain, and continued on their way to even more distant places. During the night, the whispers did not stop and the serene silver Argentines asked constant questions about the presence of the prince: where does that child come from in the vines? Who fled with such ardor to end in this cruel destiny? A sparrow that can not fly or be free faints to death, falling prey to the most terrible bitterness. Death is not the fate of the sparrow, freedom must be the course of his life, towards the dawn.

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Una crónica de la Demencia XXII

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«…era un demonio, una sombra, que vino por mí pero no me llevó esta vez…»

Leandro no podía creer lo que sus ojos observaban; su corazón quedó atascado en su garganta. Parecía en ese momento, que el demonio de la perturbación había poseído su cuerpo. Estaba paralizado, inmóvil, encadenado por la impresión, avasallado por una verdad alterna, que asoló la cúspide de su cordura con solamente un simple vislumbre.

Todo ocurrió en una tarde aparentemente normal, Leandro había llegado del reformatorio donde se encontraba su hijo. La visita a su descendiente le provocó esta vez uno de los dolores más agudos que ha podido sentir en su alma. Estaba indiferente, inusitado, disidente ante las palabras de cariño y consejo de su padre. Evocaba desprecio, un rencor bastante acentuado que emergido de su personalidad de repente. Su mirada fría no medía la avería que provocaba a su devastado progenitor. Las oraciones entre ambos fueron breves, pero enorme fue el suplicio para el pobre Leandro, el cual, no tuvo defensa alguna ante aquellas duras palabras.

Volvió a su casa después de quince minutos de incomodos momentos, con los ojos sangrando en lágrimas, y las manos vacías sedientas de siquiera un ápice de cariño. Llegó a su hogar esa tarde decaído por sentimientos infaustos y se sentó en su sofá en tono de desmayo, como si todo el peso del mundo fuese descargado en su cuerpo. Luego de unos minutos de pensamientos abisales, Leandro escuchó un ruido en su cocina. El cajón de los utensilios había sido abierto abruptamente, lo cual fue muy extraño, puesto que él ahora vivía solo. Se levantó y se dirigió a la cocina lentamente y temeroso, y al estar dentro de ella, no notó nada diferente al principio y sus nervios se calmaron un poco; no obstante, al mirar hacia atrás, vio a un individuo que se encontraba parada a espaldas frente al pobre Leandro.

Al contemplar a ese intruso, vestido de sotana gris, Leandro quedó suspendido por el pánico y su cuerpo parecía que no fuera a reaccionar. En ese mismo instante, y con rapidez, el extraño hombre dio media vuelta para revelar a su impactado incauto su rostro. Fue en ese momento, en aquel terrorífico minuto, en que Leandro al verlo solo quería gritar con todas sus fuerzas. El extraño hombre era; ¡idéntico a él! ¡Un doble! ¡Un espejo viviente!, Leandro no sabía ni que pensar en esa circunstancia, miró hacia abajo y notó que su contrincante igual a él, poseía un cuchillo enorme en su mano derecha. Intentó alejarse despacio, pero su enemigo comenzó a dar pequeños pasos hacia adelante en coordinación con él, hasta que, se quedó quieto por completo.

Al estar ambos completamente inertes, el siniestro doble alzó su brazo de repente donde portaba su enorme cuchillo, y en un movimiento amenazador, se abalanzó contra su gemelo con la intención de herirlo mordazmente. Leandro del susto se echó para atrás y cayó golpeando su cabeza contra el suelo hasta quedar inconsciente. Al despertar, miró a su alrededor medio desorientado, revisó todo su cuerpo para asegurarse de que no tuviese alguna herida causada por el filoso cuchillo, pero no había nada. Examinó el lugar, temiendo de que su malvado otro yo estuviese por allí, pero se dio cuenta después, de que ya no se encontraba en la casa. Leandro pensó que había cruzado sin saber por un umbral hacia la locura, quizás por la serie de emociones que tuvo ese día la causa de que su mente fabricara tan aterrador episodio. Sea lo que sea que haya ocurrido, lo marcó fuertemente, ya no era la tristeza su emoción más fuerte, porque ahora había sido destronada por el más imponente miedo.

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Mitología de las palabras – Cupido

Cupido (Amor)

Esta palabra comúnmente la relacionamos con el pequeño querubín dios del amor, que porta un arco y flechas, los cuales, utiliza para hacer que las personas se enamoren entre ellas, cuando están predestinado a estar juntas. Esta definición se encuentra en el diccionario de la RAE, junto a otra que usamos de manera más concreta actualmente:

1. Representación pictórica o escultórica del amor, en la forma de un niño desnudo y alado que suele llevar los ojos vendados y porta flechas, arco y carcaj.

2. Hombre enamoradizo y galanteador.

Fuente: Diccionario de la Real Academia Española.

Etimología

Cupido (llamado también «Amor» en la literatura latina) es el dios del amor en la mitología romana, hijo de Venus, diosa del amor pasional, la belleza y la fertilidad, y de Marte, dios de la guerra. Se le representa como un pequeño niño alado con los ojos vendados armado con un arco, flechas y aljaba. Su equivalente en la mitología griega es Eros.

Esta palabra es originaria del latín y una de sus características es que no ha sufrido ninguna variación o cambio al español. Este nombre con factor nominativo específico, fue el que le dio el poeta Virgilio, en la Eneida al hijo de Venus.

Las palabras que derivan de Cupido están relacionadas con el «deseo».

Cupiditas: Deseo vehemente, apetito, ansia, pasión.fuente

Cupidus: Deseoso, ansioso, apasionado, el que ama y desea con pasión.fuente

Mitología

Nacido de la unión de la belleza (Venus) y de la fiereza de la guerra (Marte), Cupido arribó al mundo como representación de un amor más inocente, distinto al amor carnal que su madre propaga en la Tierra.

Cupido nació en Chipre, como su madre, quien tuvo que esconderlo en un bosque para protegerlo de la ira de Júpiter, quien profesaba que el niño iba a traer un mal terrible para el universo, por lo que iba a destruirlo al nacer. En dicho lugar el pequeño dios fue criado por los lobos y a medida que creció y fue más habilidoso, creó un arco hecho con madera de fresno, y flechas hechas con ciprés. Posteriormente su madre le regaló un arco y flechas de oro. Dichas flechas poseían dos características ambivalentes, las de punta de oro tenían el poder de conceder el amor, mientras que las de punta de plomo otorgaban la ingratitud y el olvido en los corazones. Además, poseían la peculiaridad de que ni los hombres ni los dioses, ni su propia madre ni él mismo, fuesen inmunes a las heridas producto de estas flechas. La nereida Tetis, en el día de su boda con Peleo, obtuvo el perdón de Júpiter para Cupido, y la dicha de ser aceptado con los dioses patricios.

Arte sobre el mito

Fuente

Cupido durmiendo, por Battistello.

Fuente

Cupido fabrica su arco, por Parmigianino. 1534 – 1539.

Fuente

Cupido y Psique, óleo de François Pascal Simon, Barón Gérard, 1798.

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Elaica XVII. Selis y Pelcus

Ilustración

Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:

Obras literarias originales realizadas por mí.

Selis y Pelcus

 
De las historias de amor más hermosas que existen en Elaica, la de Selis y Pelcus se considera una de las más maravillosas, porque está llena de magia y sentimientos oníricos que han sido inspiración para los poetas destacados de Menomes. Esta historia no ocurrió brevemente y fue durante el transcurso de la primera era, cuando los Antiguos abundaban el mundo y asistían a los humanos hasta que estuviesen completamente preparados.

Selis pertenecía al grupo de las Silínides, seres análogos a las ninfas. Paseaba por los bosques junto con sus otras hermanas, ya que este conjunto era parte de los Antiguos de la vida, pero poseían un rango menor que el resto. Eran amigas de todos los animales, flores y árboles y su tarea consistía en la preservación de los bosques y de todas las criaturas vivientes que habitaban en ellos. Adoraban a Séminon, uno de los Antiguos de mayor jerarquía; adquirió la forma de un alce enorme y anciano, con astas tan prominentes y extensas que podían vislumbrarse a kilómetros de distancia.

Para una silínide, estaba prohibido abandonar el bosque al que era asignada, y a los animales que vivían allí. Pero Selis quebrantaba esta regla cuando podía o no se encontraba bajo supervisión, y sus pies corrían largas distancias llegando a pisar territorios lejanos. Tales lugares estaban habitados por aldeas adjuntas al mandato de la ciudad de Calirio y en sus cercanías se encontraban las minas Triscun, donde vivía Pelcus y otros Antiguos de la tierra.

Esta estirpe de Antiguos de bajo rango, vivían sumidos en la tierra por su extraño placer de crear joyas cada vez más preciosas. Se dice que utilizaban sus habilidades con mucha frecuencia y sin agotar sus energías, ya que su dedicación y curiosidad eran más impetuosas que sus cuerpos de piedra. Los aldeanos establecidos aledaños a estas minas estaban acostumbrados a los temblores y ruidos que éstos provocaban conforme empleaban sus experimentos, y evitaban de forma reglamentaria no acercarse a aquella zona.

Pelcus era uno de los más dedicados presentando joyas estrafalarias, era el que menos abandonaba la mina, pero un día, decidió salir porque se le ocurrió la idea de buscar nuevos elementos en lugares exteriores. Casualmente, mientras estaba en su búsqueda, se encontró a la hermosa Selis, quien iba paseando por allí buscando la causa del ruido que Pelcus y su grupo provocaban. Al verla de repente, él quedó completamente encantado, su piel irradiaba un brillo más bello que el ojo de cualquier joya, y su cabello dorado de algodón asimilaba la hermosura de una nube esplendorosa y radiante.

Selis corría a gran velocidad por aquella gran planicie y Pelcus la siguió. Sin percatarse de su presencia, se detuvo a la orilla de un pequeño río cerca de allí y se quedó embelesada observando el paisaje. Pelcus temeroso ante tan hermosa entidad, se ocultaba detrás de las piedras solo para apreciar a la encantadora ninfa. Pensaba, que ella podía espantarse al verlo, ya que los Antiguos de la tierra no tenían un aspecto agraciado, puesto que habían utilizado los diferentes elementos rocosos para formar sus cuerpos, por lo que el resultado fue una apariencia tosca y temible.

Al acercarse un poco más para percibir mucho mejor la belleza de Selis, éste hizo un ruido que provocó que ella fijara su mirada en su escondite, y al acercarse vio al pequeño Pelcus con ojos asombrados. Éste avergonzado por estar frente a ella, quedó paralizado y bajó la vista hasta que ésta se fuera, pero Selis se acercó hasta estar a una distancia considerable y extendió su mano presentándose afable ante la criatura de roca. Pelcus la observó con detenimiento y sintió algo más en su espíritu, no en su cuerpo, porque los Antiguos no poseían esa clase de facultades. Al contemplar el rostro amable de Selis, nació en él una incipiente filiación que fue creciendo rápidamente.

La confianza en ambos se entabló rápidamente y prometieron verse en aquél mismo punto con más frecuencia, pero no tanto como quisieran. Pelcus al no estar bajo el mando de algún Antiguo mayor, podía perderse de las minas e ir a cualquier lugar que él quisiera, no obstante, Selis no tenía tal privilegio, ya que era deber de las silínides custodiar los bosques. Sin embargo, cada vez que ella huir lograba, iba a encontrarse con Pelcus.

Pareciera que hubiera surgido de un chasquido el amor que ambos se profesaban, porque ocurrió más rápido que los segundos que transcurrían en Elaica. Cada vez que Pelcus iba a encontrarse con Selis, éste le llevaba obsequios; hermosas joyas, las cuales, estaba dudoso de llevarle ya que no se comparaban con la belleza de Selis. Ella emocionada por los regalos de Pelcus, se agitaba por la alegría, y terrenos floreados surgían a su alrededor. Constantemente paseaban hacia otros lugares y los demás Antiguos los veían y sonreían porque irradiaban la más magnífica felicidad. Las flores al estar cerca de Selis crecían y se abrían velozmente como si desbordaran de ellas las más indómitas energías.

Los aldeanos que vivían cerca de las minas Triscun conocían el amor que estos dos Antiguos se profesaban, y contaron historias que se esparcieron por todo el continente. Cada relato era más hermoso que el anterior, agregándole decorados que embellecían el afecto que esta pareja se tenía. Pero el fin de la primera era del hombre culminaba y, como estaba predestinado, los Antiguos debían abandonar Elaica para volver al espacio de Unsi y observar al ser humano desde allí y evaluar su vida sin su existencia. Al recordar tal allegado suceso, Selis y Pelcus se preocuparon y los invadió la tristeza, puesto que eso significaba que no volverían a estar juntos, sin embargo, en medio del llanto, planificaron su escape.

El plan de ambos era escabullírsele al destino, porque su amor era más grande que cualquier regla escrita impuesta para obedecer. Su presencia en Elaica no afectaba el desenvolvimiento del hombre, porque el fin de la primera era se caracterizaba por un ser humano independiente sin asistencia de los Antiguos. Selis y Pelcus se perdieron en distintas regiones, siempre juntos, indiferentes ante los distintos problemas que en el mundo había. Su amor siguió siendo una inspiración y un faro de luz, hasta en los días más grises.

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